Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
La proliferación de la inteligencia artificial en el tejido empresarial español ha dejado de ser una cuestión de despliegue para convertirse en un desafío de arquitectura y control. En un ecosistema donde la autonomía de las máquinas se acelera, la integración de agentes capaces de razonar y ejecutar tareas sobre datos sensibles plantea una paradoja para los directores de tecnología: la agilidad que prometen estas herramientas choca frontalmente con la opacidad de su ejecución. El crecimiento es exponencial y, según estimaciones de la consultora IDC, el volumen de agentes de IA operativos a nivel global superará los 1.000 millones en 2029. Esta cifra, que multiplica por cuarenta los registros de 2025, dibuja un escenario donde la supervisión humana tradicional resulta, por definición, insuficiente.
El riesgo de lo que ya se denomina como IA en la sombra no es una abstracción teórica. Se manifiesta cuando departamentos de una misma organización despliegan soluciones inteligentes de forma fragmentada, utilizando diferentes proveedores de nube y modelos de lenguaje sin una supervisión centralizada. La falta de una trazabilidad clara sobre qué agentes están operando, bajo qué permisos actúan o de qué fuentes de datos se alimentan, genera vulnerabilidades de seguridad y cumplimiento normativo que las empresas no pueden permitirse. En este contexto, Salesforce ha movido ficha con la ampliación de las capacidades de MuleSoft Agent Fabric, una propuesta técnica que busca actuar como el tejido conectivo y de control para esta nueva fuerza de trabajo digital.
La propuesta no se limita a un inventario estático. La introducción de los denominados Agent Scanners permite una detección automatizada en entornos heterogéneos, desde Salesforce Agentforce hasta Amazon Bedrock, Google Cloud Vertex AI o Microsoft Copilot Studio. Esta capacidad de descubrimiento transforma la gestión de IT, pasando de un modelo de registro manual, propenso al error y a la obsolescencia, a un sistema de visibilidad en tiempo real. Para un CIO en Madrid o Barcelona, esto supone la posibilidad de identificar que un equipo de logística ha activado un agente de previsión de inventario en una nube pública mientras el equipo de ventas utiliza otro en una plataforma distinta, unificando ambos bajo una misma capa de gobernanza.
La interoperabilidad se ha convertido en el campo de batalla principal. Salesforce ha reforzado MuleSoft Agent Fabric facilitando el registro de servidores basados en el Model Context Protocol (MCP). Este estándar abierto es crítico para garantizar que los agentes no queden confinados en silos tecnológicos. Al permitir que agentes personalizados se conecten de forma sencilla, la plataforma evita el secuestro tecnológico por parte de un solo proveedor, permitiendo que las organizaciones innoven en entornos multicloud sin renunciar a una única fuente de información fiable. Andrew Comstock, directivo de MuleSoft, señala que el éxito corporativo en la próxima década dependerá de la capacidad de aprovechar esta diversidad de ecosistemas manteniendo un control unificado. Es una visión que reconoce que el futuro de la IA empresarial no será monolítico, sino un ensamblaje de piezas especializadas que deben hablar el mismo idioma.
La arquitectura de esta solución descansa sobre tres pilares que alteran la forma en que los equipos de ingeniería interactúan con la IA. Primero, el descubrimiento automático no solo detecta la presencia del agente, sino que realiza una extracción avanzada de metadatos, identificando los modelos de lenguaje utilizados y sus permisos específicos de acceso. Segundo, el MuleSoft Agent Registry actúa como el catálogo vivo de estas capacidades, eliminando las lagunas de visibilidad que suelen aparecer en proyectos de gran escala. Finalmente, una herramienta de visualización avanzada permite a los analistas optimizar el uso de estos recursos, detectando redundancias o agentes que ya no cumplen con los estándares de eficiencia requeridos por la compañía.
Esta infraestructura busca mitigar la fricción operativa que suele acompañar a las innovaciones disruptivas. A menudo, las empresas se encuentran con que la inversión en IA se diluye en costes de integración o en la resolución de conflictos entre sistemas. Al centralizar el gobierno, se facilita la reutilización de agentes ya existentes, evitando duplicidades innecesarias. Un agente de atención al cliente desarrollado para un canal específico podría, bajo este marco, ser identificado y adaptado para funciones de soporte interno, optimizando el retorno de la inversión tecnológica. El ahorro no es solo monetario, sino de tiempo de desarrollo, un recurso cada vez más escaso en el mercado profesional español.
Sin embargo, la implementación de este tipo de capas de control plantea sus propias tensiones. Aunque la automatización del descubrimiento reduce la carga de trabajo de los equipos de IT, también exige una definición de políticas de seguridad mucho más granular. No basta con saber que un agente existe; es imperativo definir qué puede leer y qué puede decir en nombre de la empresa. La visibilidad unificada es una herramienta de poder para el administrador de sistemas, pero requiere una madurez organizativa previa en la gestión del dato para que el control sea efectivo y no se convierta en un cuello de botella para la innovación.
La hoja de ruta de disponibilidad marcada por la compañía sitúa el grueso de estas funciones en el mercado durante el inicio de 2026. Los escáneres para los principales proveedores de nube y el soporte para servidores MCP de terceros ya están operativos. Por otro lado, la capacidad de integrar agentes personalizados mediante URL se espera para el primer trimestre del año fiscal 2027, lo que indica que la construcción de este tejido de agentes es un proceso incremental. Esta cadencia de lanzamientos refleja una industria que está aprendiendo a construir la infraestructura al mismo tiempo que los usuarios finales descubren cómo utilizar las herramientas.
La transición hacia lo que se denomina la empresa agéntica redefine el rol de los profesionales del sector tecnológico. Ya no se trata únicamente de programar funciones o gestionar bases de datos, sino de orquestar entidades autónomas que interactúan entre sí. La seguridad, el cumplimiento y la eficiencia operativa dependen ahora de la capacidad de mantener una visión panorámica sobre una red que crece en complejidad cada hora. En este escenario, las herramientas que prometen orden frente al caos de la fragmentación multicloud se vuelven elementos estratégicos en la toma de decisiones de la alta dirección.
Queda por ver cómo responderá el mercado ante la estandarización de protocolos como MCP y si los competidores de Salesforce optarán por ecosistemas igualmente abiertos o por reforzar sus propios perímetros cerrados. La tensión entre la apertura tecnológica y el control de plataforma marcará el ritmo de adopción en las empresas españolas durante los próximos ejercicios. Mientras tanto, la integración de agentes en los procesos de negocio sigue su curso, dejando tras de sí la incógnita de cómo se comportarán estas redes de inteligencia cuando su número y su autonomía alcancen la masa crítica proyectada para el final de la década.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
