Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
El entorno del Banco Santander en Madrid se ha convertido esta mañana en el epicentro de una reflexión que trasciende lo puramente técnico. La novena edición del AMETIC AI Summit 2026 arranca con una premisa clara: el tiempo de la experimentación controlada ha terminado. Si 2024 y 2025 fueron los años de los pilotos y las pruebas de concepto, 2026 se presenta como el ejercicio de la ejecución industrial y el retorno de inversión tangible.
Francisco Hortigüela, presidente de AMETIC, ha abierto la jornada con una declaración que resume el sentimiento de los más de 1.500 profesionales congregados: «La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una palanca real de transformación que impacta en la forma en que trabajamos, tomamos decisiones y generamos valor».
La urgencia por aterrizar la innovación en el tejido productivo español ha sido el hilo conductor de una apertura que ha huido de los lugares comunes. Según Hortigüela, el debate ya no gira en torno a la adopción de la tecnología, sino a cómo escalarla con seguridad y confianza, transformando la inversión en un valor medible tanto para la economía como para la sociedad. En este escenario, la competitividad de la próxima década no se medirá por quién innove más, sino por quién sea capaz de traducir esa innovación en un impacto operativo real.

El contexto macroeconómico: España como nodo estratégico
La intervención de Jordi García Brustenga, secretario de Estado de Industria, ha aportado la dosis de realidad macroeconómica necesaria para entender la magnitud del reto. Brustenga ha señalado que el 80% del reciente crecimiento del PIB en Estados Unidos se explica, de forma directa o indirecta, por la inteligencia artificial, abarcando desde el software hasta la infraestructura física de los centros de datos. Este dato subraya una realidad ineludible: la IA es hoy el motor principal de la economía global.
España, sin embargo, se encuentra en una posición singular. «En España no somos la Florida de Europa, somos la California», ha afirmado Aitor Cubo, director general de Transformación Digital de la Administración de Justicia, reforzando la idea de que el país debe dejar de verse únicamente como un destino de servicios y turismo para reconocerse como una potencia en exportación de servicios tecnológicos y científicos de alto valor añadido.
Este potencial se enfrenta ahora a la necesidad de actualizar el marco normativo. Brustenga ha recordado que la actual Ley de Industria data de 1992, una época en la que internet era apenas una curiosidad. El nuevo proyecto de Ley de Industria y Autonomía Estratégica, actualmente en trámite, busca precisamente adaptar el tablero de juego a una realidad donde la IA está en el centro de cada proceso productivo.

De la invención a la producción: El stack de la ejecución
Para Isaac Hernández, Country Manager de Google Cloud en España y Portugal, el momento actual es comparable a la invención de la electricidad o el fuego. No obstante, esa relevancia histórica conlleva una responsabilidad operativa inmediata. Hernández ha destacado cómo el precio de los tokens ha caído 50 veces en los últimos dos años, lo que obliga a las empresas a revisitar casos de uso que el año pasado no eran rentables y que hoy sí lo son.
El enfoque de Google Cloud se centra en la democratización de la capacidad de cómputo, pero Hernández ha lanzado una advertencia a los directivos: «Si tenéis que elegir entre un responsable de IA o uno de datos, la respuesta correcta es invertir primero en datos». La frustración en muchas organizaciones surge cuando se intenta desplegar IA sobre una base de datos fragmentada o inaccesible. Ejemplos como el de Repsol, que ha multiplicado por 500 su velocidad en la identificación de materiales petroquímicos, o el de la malagueña Freepeek, líder mundial en IA generativa de medios, demuestran que el impacto real ocurre cuando la tecnología se aplica sobre problemas de dominio específico con datos de alta calidad.
Este paso del laboratorio a la escala industrial requiere, además, una estandarización. Hernández ha mencionado protocolos como MCP (Model Context Protocol) de Anthropic, que permiten la interoperabilidad entre agentes y fuentes de datos. En un ecosistema donde múltiples agentes deben colaborar entre sí, la gestión de esta arquitectura se convierte en el nuevo reto de los departamentos de IT.
El eje de la confianza y el dilema de la soberanía
En un entorno geopolítico marcado por la volatilidad, la confianza se ha convertido en la moneda de cambio más valiosa. Jeff Bullwinkel, VP & Deputy General Counsel de Microsoft, ha rescatado una máxima de la cultura política holandesa: «La confianza llega a pie y se va a caballo». Para evitar esa huida, Bullwinkel ha detallado los compromisos de Microsoft con la soberanía europea, un concepto que a menudo se malinterpreta como aislamiento.
Soberanía, según Microsoft, no es solo dónde residen los datos, sino quién tiene el control real sobre ellos y si la tecnología es resiliente bajo presión. Bullwinkel ha explicado que Microsoft ha ajustado su estructura directiva para que todos sus centros de datos en Europa sean supervisados exclusivamente por nacionales europeos. Además, ha abordado el polémico concepto del «kill switch» o la posibilidad de que un gobierno extranjero ordene el cese de servicios en la nube. Ante este riesgo remoto pero presente en la conversación pública, la compañía ha asumido la obligación contractual de resistir legalmente tales órdenes y ha establecido alianzas con socios europeos, como SAP, para garantizar planes de continuidad en infraestructuras soberanas.
El Cloud Act estadounidense también ha ocupado un lugar central en el análisis de Bullwinkel. Ha aclarado que esta ley no otorga acceso ilimitado a los datos por parte del gobierno de EE. UU., sino que establece procesos judiciales claros que, en la práctica, suponen un riesgo cercano a cero para los clientes gubernamentales y corporativos en Europa. La soberanía, en este sentido, se construye mediante un enfoque de cartera: desde la nube pública con controles soberanos hasta soluciones de nube privada totalmente desconectadas de internet para los casos de uso más sensibles, como los de defensa o infraestructuras críticas.
La revolución agéntica y la redefinición del software
Uno de los momentos más analíticos del summit ha venido de la mano de Ana Alonso, directora de Salesforce, quien ha planteado una pregunta provocadora: ¿Estamos ante un «SaaS Apocalipsis»? El anuncio de modelos capaces de generar código de forma masiva ha llevado a algunos a pensar que el software empaquetado no tiene sentido y que las empresas volverán a los desarrollos a medida. Alonso ha rebatido esta idea con matices estructurales: «En una aplicación, el código no lo es todo. Las aplicaciones embeben regulación, gobernanza del dato y mejores prácticas industriales que la IA probabilística no puede replicar con la misma fiabilidad».
La transformación, según Salesforce, no reside en el código, sino en el paso hacia una «organización agéntica». Esto implica transitar de la medición de tokens consumidos a las «Agentic Working Units» o unidades de trabajo reales realizadas por agentes de IA. Alonso ha descrito un modelo de cuatro capas: conexión, agentes, sistema de trabajo y contexto. En este esquema, herramientas como Slack dejan de ser simples aplicaciones de mensajería para convertirse en el frontal conversacional que orquesta la colaboración entre humanos y agentes, reduciendo la fricción que genera el cambio de contexto constante.
Hacia una ciberseguridad cognitiva: El psicotécnico de la IA
Jordi García Castillón, Chief AI Scientist y director de CibraLAB, ha aportado una visión disruptiva sobre la seguridad. Para García Castillón, «la inteligencia artificial se ha hecho fea», refiriéndose a que ya es una realidad tangible que toma decisiones críticas y, por tanto, hereda todos los riesgos de un sistema autónomo. Su tesis principal es que la ciberseguridad clásica —puertos, autenticación, perímetros— ha muerto en el contexto de la IA.
«El problema con la IA es cognitivo, y eso requiere una nueva auditoría cognitiva», ha afirmado. García Castillón propone tratar a los modelos de IA como si fueran pacientes o candidatos en un proceso de selección. Si una IA va a interactuar con pacientes en un hospital o va a cribar objetivos en un campo de batalla, no basta con saber que el servidor es seguro; es necesario evaluar su resistencia a la manipulación y su estabilidad de razonamiento. Esta propuesta de «auditoría cognitiva» busca entender no solo si la IA alucina, sino por qué toma determinadas decisiones y cómo reacciona ante intentos de engaño psicológico.
Casos de uso real: Justicia, Notariado y Defensa
La jornada ha aterrizado estas teorías en aplicaciones que ya están funcionando en España. Aitor Cubo ha detallado cómo el Ministerio de Justicia ya ofrece servicios gratuitos de anonimización de documentos y traducción de lenguaje jurídico a lenguaje claro mediante IA. Además, ha destacado que los robots y la IA ya gestionan más de 13.800 millones de euros en consignaciones judiciales, permitiendo que pagos críticos, como pensiones de alimentos, lleguen a tiempo sin intervención humana burocrática.
Desde el ámbito del notariado, Carlos Marina (Sigma Cognition) ha presentado un caso de éxito rotundo: la extracción automatizada de datos de escrituras con un 95% de acierto. «No estamos en generar, estamos en precisión», ha matizado Marina. El sistema permite que la información de las 400 notarías que ya lo usan fluya de manera estructurada hacia la administración para la prevención del blanqueo de capitales o la gestión tributaria, siempre bajo una trazabilidad inmutable certificada por el Esquema Nacional de Seguridad.
Albert Cardigal, del Barcelona Supercomputing Center (BSC), ha recordado que el conocimiento generado en centros de investigación debe llegar a la pyme. Las AI Factories, un programa europeo con una inversión de 200 millones de euros en el caso del BSC, buscan precisamente facilitar que las empresas utilicen recursos de supercomputación y modelos públicos como ARIA —la infraestructura pública de IA en castellano y lenguas oficiales— para sus propios desarrollos industriales.
El reto de la optimización y la dualidad
La eficiencia energética y el coste operativo han sido abordados por Iraia Ibarzabal, de Multiverse Computing, y Jabier Ruiz, de Inetum. Ambos han coincidido en que el futuro no pasa necesariamente por modelos más grandes, sino por modelos optimizados y comprimidos mediante «cirugía precisa». La soberanía industrial requiere que la IA pueda ejecutarse en el «edge» o en las propias plantas de producción, sin depender constantemente de la nube y con un consumo energético sostenible.
Finalmente, David Ríos (Vicomtech) y el debate sobre el uso dual de la IA han cerrado el círculo de la seguridad. El AI Act europeo se presenta aquí no solo como una restricción, sino como un habilitador de dualidad. Al establecer requisitos de robustez y transparencia, la regulación permite que una tecnología desarrollada para el ámbito civil pueda ser validada para su uso en defensa con las garantías necesarias.
La cultura como cuello de botella
A pesar de los avances tecnológicos, todos los ponentes han coincidido en que el verdadero desafío sigue siendo humano. Raúl Casados ha señalado que muchas organizaciones fallan al implementar IA porque siguen trabajando en silos departamentales. «El propósito del departamento no es el departamento, es la organización», ha recordado, instando a las empresas a acompañar la tecnología con una gestión del cambio que rompa las barreras entre áreas.
La IA no es una herramienta que se añade a un proceso, sino un elemento que obliga a repensar por completo la experiencia del cliente y la estructura operativa. España tiene el talento y la infraestructura, con cables submarinos estratégicos y energía verde competitiva, para liderar esta transformación en Europa.
La novena edición de este summit ha dejado claro que el camino ya no es diseñar estrategias, sino ejecutar con responsabilidad, audacia y, sobre todo, una visión integradora que sitúe a la persona en el centro de esta nueva electricidad.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
