Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
La adopción de la inteligencia artificial generativa ha dejado de ser un fenómeno emergente para convertirse en una práctica cotidiana para una parte creciente de la población mundial. A cierre de 2025, uno de cada seis habitantes del planeta utiliza herramientas de IA de forma recurrente. El dato, que hasta hace poco habría parecido ambicioso, plantea ahora una pregunta distinta: no tanto si la IA se adopta, sino quién lo hace más rápido y bajo qué condiciones.
El informe Global AI Adoption in 2025 – A Widening Digital Divide , elaborado por el AI Economy Institute de Microsoft, sitúa esta transición en cifras concretas. Según el estudio, el 16,3% de la población mundial ha utilizado herramientas de IA generativa en la segunda mitad de 2025, frente al 15,1% del semestre anterior. El crecimiento es sostenido y transversal, aunque no homogéneo, y dibuja un mapa de ganadores claros y rezagados persistentes .

España aparece en ese mapa en una posición destacada. Con un 41,8% de la población en edad de trabajar utilizando IA, el país se sitúa como el sexto del mundo en adopción, solo por detrás de Emiratos Árabes Unidos, Singapur, Noruega, Irlanda y Francia. El dato supone un avance de 2,1 puntos porcentuales en apenas seis meses, desde el 39,7% registrado en la primera mitad de 2025. No es un salto aislado, sino la consolidación de una tendencia que ya situaba a España en el grupo de cabeza europeo .
El informe utiliza el concepto de difusión de la IA, medido como la proporción de personas que han usado productos de IA generativa durante el periodo analizado. La metodología se apoya en datos agregados y anonimizados de uso, ajustados por factores como penetración de internet, cuota de sistemas operativos y población de cada país. No se trata, por tanto, de medir inversión o desarrollo tecnológico, sino uso real por parte de ciudadanos y profesionales, un matiz relevante para entender el impacto económico y social de la tecnología.

Desde esa óptica, el avance español resulta significativo. Mientras grandes economías con fuerte peso en investigación y desarrollo, como Estados Unidos o Alemania, se mantienen por debajo del 30% de adopción, España supera holgadamente esa barrera y se aproxima a los países con mayor madurez digital. El contraste sugiere que la disponibilidad de tecnología no garantiza su integración efectiva en la vida diaria y profesional, una de las tensiones que atraviesan el informe.
A escala global, el crecimiento de la adopción no ha reducido las desigualdades, sino que las ha ampliado. El Norte Global incrementó su tasa de uso de IA en 1,8 puntos porcentuales durante el segundo semestre de 2025, hasta alcanzar el 24,7% de la población en edad de trabajar. El Sur Global, en cambio, avanzó solo un punto, situándose en el 14,1%. La brecha entre ambas regiones se amplía así hasta los 10,6 puntos porcentuales, frente a los 9,8 del semestre anterior .
Este desequilibrio no responde únicamente a diferencias de renta. El informe subraya el peso de factores como la inversión temprana en infraestructuras digitales, la formación en competencias de IA y la adopción de la tecnología por parte de las administraciones públicas. Los países que combinan estos elementos aparecen de forma recurrente en la parte alta del ranking, con variaciones relativamente pequeñas entre semestres, lo que sugiere un efecto de “saturación” en los niveles más altos de adopción.
España comparte ese patrón de estabilidad ascendente. Su posición en el ranking apenas varía, pero su base de usuarios se amplía. En términos europeos, se sitúa por delante de economías comparables como Alemania, Italia o los Países Bajos, y solo es superada por Francia, Irlanda y Noruega. La diferencia no es menor si se tiene en cuenta que el uso de IA medido incluye aplicaciones educativas, profesionales y de resolución de problemas, no solo experimentación ocasional.
El liderazgo global sigue en manos de economías pequeñas o altamente centralizadas en su estrategia tecnológica. Emiratos Árabes Unidos encabeza el ranking con un 64% de adopción, tras crecer 4,6 puntos en seis meses. Singapur le sigue con un 60,9%. En ambos casos, el informe apunta a una planificación de largo recorrido, con políticas públicas específicas, marcos regulatorios flexibles y una integración temprana de la IA en servicios públicos y educación.
El caso de Corea del Sur introduce un matiz distinto. Aunque parte de posiciones más bajas, el país protagoniza el mayor salto del periodo, escalando siete puestos hasta situarse en el 18º lugar mundial, con un 30,7% de adopción. El informe atribuye este avance a una combinación de políticas públicas, mejoras sustanciales en el rendimiento de los modelos de lenguaje en coreano y fenómenos culturales que han acercado la IA al gran público. La adopción, en este caso, se acelera cuando la tecnología se percibe como útil y accesible en el idioma y el contexto local.
Esta dimensión lingüística y cultural resulta especialmente relevante para entender la evolución en regiones tradicionalmente rezagadas. El informe dedica un apartado amplio al auge de DeepSeek, una plataforma de IA de código abierto que ha ganado tracción en mercados con acceso limitado a soluciones occidentales. Al ofrecer modelos abiertos bajo licencia MIT y un chatbot gratuito, DeepSeek ha reducido barreras económicas y técnicas, con especial impacto en África, así como en países como China, Rusia o Cuba.
La difusión de DeepSeek no altera de forma inmediata los rankings globales, pero introduce una variable geopolítica en la adopción de la IA. La disponibilidad, el precio y las restricciones regulatorias influyen tanto como la calidad técnica del modelo. En África, la adopción de esta plataforma se estima entre dos y cuatro veces superior a la de otras regiones, apoyada además por alianzas con proveedores de infraestructuras y operadores locales .
Para Europa, y en particular para España, este contexto plantea interrogantes estratégicos. La posición avanzada en adopción no garantiza liderazgo futuro si no se acompaña de capacidades propias en modelos, datos e infraestructuras. Al mismo tiempo, la experiencia española sugiere que la integración efectiva de la IA depende tanto de políticas públicas y formación como de la percepción de utilidad por parte de ciudadanos y empresas.
El informe no entra en el detalle sectorial de la adopción en España, pero la cifra global apunta a una penetración significativa en ámbitos como educación, servicios profesionales y pequeñas y medianas empresas. La rapidez del crecimiento, 2,1 puntos en medio año, indica que la IA generativa está dejando de ser una herramienta experimental para convertirse en parte del flujo de trabajo habitual en muchas organizaciones.
A medio plazo, la ampliación de la brecha entre Norte y Sur Global introduce un riesgo adicional: que los beneficios de productividad asociados a la IA se concentren aún más en las economías avanzadas. El informe señala que los diez países con mayor crecimiento en adopción durante el segundo semestre de 2025 son todos de renta alta. La promesa de democratización tecnológica convive así con una realidad de desigualdad persistente.
España se mueve en una posición intermedia interesante. No lidera el desarrollo de modelos fundacionales, pero se sitúa entre los países que más rápidamente incorporan la tecnología a su tejido social y productivo. Esa combinación puede convertirse en una ventaja competitiva si se traduce en mejoras de productividad, nuevos servicios y capacidades exportables, aunque también exige atención a cuestiones de regulación, dependencia tecnológica y capacitación continua.
El cierre del informe evita conclusiones definitivas y deja abierta una incógnita central: si la siguiente fase de la adopción de la IA reducirá o ampliará las desigualdades actuales. La experiencia de 2025 apunta más a lo segundo que a lo primero. En ese escenario, la posición de países como España dependerá menos de la velocidad de adopción y más de su capacidad para convertir ese uso extendido en valor económico y social sostenido.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
