Banco Santander ha puesto en marcha Santander X Global Challenge | The Quantum AI Leap , una convocatoria internacional para localizar startups y scaleups con soluciones basadas en computación cuántica e inteligencia artificial (quantum AI). El banco abre el reto a empresas de 10 países, Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, España, México, Portugal, Reino Unido y Uruguay, y lo hace en colaboración con IBM, Bluzec y Oxentia Foundation.
La convocatoria llega en un momento en el que la computación cuántica sigue moviéndose entre la promesa industrial y la experimentación, mientras la inteligencia artificial, ya desplegada a escala en múltiples sectores, empieza a actuar como acelerador de nuevas arquitecturas, herramientas y modelos de negocio.
El reto plantea un objetivo explícito: identificar proyectos que aprovechen el potencial combinado de ambas tecnologías para generar oportunidades en sectores como finanzas, energía, salud, logística o ciberseguridad. En la práctica, el programa se orienta a tres frentes que suelen aparecer en la conversación empresarial sobre cuántica: construir la base tecnológica (hardware y estabilidad), aterrizar casos de uso con impacto en el corto y medio plazo (software, algoritmos y aplicaciones) y preparar la seguridad digital ante un escenario en el que la cuántica pueda tensionar los esquemas criptográficos actuales.
La convocatoria distingue dos grandes áreas de aplicación. Por un lado, tecnologías que permiten desarrollar y escalar sistemas cuánticos, incluyendo hardware avanzado y el uso de IA para mejorar rendimiento y estabilidad. Aquí el foco no está tanto en el “caso de uso” final como en resolver cuellos de botella de ingeniería, un punto que a menudo se pasa por alto cuando se habla de cuántica en clave de negocio: sin mejoras en fiabilidad, control de errores o escalabilidad, la promesa de ventaja cuántica se queda lejos de los entornos productivos.
Por otro, soluciones que combinan computación cuántica e IA para resolver problemas reales mediante software, algoritmos y aplicaciones con impacto en el corto y medio plazo. Este segundo bloque apunta a un terreno más cercano para muchas empresas, donde la cuántica se explora como complemento en tareas de optimización o simulación, y la IA actúa como capa de modelado, automatización o aproximación heurística. El reto, tal como está formulado, no obliga a que la cuántica sea el único motor de valor, sino que admite enfoques híbridos, algo coherente con el estado actual del mercado.
El tercer ámbito, con implicaciones regulatorias y de riesgo tecnológico, se centra en tecnologías que protegen sistemas digitales frente a la futura computación cuántica. La referencia es criptográfica: si en el futuro existieran ordenadores cuánticos capaces de romper ciertos algoritmos de clave pública ampliamente utilizados, parte de la infraestructura de confianza de internet y de los sistemas corporativos quedaría expuesta. De ahí que el reto incluya propuestas orientadas a seguridad, privacidad y confianza “en el largo plazo”, una formulación que conecta con la planificación de riesgos en banca y con programas internos que suelen anticipar transiciones tecnológicas antes de que sean obligatorias.
Jaime Gómez, director global de Quantum Threat Program de Banco Santander, enmarca la iniciativa en esa proximidad percibida del impacto: “la computación cuántica está cada vez más cerca de generar un impacto real en la sociedad y, combinada con la IA, abre nuevas oportunidades para resolver desafíos complejos en múltiples sectores”. En su declaración, el banco vincula el reto con innovación y emprendimiento como palancas para acelerar soluciones que afecten tanto a industria como a seguridad digital, dos líneas que no siempre avanzan al mismo ritmo y que, sin embargo, comparten dependencia de talento especializado y de ciclos largos de maduración.
Desde IBM, Emily Fontaine, Global Head of Venture Capital, sitúa el desafío en la construcción de ecosistema y en la idea de “computación cuántica útil y escalable para la industria”. La compañía añade un elemento relevante para las startups: la conexión con IBM Ventures y con su comunidad de inversores. En el mercado cuántico, donde los costes de desarrollo y el tiempo hasta producto pueden ser más exigentes que en software convencional, el acceso a redes de inversión y a socios industriales suele pesar tanto como el premio económico.
Bluzec, por su parte, introduce un argumento de velocidad tecnológica: la IA ha demostrado que una tecnología emergente puede convertirse en palanca de transformación en poco tiempo, mientras que la cuántica se presenta como “el siguiente gran salto”, con capacidades aún difíciles de anticipar. La empresa describe su papel como puente entre tecnología y mercado, con foco en adopción, crecimiento, inversión y colaboración estratégica. Ese énfasis en adopción es significativo: buena parte de los proyectos cuánticos se atascan en la traducción de prototipos a propuestas comprensibles para áreas de negocio, especialmente cuando el retorno depende de condiciones técnicas que todavía no son estándar.
El esquema de incentivos del reto combina premio, comunidad y servicios. Un jurado experto seleccionará seis proyectos ganadores. Las tres startups vencedoras recibirán 30.000 euros en total (10.000 euros cada una) y las tres mejores scaleups obtendrán 90.000 euros (30.000 euros cada una), sumando 120.000 euros. Además, las empresas ganadoras accederán a Santander X 100, la comunidad global que agrupa a compañías destacadas del ecosistema Santander X, y podrán conectar con Fintech Station, el área de Open Innovation del banco.
En paralelo, el apoyo previsto de IBM incluye acceso a sesiones sobre inteligencia artificial, a equipos de innovación cuántica y a la posibilidad de presentar los proyectos ante IBM Ventures y su red de inversores. El diseño sugiere un itinerario que mezcla acompañamiento técnico y exposición a capital, aunque el alcance exacto dependerá de cómo se materialicen esas sesiones y de la madurez de cada proyecto.
Bluzec aportará hasta 10.000 euros en servicios especializados para las empresas ganadoras, con acompañamiento experto, formación en quantum por expertos internacionales y acceso a una red de colaboración e inversión. En este tipo de programas, los servicios pueden ser determinantes cuando el reto no es solo construir tecnología, sino encontrar un encaje comercial creíble, definir métricas de valor y preparar una narrativa de producto que resista la evaluación de clientes corporativos.
El reto se integra en la estrategia más amplia de Santander en educación, empleabilidad y emprendimiento, un ámbito en el que el banco afirma haber invertido más de 2.500 millones de euros en 30 años, en colaboración con más de 1.000 universidades y entidades de 13 países, apoyando a más de 8,3 millones de personas y empresas. La entidad también menciona su inclusión en la lista ‘Change the World’ 2025 de Fortune. Aunque estos datos se presentan como contexto institucional, en el caso de una convocatoria cuántica tienen una lectura adicional: la disponibilidad de programas y comunidades puede funcionar como canal de captación de talento y de proyectos en un mercado donde la oferta de perfiles especializados sigue siendo limitada.
La lista de países participantes apunta a un equilibrio entre mercados europeos y americanos, con presencia de España y Portugal, además de Reino Unido y Alemania, y un bloque latinoamericano amplio. Ese reparto puede ampliar el embudo de candidaturas, aunque también introduce heterogeneidad en madurez de ecosistemas, acceso a infraestructura cuántica y capacidad de las startups para operar en entornos regulados como banca o salud.
Queda por ver qué tipo de soluciones terminarán destacando. La convocatoria abre la puerta tanto a proyectos de base tecnológica profunda (hardware, estabilidad, herramientas de desarrollo) como a aplicaciones orientadas a industria y a propuestas de ciberseguridad poscuántica. En un escenario en el que la IA ya está generando retornos medibles y la cuántica aún busca su punto de inflexión, el reto puede funcionar como termómetro: no tanto de promesas, sino de qué equipos son capaces de convertir investigación y prototipos en productos defendibles, con clientes y con una hoja de ruta compatible con los tiempos corporativos.—
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