La estabilidad del entorno digital europeo atraviesa un momento de redefinición donde la frontera entre la seguridad nacional y la operatividad corporativa se ha vuelto prácticamente invisible. En este escenario, la celebración de Infosecurity Europe 2026 en el ExCeL de Londres, programada del 2 al 4 de junio, no se plantea únicamente como una exhibición comercial, sino como un termómetro de la capacidad de respuesta del continente ante amenazas que no entienden de marcos jurisdiccionales.
El contexto actual exige algo más que parches tecnológicos. Según datos recogidos por la organización de Infosecurity Europe, el 99% de los profesionales del sector identifica la colaboración internacional como un pilar crítico, aunque existe una brecha de percepción notable: un 43% de estos expertos considera que los esfuerzos nacionales actuales son insuficientes. Esta disonancia subraya una tensión latente entre la urgencia técnica de compartir inteligencia de amenazas (valorada como el beneficio principal por el 33% de los encuestados) y las reticencias burocráticas que a menudo lastran la agilidad defensiva.
La ciberseguridad en 2026 se desplaza hacia un terreno donde la soberanía del dato y la geopolítica dictan la arquitectura de los sistemas. No se trata ya solo de proteger el perímetro, sino de entender cómo la alineación regulatoria entre el Reino Unido y la Unión Europea condiciona la resiliencia de las infraestructuras críticas. Este año, el lema «Building a Safer Cyber World» intenta aglutinar tendencias que hasta hace poco parecían futuristas y que hoy son prioridades en las agendas de los consejos de administración: la IA agéntica, el cifrado resistente a la computación cuántica y la consolidación de las arquitecturas zero trust.
El ecosistema de innovación y la soberanía tecnológica
Uno de los movimientos más estratégicos de esta edición es el lanzamiento del Cyber Startup Programme. Esta iniciativa busca inyectar dinamismo en un mercado que, a menudo, peca de una excesiva consolidación en torno a grandes proveedores globales, dejando poco margen para la agilidad de los nuevos actores europeos. El programa no se limita a ofrecer un espacio físico en la Cyber Startups Zone; pretende ser un catalizador donde fundadores, inversores y dinamizadores del ecosistema interactúen bajo una lógica de crecimiento sostenible.
La innovación en fases tempranas suele ser el eslabón más débil de la cadena de suministro, pero también el más disruptivo. Brad Maule-ffinch, director del evento, destaca que apoyar estas etapas iniciales es fundamental para el futuro del sector, otorgando visibilidad a tecnologías que podrían redefinir los estándares de protección en los próximos años. El certamen culminará con el Infosecurity Europe Cyber Startup Award 2026, cuyo ganador no solo obtendrá presencia en la edición de 2027, sino que recibirá un paquete de consultoría estratégica y asesoramiento en comunicación especializada. Es un intento por profesionalizar la narrativa de las startups, que muchas veces poseen un producto robusto pero carecen de la capacidad de penetración necesaria en mercados tan saturados como el británico o el centroeuropeo.
Sin embargo, el éxito de estos nuevos actores dependerá de su capacidad para navegar en un entorno de ciberseguridad cada vez más regulado. La exigencia de responsabilidad a nivel de Consejo de Administración ya no es una recomendación, sino un imperativo operativo. Los directivos en España y en el resto de Europa observan cómo la responsabilidad legal por brechas de seguridad está escalando posiciones en los organigramas, transformando al CISO de un perfil técnico a uno de gestión de riesgos estratégicos.
Microtensiones en la defensa colectiva
El despliegue de la IA agéntica, sistemas capaces de tomar decisiones y ejecutar acciones de forma autónoma para mitigar ataques, introduce una capa de complejidad ética y operativa. Mientras que por un lado acelera la respuesta ante incidentes, por otro genera una nueva superficie de ataque que los actores malintencionados ya están explorando. En este sentido, Infosecurity Europe 2026 dedicará sesiones específicas al análisis de cómo estas herramientas pueden integrarse en infraestructuras críticas sin comprometer la supervisión humana necesaria.
El intercambio de información transfronterizo sigue siendo el punto de fricción más recurrente. Aunque el 33% de los profesionales lo considera el mayor beneficio de la colaboración, la realidad de la soberanía del dato a menudo choca con la necesidad de transparencia. Las empresas se enfrentan al dilema de compartir datos sobre vulnerabilidades para fortalecer la defensa común o mantener la confidencialidad para proteger su reputación y valor bursátil. Esta asimetría informativa es la que eventos de este calibre intentan resolver, actuando como zonas neutrales de intercambio técnico.
Por otro lado, la Cyber Innovation Zone pondrá el foco en las micro y pequeñas empresas. Es aquí donde suelen gestarse las soluciones de nicho para problemas muy específicos de sectores como la industria 4.0 o el sector salud, que a menudo son ignorados por las soluciones generalistas de los gigantes tecnológicos. La integración de estos pequeños proveedores en el tejido de seguridad europeo es vital para evitar puntos únicos de fallo en la cadena de suministro tecnológica del continente.
Hacia una resiliencia sin fronteras definitivas
La logística del evento refleja también una vuelta a la presencialidad selectiva y de alto valor. Con inscripciones gratuitas hasta el 5 de mayo, el encuentro en el ExCeL busca recuperar el networking de alto impacto que las plataformas digitales no han logrado replicar con la misma efectividad. El Founder Conference Track, por ejemplo, está diseñado para ofrecer claves prácticas sobre la expansión de negocio y la estrategia go-to-market, aspectos que son tan críticos para la supervivencia de una empresa de ciberseguridad como la propia calidad de su código de cifrado.
A medida que se acerque el 2 de junio, la atención se centrará en cómo las organizaciones pueden prepararse para un mundo donde el cifrado tradicional podría quedar obsoleto frente a los avances en computación cuántica. La transición hacia algoritmos post-cuánticos es una de las derivadas que marcarán la agenda de la próxima década, y Londres se posiciona como el foro donde se empezarán a dibujar las hojas de ruta para esta migración masiva de sistemas.
El cierre de esta edición no supondrá el fin de la conversación, sino más bien la apertura de nuevas interrogantes sobre la capacidad de Europa para mantener un estándar de seguridad propio frente a las presiones de otros bloques tecnológicos. La ciberseguridad ha dejado de ser una cuestión de software para convertirse en una cuestión de Estado, donde la agilidad de las startups y la robustez de las grandes corporaciones deben encontrar un punto de equilibrio antes de que la próxima gran vulnerabilidad global dicte sus propias reglas de juego.
