Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
La edición de 2026 del Mobile World Congress (MWC) en Barcelona no llega como un escaparate de conceptos abstractos, sino como la confirmación de una infraestructura que empieza a tocar suelo. Tras años de narrativa centrada en la capacidad de cómputo en la nube, el evento, que se celebra del 2 al 5 de marzo, traslada el foco hacia la ejecución en el plano tangible.
La inteligencia artificial deja de ser un motor de búsqueda o un generador de texto para convertirse en el tejido que conecta entornos industriales, urbanos y domésticos. Esta transición hacia la denominada IA física plantea un escenario donde la conectividad ya no es el fin último, sino el soporte necesario para que la autonomía de las máquinas sea funcional en el mundo real.
El despliegue técnico que se verá en los pabellones de Fira de Barcelona sugiere un cambio en la jerarquía de prioridades de los directivos tecnológicos. Según explica Joan Mas, director científico del Área Digital de Eurecat, el congreso situará la inteligencia artificial como una pieza clave para la competitividad, integrada de forma directa en la toma de decisiones y orientada a resultados operativos que van desde el diseño conceptual hasta la gestión diaria de activos. No se trata solo de optimizar procesos, sino de reconfigurar la arquitectura misma de la producción. En este entorno, la IA ya no espera instrucciones; empieza a actuar bajo una lógica de agentes autónomos que operan en flujos de trabajo complejos.
La red de telecomunicaciones, la columna vertebral de este ecosistema, afronta su propia transformación estructural. Las operadoras presentes en el MWC 2026 están virando hacia arquitecturas reconfigurables, donde la IA gestiona el enrutamiento del tráfico de forma dinámica para maximizar la resiliencia del sistema. El 5G, ya maduro en su despliegue, convive ahora con las primeras hojas de ruta sólidas hacia el 6G. Esta evolución busca responder a una demanda de latencia casi inexistente, obligatoria si se pretende que los gemelos digitales y el mantenimiento predictivo funcionen en tiempo real sin fisuras en la cadena de mando digital.
Sin embargo, el verdadero vector de disrupción silenciosa en esta edición es la computación cuántica. Aunque todavía se percibe como una tecnología de horizonte lejano para el tejido empresarial medio, el MWC 2026 muestra los primeros signos de una preparación estratégica.
Las compañías ya no preguntan qué es la cuántica, sino cómo preparar sus bases de datos para cuando la hibridación entre esta y la inteligencia artificial sea una realidad comercial. Lali Soler, directora del Área Digital de Eurecat, destaca que ambas tecnologías han comenzado a retroalimentarse, buscando una eficiencia que el silicio tradicional empieza a encontrar difícil de sostener por sí solo. Es un punto de inflexión donde la capacidad de procesamiento encuentra un nuevo techo que alcanzar.
Esta convergencia tecnológica presiona a los niveles de dirección a replantearse sus inversiones en infraestructura. La adopción de la IA agentiva, sistemas capaces de ejecutar tareas con autonomía dentro de la operativa empresarial, supone un salto cualitativo respecto a la automatización básica. Si en ediciones anteriores el debate giraba en torno a la captura de datos, en 2026 el interés se desplaza hacia la soberanía de esos datos y la capacidad de las empresas para procesarlos en el borde (edge computing) sin depender constantemente de grandes centros de datos externos. La eficiencia ya no es solo una cuestión de velocidad, sino de autonomía y seguridad en la ejecución local.
Pese al optimismo tecnológico, persisten tensiones en la implementación. La integración de gemelos digitales en entornos industriales requiere una estandarización de protocolos que todavía se antoja fragmentada. Las empresas se encuentran con un catálogo de soluciones potentes, pero con dificultades para hacer que estas «hablen» entre sí de manera fluida. El MWC sirve aquí como un terreno de negociación técnica más que comercial, donde se definen los estándares que permitirán que un brazo robótico en una fábrica de Martorell sea gestionado por una IA cuya arquitectura fue diseñada a miles de kilómetros.
El impacto en la operativa de las redes también obliga a las telecos a redefinir su papel. Ya no actúan meramente como proveedores de tuberías de datos, sino como gestores de inteligencia distribuida. La gestión del tráfico de comunicaciones mediante algoritmos predictivos es hoy una necesidad de supervivencia ante el aumento exponencial del consumo de datos por parte de dispositivos IoT y sistemas de visión artificial. La conectividad global que promete el avance hacia el 6G no es solo una cuestión de cobertura, sino de densidad: la capacidad de soportar millones de dispositivos interactuando simultáneamente en espacios reducidos sin degradación del servicio.
En el ámbito doméstico y urbano, la IA física se traduce en una gestión de recursos mucho más agresiva. Los sistemas de energía, movilidad y residuos empiezan a ser gestionados por modelos que aprenden del comportamiento del ciudadano en tiempo real. Esta aplicación práctica es la que genera el retorno de inversión más inmediato para las administraciones públicas y las grandes corporaciones de servicios, aunque también abre debates sobre la privacidad y la ética de la delegación de decisiones críticas en sistemas autónomos. El congreso no resuelve estas dudas, pero las pone sobre la mesa a través de demostraciones técnicas que fuerzan a los reguladores a acelerar su ritmo.
La presencia de empresas españolas en este ecosistema refleja una especialización creciente en la aplicación de estas tecnologías a sectores verticales como la salud, la automoción y la energía. El enfoque ya no es el desarrollo de la IA generalista, sino la verticalización de soluciones que resuelvan problemas específicos de la industria local. Este pragmatismo es lo que define el tono de las reuniones de alto nivel en la Fira: menos demostraciones de fuegos artificiales visuales y más análisis de costes marginales y ganancias de eficiencia operativa.
La incógnita que se despejará a partir del 2 de marzo es si la infraestructura cuántica y las redes de nueva generación son capaces de sostener el peso de una inteligencia artificial que ya no quiere estar encerrada en servidores, sino moviéndose por las calles y las fábricas. La industria espera que este congreso sea el punto de partida para una implementación real, alejándose del ruido mediático de años anteriores para centrarse en la viabilidad económica y operativa de la próxima gran ola tecnológica.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
