Tras un 2025 marcado por la exploración de las capacidades de la inteligencia artificial generativa, el sector de las telecomunicaciones se prepara para un cambio estructural en 2026. El foco se desplaza hacia la IA agéntica, un modelo más autónomo y operativo que promete transformar no solo las operaciones de red, sino también la arquitectura empresarial de los proveedores de servicios.
La transición no es meramente tecnológica. Según Hanen Garcia, Arquitecto jefe de Telecomunicaciones en la Oficina del CTO de Red Hat, el paso a la IA agéntica implica una reconfiguración profunda de los sistemas: entidades de software capaces de razonar, planificar y ejecutar tareas complejas sin intervención humana constante. Esto permite avanzar hacia redes auto-configurables y auto-curativas, reduciendo significativamente los costes operativos y la dependencia de la supervisión manual.
Este salto coincide con la adopción generalizada del 5G standalone (SA), que sustituye al modelo non-standalone aún dominante en 2025. El despliegue de 5G SA no se limita a mejoras de velocidad. Su importancia radica en la capacidad de crear redes segmentables, programables y más seguras, lo que habilita casos de uso industriales más sofisticados y una mayor integración de redes no terrestres (NTN), como los servicios directos a móvil (D2C) y directos a dispositivo (D2D). Estas iniciativas, impulsadas por alianzas estratégicas anunciadas el año anterior, consolidan un ecosistema más amplio y menos dependiente de la infraestructura terrestre tradicional.
En paralelo, los proveedores de servicios buscan revertir la tendencia a la comoditización del sector. La estrategia pasa por priorizar la inteligencia sobre la infraestructura física, utilizando sistemas multiagente (MAS) para redefinir la relación con el cliente. A diferencia de los modelos anteriores, donde la IA se limitaba a resumir información, los agentes agénticos pueden gestionar interacciones complejas y dinámicas de forma autónoma. Esto abre la puerta a una atención al cliente más contextual, continua y menos fragmentada.
La evolución hacia redes autónomas también se refleja en el despliegue de redes basadas en intenciones. Estas infraestructuras permiten traducir objetivos empresariales en acciones operativas en tiempo real, acercando a los líderes del sector a niveles de autonomía 3 y 4, mientras que la mayoría de los operadores se moverán entre los niveles 2 y 3. Este enfoque no elimina la necesidad de supervisión humana, pero sí redefine su papel: de operador a supervisor estratégico.
La infraestructura digital también se adapta. Las CSP AI factories, concebidas como fábricas de IA para operadores, ganan protagonismo. Estas instalaciones permiten automatizar el desarrollo y despliegue de aplicaciones de IA a gran escala, aprovechando activos ya existentes como centros de datos y redes de fibra. Además, se perfilan como un elemento clave en la oferta de soluciones de nube e inteligencia artificial soberanas, con servicios de GPU y modelos como servicio (MaaS) que garantizan la residencia de los datos dentro de jurisdicciones específicas. La soberanía digital, especialmente en el ámbito B2B y gubernamental, se convierte así en un factor competitivo.
El enfoque abierto cobra relevancia en este contexto. Según un estudio de Red Hat, el 92% de los responsables de TI e IA en EMEA consideran el software empresarial de código abierto como esencial para alcanzar la soberanía tecnológica. Este tipo de soluciones facilita la transparencia, el control y la portabilidad, aspectos cada vez más valorados en un entorno regulatorio en evolución.
La mirada hacia el futuro no se detiene en el 5G. Los proveedores de servicios ya están optimizando su infraestructura para acelerar la investigación en 6G, con especial atención al espectro de terahercios (THz), que podría habilitar rendimientos ultra altos en los próximos años. Esta anticipación tecnológica requiere una reorganización interna: desde la formación de equipos en gobernanza de IA hasta la consolidación de aplicaciones heredadas y modernas en plataformas nativas de la nube. El objetivo es reducir costes, mejorar la utilización del hardware y escalar de forma más eficiente en todos los niveles, desde TI hasta el edge.
Aunque la autonomía total sigue siendo un horizonte, el giro hacia la IA agéntica y las redes programables marca un punto de inflexión. La industria ya no se limita a automatizar tareas: empieza a delegar decisiones. Y eso, más que una evolución técnica, implica un rediseño del papel que juegan los operadores en la cadena de valor digital.
