La segunda jornada de Digital Tourist 2026, celebrada en Benidorm, dejó una idea que se repitió en pasillos y mesas: el ecosistema español de turismo digital está entrando en una fase de ejecución, con herramientas ya operativas y con ambición de escalar fuera. En el centro de esa conversación estuvo la Plataforma Inteligente de Destinos (PID) de SEGITTUR, presentada no tanto como un proyecto en construcción, sino como una infraestructura que empieza a ordenar datos, servicios y casos de uso entre territorios con capacidades muy distintas.
El cierre del congreso, organizado por AMETIC, combinó anuncios de alcance internacional, como la incorporación del Camino de Santiago a la red global Priceless de Mastercard, con diagnósticos menos cómodos sobre la realidad municipal. La fotografía que aportó la Diputació de Barcelona, por ejemplo, apuntó a una brecha estructural: la digitalización turística avanza, pero no lo hace al mismo ritmo en todos los niveles de la administración.
Plataforma Inteligente de Destinos (PID): de marco a infraestructura
La PID concentró buena parte del debate por un motivo práctico: permite que destinos con pocos recursos técnicos puedan conectarse a un modelo común de datos y aplicaciones sin tener que construirlo desde cero. José Estévez, jefe de proyecto senior de la PID en SEGITTUR, lo formuló en términos de enfoque y no de acumulación tecnológica: “Un destino no es más inteligente cuanta más tecnología tenga, sino en cómo es capaz de enfocar esa tecnología para resolver problemas reales”. La frase, en este contexto, funcionó como recordatorio de que la inteligencia turística se está midiendo cada vez más por su capacidad de gestión (flujos, información, servicios, accesibilidad) y menos por el despliegue aislado de sensores o plataformas locales.
La PID se presentó también como un “habilitador” para destinos sin músculo, con una promesa implícita: democratizar el acceso al dato y abrir la puerta a la interacción con el turista en tiempo real. En la práctica, esto desplaza parte del esfuerzo desde la compra de tecnología hacia la gobernanza del dato, la interoperabilidad y la definición de casos de uso que puedan repetirse entre destinos. Ahí aparece una tensión habitual en proyectos públicos de plataforma: la estandarización facilita escala, aunque obliga a alinear prioridades y a aceptar un lenguaje común.
Diputació de Barcelona: el 86% sin hoja de ruta digital
La jornada arrancó con una mesa sobre modelos estratégicos y operativos de Destinos Turísticos Inteligentes (DTI) que puso cifras a una realidad que a menudo se intuye, pero rara vez se cuantifica con detalle. Elisabeth González, directora de la Oficina Técnica de Turismo de la Diputació de Barcelona, presentó resultados de un estudio de madurez digital sobre 183 municipios de la provincia: el 86% carece de hoja de ruta de digitalización turística y el 55% no cuenta con técnico de turismo a jornada completa.
El dato no solo habla de tecnología, sino de capacidad administrativa. Sin una figura profesional dedicada, la continuidad de proyectos, la gestión de proveedores o la explotación de datos se vuelve intermitente, dependiente de ciclos políticos o de iniciativas puntuales. Para responder a esa brecha, la Diputació explicó el programa MIT-DIVAP, inspirado en el marco de SEGITTUR y adaptado a municipios con menor capacidad técnica. El programa se articula en 54 indicadores sobre los cinco ejes DTI, una forma de traducir el modelo a tareas verificables y comparables, aunque el reto, como suele ocurrir, está en sostenerlo en el tiempo y convertirlo en decisiones presupuestarias.
Ourense y Telefónica: integración en la PID para reducir dependencia
La Diputación de Ourense y Telefónica presentaron su integración en la Plataforma Inteligente de Destinos con un relato centrado en un problema recurrente en territorios pequeños: la dependencia tecnológica y financiera de proyectos que no llegan a consolidarse. Marco Valiño García, director del Área de Transparencia y Gobierno Abierto de la Diputación de Ourense, describió las dificultades de un proyecto previo, marcado por falta de financiación y por la dependencia de ayuntamientos sin recursos. Su lectura fue directa: “La PID fue la solución. Nos permite integrarnos, hablar el mismo lenguaje semántico y eliminar la dependencia tecnológica que nos bloqueaba”.
En este caso, el detalle operativo importa: SEGITTUR instala y mantiene las aplicaciones, lo que reduce la carga técnica local y, al menos en teoría, evita que cada destino tenga que negociar, mantener y actualizar un stack propio. Ourense, además, planteó una aspiración concreta dentro de la red: liderar el caso de uso del turismo termal y poner ese conocimiento a disposición de otros destinos. La idea de “casos de uso exportables” dentro del país funciona como antesala de la internacionalización, porque obliga a documentar, estandarizar y demostrar resultados.
Mastercard, Correos y el Camino: un destino no-país en Priceless
El anuncio con mayor proyección internacional llegó de la mano de Mastercard, Correos y la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago (FEAACS). Emilio Acevedo, vicepresidente de Mastercard Europa, confirmó la incorporación del Camino de Santiago a Priceless, la plataforma global presente en 50 países y conectada a más de 3.500 millones de titulares de tarjeta. El Camino se convierte así en el único destino no-país dentro de esa plataforma, y el desarrollo se ha realizado íntegramente en España.
La singularidad del encaje, un itinerario cultural y turístico que se integra como “destino” en una red global pensada habitualmente para países, abre un tipo de visibilidad difícil de conseguir con campañas tradicionales. Aunque el anuncio se presentó como hito, también introduce preguntas operativas: cómo se gestionará la información del destino en un entorno global, cómo se actualizarán contenidos y servicios, y qué papel jugarán los actores locales en la experiencia que se ofrece al viajero.
Correos, por su parte, presentó una tarjeta prepago digital recargable, sin vinculación bancaria, diseñada para el peregrino nacional e internacional y disponible en formato virtual de forma inmediata. La iniciativa se apoya en la capilaridad de su red: 300 de sus 2.100 oficinas están en poblaciones del Camino. El calendario también pesa. De cara al Año Santo 2026, se proyectan entre 1,5 y 2 millones de peregrinos y hasta 10 millones de turistas vinculados al entorno, cifras que convierten la logística y los servicios de pago en piezas sensibles, especialmente en tramos con presión estacional.
IA agéntica: aceleración tecnológica y desconexión con las pymes
La intervención de Alejandro Mullor, responsable de Tourism Worldwide en Microsoft, llevó el foco hacia la próxima capa de digitalización: la IA agéntica, es decir, sistemas capaces de ejecutar tareas de forma autónoma o semiautónoma en nombre del usuario, conectando herramientas, datos y procesos. Mullor situó al turismo como la industria con mayor potencial para ser la primera en alcanzar una digitalización y agentización completa a escala global, por delante de sectores como sanidad o educación.
Su argumento se apoyó en la velocidad de evolución tecnológica. Según explicó, los ciclos de desarrollo de los modelos de IA se han comprimido de ocho meses a menos de uno, con incrementos de potencia de hasta 30 veces entre versiones. Ese ritmo, trasladado al turismo, acorta plazos de adopción, pero también reduce el margen para adaptar procesos, formar equipos o revisar impactos.
Mullor identificó como principal problema estructural del turismo mundial la desconexión entre los destinos y su tejido de pequeñas y medianas empresas. En un sector donde la experiencia del viajero depende de miles de operadores, alojamientos, restauración y servicios locales, la fragmentación limita la capacidad de ofrecer información consistente, gestionar disponibilidad o responder a incidencias. En su lectura, la IA agéntica ofrece por primera vez herramientas para abordar esa coordinación de forma efectiva.
También apuntó a un cambio en los hábitos de planificación: cada vez más viajeros recurren a asistentes de IA generativa para organizar viajes. Esto desplaza parte del control informativo desde webs oficiales y canales tradicionales hacia respuestas generadas a partir de múltiples fuentes, con riesgos evidentes de veracidad, actualización y coherencia. Mullor lo resumió con una advertencia práctica: “Vais a utilizar todos un agente personal 24×7. Preparaos para eso. Y para viajar, vais a utilizarlo también”.
Flujos, accesibilidad y conectividad: métricas que empiezan a pesar
Más allá de plataformas e IA, Digital Tourist abordó ámbitos donde la tecnología se mide por su impacto en gestión y en inclusión. En gestión inteligente de flujos turísticos se mencionaron herramientas como gemelos digitales y análisis de antenas móviles para anticipar saturación en destinos como Cartagena. Son tecnologías que, bien aplicadas, permiten pasar de la reacción a la previsión, aunque dependen de calidad de datos, acuerdos de acceso y capacidad de interpretación.
La accesibilidad apareció como criterio central de inteligencia turística con un dato económico: los viajeros con requisitos de accesibilidad gastan de media 200 euros más por persona y viaje. En paralelo, se citó la app europea Spot4Dis, reconocida por Google.org entre las 18 mejores soluciones de discapacidad del mundo, y un indicador concreto: un destino con aparcamiento accesible aumenta un 40% su receptividad de visitantes con discapacidad. En términos de gestión pública, estos números suelen ser más persuasivos que los discursos genéricos, porque conectan inversión en accesibilidad con demanda y retorno.
La última mesa del congreso se centró en conectividad, un atributo que durante años se trató como “higiene” y que ahora se intenta convertir en estándar medible. MEDUX, con metodología basada en normas internacionales ETSI y validada por la Comisión Europea, entregó al Ayuntamiento de Benidorm un reconocimiento por la calidad de su conectividad digital. La mesa, moderada por Adolfo Borrero (AMETIC), reunió a UNE, el Instituto Tecnológico Hotelero (ITH), el Instituto para la Calidad Turística Española y MEDUX con el objetivo de impulsar una norma UNE certificable de conectividad para destinos y establecimientos turísticos. La lógica es clara: si se puede medir y certificar, se puede comparar, y si se puede comparar, entra en la conversación de competitividad.
Una ventana de internacionalización con condiciones
Adolfo Borrero, presidente de la Comisión de Smart Cities de AMETIC, cerró la IX edición con un balance que mezcló normalización, adopciones de la PID y avances de mercado: “Desde la normalización, desde las soluciones tecnológicas, las adopciones de la PID por parte de los destinos, los avances… estamos siendo bastante únicos a nivel global, y esto abre un campo de oportunidades tremendo”. La frase recoge el clima del evento: sensación de ventaja relativa y, al mismo tiempo, conciencia de que esa ventaja depende de sostener estándares, gobernanza y capacidades locales.
La internacionalización, tal y como se dibujó en Benidorm, no parece depender solo de vender tecnología, sino de demostrar que el modelo funciona en territorios heterogéneos, que integra a pymes y que mantiene información fiable en un entorno donde los asistentes de IA empiezan a mediar la relación con el viajero. El Año Santo 2026, con sus previsiones de afluencia, actuará como prueba de estrés para varias de las piezas presentadas. Y, como suele ocurrir con las plataformas, el verdadero examen llegará cuando haya que operar a escala, con fricción real y con expectativas altas.
