La digitalización de la economía española ha alcanzado un punto de madurez donde los objetivos de eficiencia ya no se discuten de forma aislada a la responsabilidad climática. Sin embargo, este consenso teórico se enfrenta a una implementación fragmentada. Según los datos recogidos en el informe De la planificación al progreso: la sostenibilidad impulsada por la IA en la práctica , elaborado por Ecosystm y encargado por Kyndryl y Microsoft, España presenta una de las mayores tasas de alineación estratégica entre departamentos, pero aún lucha por convertir esa sintonía en una capacidad operativa automatizada.
La transición hacia una gestión ambiental automatizada depende menos de la voluntad teórica que de la capacidad técnica para delegar la optimización de procesos en sistemas autónomos. Aunque la alineación entre los equipos de tecnología y sostenibilidad en España es elevada, la implementación real se enfrenta a la resistencia de integrar datos críticos en modelos de inteligencia artificial que gestionen el impacto en tiempo real. Esta brecha operativa separa a las organizaciones que se limitan a la elaboración de informes de aquellas dispuestas a permitir que la tecnología dicte las decisiones de eficiencia para garantizar la resiliencia a largo plazo.
En el mercado español, el compromiso con la sostenibilidad ambiental parece haber entrado en una fase de recalibración. Mientras que en 2024 un 89% de las organizaciones reportaba un mantenimiento o avance de sus objetivos , la proyección para 2025 se sitúa en un 60%. Esta cifra no sugiere necesariamente un retroceso, sino una visión más pragmática y quizá honesta sobre la complejidad de ejecutar programas de largo alcance en un entorno de incertidumbre económica. Pese a este ajuste en las expectativas generales, el papel de los equipos de TI ha ganado un peso específico inédito: el 78% de estos departamentos fomenta ahora la sostenibilidad en toda la empresa, duplicando casi el 40% registrado el año anterior.
Esta creciente influencia técnica encuentra su mayor respaldo en una cifra que sitúa a España por encima de la media global: el 90% de las organizaciones afirma que existe una gran alineación entre los equipos de sostenibilidad y los de tecnología. Es un dato contundente, pero encierra una contradicción operativa. Aunque los equipos hablan el mismo idioma, solo el 38% de las empresas aprovecha la IA de forma centralizada para fundamentar sus decisiones medioambientales. Existe, por tanto, una estructura de diálogo sólida que todavía no se ha traducido en una arquitectura de datos integrada.
La brecha entre la prioridad y la práctica
El análisis de las organizaciones españolas muestra que el 83% considera la sostenibilidad una prioridad estratégica fundamental. Es una declaración de intenciones masiva, pero cuando se desciende a la ejecución, el panorama se vuelve más matizado. Solo el 15% de las compañías ha logrado incorporar esta materia como un impulsor central de la innovación y la resiliencia a largo plazo. La gran mayoría, un 48%, se mueve en un terreno de iniciativas proactivas pero que aún no permean el núcleo del modelo de negocio.
Este desfase se explica, en gran medida, por los factores que impulsan la acción. El cumplimiento normativo y la mitigación de riesgos legales o reputacionales siguen siendo el principal motor para el 48% de las empresas. Aunque la reducción de costes operativos y la mejora de la eficiencia (47%) le siguen de cerca, la sostenibilidad sigue percibiéndose frecuentemente como un escudo ante la regulación más que como una espada para la competitividad. En este sentido, el informe clasifica al 67% de las empresas en España bajo un modelo «centrado en el legado», donde las acciones son mayoritariamente reactivas y la sostenibilidad se trata como una tarea de cumplimiento desconectada de la cultura diaria. Solo un 8% ha alcanzado un estado de «integración», donde los objetivos ESG forman parte del ADN del negocio.
El ROI como catalizador de la aceleración
Uno de los cambios más significativos respecto a ejercicios anteriores es la visibilidad del retorno de inversión (ROI). El 54% de las organizaciones españolas que aceleraron sus iniciativas el año pasado lo hicieron gracias a la presentación de un caso de negocio más sólido y oportunidades claras de ingresos. La dificultad para medir el impacto sigue siendo un obstáculo para el 43% de los directivos, pero la evidencia de beneficios financieros está empezando a inclinar la balanza.
Actualmente, las empresas están obteniendo beneficios económicos tangibles en áreas específicas:
- Eficiencia operativa: El 80% ha logrado reducir costes mediante el aumento de la eficiencia.
- Mercado y Clientes: Un 60% utiliza la sostenibilidad para atraer y retener clientes.
- Innovación: El 48% reporta mejoras en el diseño de productos y procesos innovadores.
- Nuevos ingresos: Un 47% ya vincula sus políticas ambientales con el lanzamiento de nuevos productos o la entrada en nuevos mercados.
Curiosamente, solo un residual 3% afirma no percibir beneficios financieros de su agenda de sostenibilidad. Esta percepción positiva es la que está permitiendo que la inversión tecnológica deje de verse como un gasto general para entenderse como una palanca de optimización.
La IA agéntica y el futuro de la acción autónoma
El estudio destaca que España está adoptando una posición de vanguardia en el uso de herramientas avanzadas. Mientras que a nivel global la adopción de la IA agéntica —sistemas capaces de actuar con autonomía para cumplir objetivos específicos— se sitúa en el 30%, en España este porcentaje sube al 38%. Este tipo de inteligencia artificial no se limita a analizar datos pasados, sino que puede, por ejemplo, ajustar de forma autónoma el consumo energético de un centro de datos o reconfigurar rutas logísticas para minimizar emisiones sin intervención humana constante.
A pesar de este liderazgo temprano, el camino no está exento de fricciones técnicas. El 72% de las organizaciones ya realiza un seguimiento centralizado de parámetros ambientales , pero solo la mitad utiliza realmente esos datos para orientar sus decisiones. El resto sigue atrapado en la fase de elaboración de informes. Los retos son profundos y de naturaleza estructural: la integración de datos de sostenibilidad con otros sistemas internos es el principal obstáculo para el 58% de las empresas , seguido de la dificultad para recopilar información relevante de múltiples fuentes internas (53%).
Pese a que la gobernanza de datos es un cuello de botella, la confianza en la IA predictiva es creciente. El 52% de las organizaciones se centra ahora en anticipar riesgos climáticos para sus activos , casi el doble que el año anterior. Esta transición hacia una mentalidad de previsión sugiere que la sostenibilidad está dejando de ser una foto fija del pasado para convertirse en una variable crítica del planeamiento financiero.
Sin embargo, el liderazgo en la toma de decisiones tecnológicas aún no refleja plenamente esta integración. Solo el 30% de los líderes de sostenibilidad ocupan un cargo formal en el gobierno de TI. Esta ausencia en las mesas donde se deciden las inversiones estratégicas y la modernización de infraestructuras podría explicar por qué, aunque el 90% de los equipos se sienta «alineado», la sostenibilidad sigue siendo considerada una cuestión secundaria en los procesos de selección de tecnología para una parte importante del tejido empresarial.
El escenario que se abre para 2026 en España es el de una consolidación necesaria. La infraestructura de colaboración entre departamentos ya existe y la percepción del valor económico está asentada. El próximo paso crítico reside en la capacidad de las organizaciones para limpiar y unificar sus silos de datos, permitiendo que la IA agéntica pase de ser un proyecto piloto a un estándar operativo. La incógnita reside en si la velocidad de esta transformación técnica será suficiente para cumplir con las crecientes exigencias regulatorias europeas o si, por el contrario, la brecha entre la alineación de los equipos y la integración real de los datos acabará frenando la competitividad de las empresas españolas en el mercado global.
