La inteligencia artificial autónoma, el auge del cómputo de alta densidad y la consolidación del ERP como núcleo operativo marcan el eje de las diez tendencias tecnológicas que, según SEIDOR, definirán el rumbo empresarial en 2026. La consultora tecnológica, con sede en Barcelona, ha presentado su análisis anual con una proyección que sitúa a la IA como fuerza transversal, capaz de reconfigurar desde la infraestructura hasta los modelos de negocio.
La primera de estas tendencias apunta al despliegue progresivo de la IA agéntica, es decir, sistemas con capacidad para ejecutar tareas de forma autónoma dentro de límites definidos. A diferencia de los asistentes actuales, estos agentes podrán interactuar con APIs, bases de datos o incluso con otros agentes a través de protocolos como A2A. No obstante, SEIDOR subraya que esta autonomía será parcial y gradual: los procesos críticos seguirán bajo supervisión humana, especialmente en sectores regulados o de alto riesgo.
En paralelo, el ERP tradicional evoluciona hacia un modelo activo. La incorporación de IA en estos sistemas permitirá automatizar flujos de trabajo internos, como la gestión de inventarios o la contabilidad, reduciendo la intervención manual. Según SEIDOR, esta transformación no implica eliminar el factor humano, sino reorientarlo hacia tareas de mayor valor añadido. La consultora ya colabora con proveedores de ERP para integrar agentes que detecten anomalías y actúen bajo parámetros predefinidos.
La tercera tendencia gira en torno al acceso a capacidades de cómputo masivo. La adopción de IA exige una infraestructura que supere las limitaciones de los sistemas heredados basados en CPU. La transición hacia arquitecturas híbridas, con mayor protagonismo de aceleradores como GPUs o NPUs, se convierte en una condición técnica para ejecutar modelos avanzados. En la práctica, esto se traduce en una mayor dependencia de servicios cloud especializados en cómputo intensivo.
La gobernanza adaptativa de la IA, agrupada bajo el marco AI TRiSM (Trust, Risk and Security Management), se perfila como un factor determinante. En un entorno europeo marcado por la inminente aplicación del AI Act, las organizaciones deberán equilibrar innovación y cumplimiento. La Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA) ya ha comenzado a publicar guías para facilitar esta transición, aunque persisten dudas sobre la flexibilidad real del marco normativo frente a otros bloques geográficos más permisivos.
En ciberseguridad, la respuesta manual pierde eficacia ante ataques cada vez más automatizados. SEIDOR anticipa un cambio hacia defensas predictivas basadas en IA, capaces de actuar a “velocidad de máquina”. Este enfoque no elimina al analista humano, pero sí redefine su rol: de la gestión táctica a la supervisión estratégica. La automatización se convierte en una necesidad operativa más que en una opción tecnológica.
La gobernanza federada de datos, impulsada por la fragmentación normativa y la necesidad de compartir información sin perder control, gana terreno. Este modelo permite colaborar entre organizaciones sin centralizar físicamente los datos. Sobre esta base, emergen entornos como los “Agentlakes”, donde múltiples agentes de IA interactúan con datos distribuidos de forma segura. La idea es reducir silos y mitigar la dependencia de proveedores únicos.
La especialización de la IA es otra línea clara. Frente a los grandes modelos generalistas, las empresas optarán por Small Language Models (SLMs) entrenados con datos propios y terminología sectorial. Este enfoque no solo mejora la precisión y reduce las alucinaciones, sino que también disminuye el consumo energético. En sectores como la medicina o la ingeniería, esta especialización permitirá acelerar procesos de I+D con métricas de eficiencia más tangibles.
En cuanto al modelo de consumo de software, SEIDOR observa una evolución hacia el “service as software”. Más allá del SaaS tradicional, las empresas empezarán a pagar por resultados concretos (como un informe generado o un código revisado) en lugar de por licencias o usuarios. Este cambio podría alterar los modelos de negocio de los proveedores y la forma en que las empresas valoran el retorno de la inversión en software.
La arquitectura composable se presenta como habilitador técnico de muchas de estas transformaciones. Basada en módulos funcionales intercambiables, permite construir sistemas flexibles donde los agentes de IA pueden orquestar capacidades de negocio de forma dinámica. Esta modularidad, según SEIDOR, es clave para integrar IA sin necesidad de sustituir completamente los sistemas existentes.
Por último, la sostenibilidad tecnológica se convierte en un KPI operativo. La paradoja de la IA —optimiza procesos pero consume muchos recursos— obliga a adoptar prácticas de GreenOps. La eficiencia energética deja de ser un objetivo secundario para convertirse en una decisión estratégica, tanto por presión regulatoria (como la directiva CSRD) como por responsabilidad corporativa. El uso de chips más eficientes y la optimización de modelos serán factores decisivos en este equilibrio.
El informe de SEIDOR no solo traza un mapa de tendencias, sino que también refleja las tensiones estructurales que enfrentan los CIO: autonomía frente a control, eficiencia frente a sostenibilidad, innovación frente a regulación. En ese cruce de fuerzas, la tecnología deja de ser un mero habilitador para convertirse en el terreno donde se juega la competitividad futura.
