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Los bancos reevalúan el riesgo de la financiación de IA

Los bancos reevalúan el riesgo de la financiación de IA

  • La financiación de la IA afronta más escrutinio bancario ante el aumento de la deuda, el coste del capital y las dudas sobre el retorno de los centros de datos.
Inteligencia artificial - Inversión

El despliegue de inteligencia artificial está entrando en una fase en la que el acceso al capital empieza a importar tanto como la disponibilidad de chips o electricidad. Después de varios años en los que los grandes proyectos de infraestructura tecnológica encontraron financiación con relativa facilidad, bancos e inversores están revisando el riesgo de la financiación de la IA, especialmente en centros de datos y otras inversiones que requieren grandes desembolsos iniciales y tardan años en recuperar el capital.

Tan Su Shan, consejera delegada de DBS Group, considera que el mercado ya está ajustando el precio de ese riesgo. «The market has spoken», afirmó en una entrevista con Bloomberg. A su juicio, los inversores están exigiendo mayores retornos y prestando más atención a las estructuras de las operaciones para comprobar que el dinero dirigido al ecosistema de inversión en IA pueda generar a largo plazo los flujos necesarios para remunerar a acreedores y accionistas.

La advertencia resulta significativa por el volumen que maneja DBS. El mayor banco del Sudeste Asiático ha originado durante 2026 alrededor de 25.000 millones de dólares de Singapur, unos 20.000 millones de dólares estadounidenses, en operaciones vinculadas con IA. Buena parte corresponde a préstamos sindicados en los que la entidad actúa como coordinador y posteriormente distribuye el riesgo entre otros financiadores. El dinero se destina principalmente a infraestructura física, desde semiconductores y memorias hasta centros de datos.

Ese modelo permite a los bancos participar en el crecimiento de la infraestructura digital sin mantener necesariamente toda la exposición en balance. También extiende el riesgo hacia aseguradoras, fondos de crédito privado, inversores en bonos y otros participantes del mercado.

La deuda gana peso en la expansión de la IA

Durante la primera etapa del actual ciclo inversor, buena parte del gasto podía financiarse con la caja generada por grupos tecnológicos con balances excepcionalmente sólidos. Esa situación está cambiando a medida que aumenta la escala de los proyectos.

S&P Global estimaba a comienzos de 2026 que los grandes proveedores de infraestructura en la nube podían destinar en conjunto unos 625.000 millones de dólares durante el año a centros de datos. La expansión está incorporando progresivamente crédito privado, financiación respaldada por activos, préstamos bancarios, bonos corporativos y titulizaciones. Esa diversificación multiplica las fuentes de capital disponibles, pero también hace más difícil determinar dónde termina concentrándose el riesgo.

El Fondo Monetario Internacional ya calculaba en abril que el gasto relacionado con IA de los grandes proveedores tecnológicos podría alcanzar 3,4 billones de dólares hasta 2029. Aunque estas compañías conservaban entonces una elevada generación de caja, el organismo advertía de que sus recursos propios podían resultar insuficientes para cubrir todo el ciclo inversor. Desde enero de 2025, los hyperscalers habían captado más de 100.000 millones de dólares mediante bonos, además de recurrir a préstamos y otras estructuras financieras.

La tendencia se ha intensificado. El FMI señaló este martes que los hyperscalers representan ya alrededor del 10% de la emisión mundial de bonos con grado de inversión, una concentración que aumenta la sensibilidad de los mercados de crédito a cualquier deterioro de las expectativas sobre la rentabilidad de la IA.

Los inversores han empezado a mostrar mayor selectividad. La financiación vinculada con IA alcanzó unos 113.000 millones de dólares en junio, según datos de Morgan Stanley recogidos por Financial Times, pero descendió hasta 23.000 millones en septiembre. Entre enero y agosto se habían colocado aproximadamente 306.000 millones de dólares de bonos relacionados con IA en el mercado estadounidense de grado de inversión.

El ajuste todavía está lejos de equivaler a un cierre del mercado. Empresas con buenos balances siguen encontrando demanda, pero las condiciones empiezan a diferenciar con mayor claridad entre emisores, proyectos y garantías.

El centro de datos deja de parecer un activo casi uniforme

La reevaluación afecta especialmente a los centros de datos. Durante años, estos activos se beneficiaron de contratos de larga duración, clientes con alta calidad crediticia y una demanda creciente de servicios digitales. La IA ha añadido una nueva escala de inversión y también nuevas variables.

Un proyecto depende ahora de que exista suficiente demanda de capacidad de cómputo, pero también de disponer de electricidad, conexión a la red, refrigeración, suelo y chips en los plazos previstos. Un retraso en cualquiera de esos elementos puede posponer los ingresos mientras continúan acumulándose intereses y costes de construcción.

La Autoridad Bancaria Europea advertía en junio de que los préstamos asociados a infraestructura de IA pueden verse afectados por retrasos en las obras, un eventual exceso de capacidad de centros de datos y restricciones en el suministro eléctrico. El organismo recuerda además que el crédito privado asumió más de un tercio de las operaciones relacionadas con IA en 2025, frente al 17% registrado como media durante los cinco años anteriores.

El Banco Central Europeo también ha situado el fenómeno entre los riesgos que conviene vigilar. Su informe de estabilidad financiera de mayo señalaba que empresas e infraestructura vinculadas con IA recurren progresivamente a financiación mediante deuda. La combinación de fuertes subidas de valoración bursátil y rápido crecimiento del endeudamiento empresarial ha precedido históricamente a episodios de inestabilidad financiera con mayor frecuencia que cualquiera de esos factores por separado.

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La diferencia entre proyectos puede adquirir así más peso en la fijación del precio del crédito. Un centro de datos respaldado por contratos firmes con varios clientes solventes, suministro eléctrico asegurado y costes de construcción controlados presenta un perfil distinto al de una instalación cuyo retorno depende de previsiones de demanda todavía sin materializar.

Europa depende menos de la deuda, pero tiene otro problema

La situación europea presenta una particularidad. Las empresas de la zona euro recurren mucho menos a los mercados de capitales para financiar sus inversiones en IA que sus equivalentes estadounidenses.

Datos analizados por economistas del BCE muestran que alrededor del 72% de las compañías de la zona euro prevé financiar estas inversiones con recursos internos. Apenas un 16% plantea recurrir a préstamos bancarios, un 6% a capital riesgo o ampliaciones de capital y alrededor del 1% a emisiones de deuda.

Esta menor dependencia del endeudamiento reduce determinadas exposiciones financieras, pero también refleja las dificultades europeas para financiar activos intangibles, software e innovación mediante fuentes externas. El endurecimiento de los criterios de riesgo podría ampliar esa diferencia si bancos e inversores concentran el capital disponible en grandes operadores o en proyectos con garantías físicas y contratos de largo plazo.

España tiene una exposición creciente a esa dinámica a través de la expansión de centros de datos. Aragón, uno de los principales polos europeos emergentes, acumula proyectos que podrían superar los 60.000 millones de euros de inversión durante la próxima década. Amazon ha anunciado allí una inversión de 33.700 millones de euros en infraestructura cloud, mientras otros operadores desarrollan nuevas instalaciones atraídos por disponibilidad de suelo, acceso energético y procedimientos administrativos acelerados.

Una subida del coste de financiación puede modificar la economía de estos proyectos incluso sin frenar la demanda de IA. Mayores tipos, primas de riesgo más elevadas o exigencias superiores de capital propio reducen la rentabilidad esperada y pueden retrasar instalaciones que todavía carecen de clientes contratados o suministro eléctrico garantizado.

El cambio señalado por DBS apunta así hacia una etapa distinta del ciclo inversor. Los bancos continúan financiando infraestructura de IA, pero el crecimiento del mercado está obligando a separar con mayor precisión el riesgo tecnológico del riesgo financiero. Para empresas de IA, operadores de centros de datos y proveedores de infraestructura, la disponibilidad de capital seguirá siendo elevada mientras exista demanda, aunque cada proyecto tendrá que demostrar con mayor claridad cómo convertirá el gasto actual en flujos de caja capaces de sostener su deuda durante los próximos años.

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