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YSL Beauty lleva la prevención de la violencia de pareja al control digital y la IA

YSL Beauty lleva la prevención de la violencia de pareja al control digital y la IA

  • El programa El Abuso No Es Amor adapta sus señales de alerta para identificar el rastreo de ubicación, la exigencia de contraseñas, los deepfakes y otras formas de control entre jóvenes.
YSL Beauty lleva la prevención de la violencia de pareja al control digital y la IA

YSL Beauty ha ampliado su programa El Abuso No Es Amor para abordar la violencia de pareja facilitada por redes sociales, sistemas de geolocalización, dispositivos conectados e inteligencia artificial. La actualización pone el foco en conductas digitales cotidianas que pueden convertirse en instrumentos de control coercitivo y resultar difíciles de reconocer, especialmente entre jóvenes de 16 a 24 años.

El programa traslada sus nueve señales preventivas al uso actual de la tecnología. Entre ellas incluye exigir contraseñas, revisar conversaciones privadas, rastrear la ubicación en tiempo real, condicionar qué contactos puede mantener una persona o amenazar con divulgar imágenes manipuladas. También contempla formas menos evidentes de intimidación, como inundar a la pareja con mensajes o utilizar las confirmaciones de lectura para castigar una demora en la respuesta.

La ampliación se apoya en una investigación cualitativa dirigida por la psicóloga Nina Jane Patel junto con organizaciones especializadas de Francia, España, Estados Unidos, Reino Unido, Suecia, Sudáfrica, Indonesia, Grecia, Brasil y República Checa. El trabajo recoge la experiencia de entidades de atención directa y analiza por qué algunas prácticas de vigilancia llegan a interpretarse como muestras de cuidado, protección o compromiso.

La vigilancia normalizada dificulta reconocer el abuso

Una de las barreras identificadas es la normalización de compartir ubicaciones, claves de acceso y actividad en internet dentro de una relación. Estas herramientas pueden emplearse de forma consentida, pero adquieren una dimensión coercitiva cuando una de las partes las exige, fiscaliza su uso o las convierte en una prueba permanente de confianza.

El análisis también señala la influencia de los patrones aprendidos en el ámbito familiar. El seguimiento digital de menores por parte de padres o cuidadores puede introducir desde edades tempranas la asociación entre afecto y ausencia de privacidad. Más adelante, esa lógica puede trasladarse a la pareja mediante exigencias de acceso al móvil, las cuentas sociales o los movimientos de la otra persona.

A ello se suma una brecha de lenguaje. Los jóvenes pueden percibir la ansiedad provocada por una vigilancia constante sin disponer de términos con los que identificarla como abuso. Conductas de control terminan descritas como intensidad, celos o protección, lo que reduce la capacidad de pedir ayuda y retrasa la detección de una relación dañina.

El carácter cualitativo del estudio permite describir mecanismos y experiencias, pero no ofrece una medición comparativa global de la prevalencia entre grupos de edad. Su aportación reside en mostrar cómo funciones integradas en servicios de uso masivo pueden sostener dinámicas de vigilancia sin dejar las señales físicas que suelen asociarse a la violencia.

La inteligencia artificial amplía las herramientas de coerción

La inteligencia artificial generativa incorpora otra capa al problema. El informe la describe como un multiplicador del daño por su posible utilización para crear deepfakes sexuales, redactar mensajes engañosos o recurrir a sistemas conversacionales que validen comportamientos posesivos. La facilidad para producir y distribuir contenido manipulado eleva la capacidad de amenaza incluso cuando las imágenes nunca llegan a publicarse.

Esta evolución trasciende la iniciativa de la marca. Un análisis encargado por el Gobierno británico sobre el abuso de imágenes íntimas concluyó que la IA generativa reduce las barreras para crear y difundir material manipulado y puede aumentar la escala del daño. El problema afecta tanto al diseño de las herramientas como a los mecanismos de denuncia, retirada de contenidos y asistencia a las víctimas.

La respuesta habitual de bloquear al agresor o abandonar una plataforma tampoco resuelve necesariamente la situación. Según la investigación, esa recomendación puede trasladar la responsabilidad a la víctima y aislarla de espacios digitales que forman parte de su vida social, educativa o profesional. La intervención requiere valorar el conjunto de la conducta, conservar vías de apoyo y evitar que la protección dependa exclusivamente de desconectarse.

Nueve señales trasladadas a las relaciones digitales

El Abuso No Es Amor conserva sus nueve categorías de alerta, pero las vincula ahora con comportamientos concretos en internet. Ignorar puede materializarse en retirar la palabra o desactivar notificaciones como castigo; el chantaje, en amenazar con publicar capturas, imágenes privadas o deepfakes; y la humillación, en exponer o descalificar a la pareja ante una audiencia digital.

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La manipulación incluye provocar culpa para conseguir una contraseña, mientras que los celos pueden expresarse mediante el escrutinio de seguidores, interacciones y «me gusta». El control comprende decidir a quién puede seguir o bloquear la pareja y qué puede publicar. La intrusión abarca revisar mensajes o activar el rastreo de ubicación; el aislamiento, obligar a abandonar chats y redes; y la intimidación, imponer una disponibilidad constante mediante mensajes y avisos de lectura.

La clasificación pretende proporcionar un vocabulario reconocible antes de que estas conductas escalen. También desplaza la atención desde una función tecnológica aislada hacia la forma en que se utiliza: compartir una ubicación o una clave no constituye por sí mismo una agresión, pero sí puede formar parte de un patrón cuando existe presión, miedo, castigo o pérdida de autonomía.

Una demanda asistencial en crecimiento

Los datos de Refuge, una de las organizaciones participantes, aportan una referencia sobre la presión que ya reciben los servicios especializados. La entidad registró durante 2025 un incremento superior al 62 % en las derivaciones relacionadas con abuso digital. Sus cifras posteriores contabilizaron 967 derivaciones a su equipo de abuso tecnológico y económico entre abril de 2025 y marzo de 2026, frente a 542 en el periodo anterior.

Ese cambio equivale a un aumento del 78 %, según los últimos datos publicados por Refuge. Los periodos estadísticos no son idénticos, por lo que ambas cifras no deben leerse como una misma serie, aunque sí apuntan a una demanda asistencial creciente vinculada al uso abusivo de la tecnología.

YSL Beauty creó el programa en 2020 en torno a la formación interna, las alianzas con ONG, la investigación académica y la educación pública, y actualmente lo mantiene activo en 30 mercados. La adaptación digital amplía su componente preventivo, pero también evidencia una necesidad operativa para plataformas, instituciones y entidades asistenciales: formar a sus equipos para reconocer patrones de coerción que atraviesan varias aplicaciones y ofrecer respuestas que preserven la seguridad sin expulsar a la víctima de su vida digital.

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