Felipe VI ha recibido este martes, 20 de octubre, a una representación de las scaleups españolas agrupadas en EsTech, la plataforma impulsada por Adigital para representar a compañías tecnológicas de alto crecimiento. La audiencia, celebrada en el Palacio de La Zarzuela, ha servido para trasladar al jefe del Estado el papel que estas empresas reivindican en la generación de empleo cualificado, el desarrollo de tecnología y propiedad intelectual y la internacionalización de la economía española.
El encuentro refleja también la evolución del ecosistema emprendedor español. Una parte de las compañías nacidas durante la última década ha dejado atrás las primeras fases de financiación y busca ahora consolidar negocios con presencia internacional, plantillas crecientes y mayores necesidades de capital. EsTech centra precisamente su actividad en esa etapa, en la que las empresas se enfrentan a problemas diferentes de los de una startup recién creada.
La plataforma nació en 2022 con nueve compañías fundadoras y en mayo de 2026 había alcanzado los 24 miembros. Su composición abarca actividades como movilidad, inteligencia artificial, computación cuántica, semiconductores, energía, servicios financieros, turismo o tecnología inmobiliaria, una diversidad que muestra cómo el crecimiento empresarial basado en tecnología se extiende ya más allá de los negocios puramente digitales.
Un ecosistema que gana tamaño y capital
La reivindicación de las scaleups llega en un momento de crecimiento del sector tecnológico español. El valor conjunto del ecosistema tecnológico del país alcanzó los 125.000 millones de euros en 2026, 2,3 veces más que en 2020, lo que sitúa a España como el octavo ecosistema tecnológico de Europa por valor empresarial, de acuerdo con el Spanish Tech Ecosystem Report 2026 elaborado por Dealroom junto a distintos agentes del mercado.
La recuperación de la inversión también ha ampliado la capacidad de algunas compañías para avanzar hacia fases de mayor tamaño. Las startups españolas captaron 3.100 millones de euros de capital riesgo durante 2025, frente a 1.900 millones un año antes. Fue el tercer mejor ejercicio registrado, después de los máximos alcanzados en 2021 y 2022. Madrid recibió alrededor de 1.200 millones y Barcelona otros 1.100 millones, más de dos tercios de toda la inversión contabilizada en España durante el año.
El crecimiento tampoco se limita a los dos mayores polos. Valencia, Málaga, Bilbao o San Sebastián han desarrollado comunidades tecnológicas propias, aunque con diferencias importantes de tamaño, especialización y acceso a financiación. Para las empresas que consiguen superar las primeras rondas, la capacidad de continuar creciendo desde España depende cada vez más de factores como el acceso a capital de expansión, la disponibilidad de perfiles técnicos y directivos y la posibilidad de competir internacionalmente sin trasladar fuera del país sus centros de decisión.
Durante la audiencia, las empresas defendieron precisamente su capacidad para crear empleo, atraer inversión extranjera y desarrollar propiedad intelectual desde España. Alister Moreno, presidente de EsTech y fundador y consejero delegado de Clikalia, sostuvo que «las scaleups españolas son ya un activo estratégico para nuestro país. Empresas que nacen y crecen aquí, compiten con los mejores del mundo y contribuyen a generar prosperidad».
Moreno añadió que «una parte del IBEX tecnológico del futuro se está construyendo hoy en España», una referencia a la aspiración del sector de aumentar el peso de empresas tecnológicas españolas de gran tamaño dentro de la estructura empresarial del país.
De crear startups a conseguir que sigan creciendo
La consolidación de compañías de mayor dimensión plantea un problema distinto al de fomentar su nacimiento. España cuenta desde finales de 2022 con la Ley de fomento del ecosistema de las empresas emergentes, conocida como Ley de Startups, que introdujo incentivos fiscales, cambios en la tributación de las stock options y medidas destinadas a facilitar la llegada de inversión y profesionales internacionales.
Ese régimen, sin embargo, está concebido expresamente para empresas en sus primeras etapas. Con carácter general, una compañía pierde la condición legal de empresa emergente cuando supera los cinco años desde su constitución, siete en determinados sectores, o cuando su volumen anual de negocio rebasa los 10 millones de euros, entre otros supuestos.
Ese límite ayuda a explicar por qué las scaleups han comenzado a reclamar políticas diferenciadas. Las necesidades de una empresa que ya factura decenas o cientos de millones, contrata en varios mercados o prepara rondas de financiación de gran tamaño son distintas de las de una startup que intenta validar por primera vez su modelo de negocio.
EsTech presentó en 2024 un Plan Nacional para la Escalabilidad centrado precisamente en esa fase. Entre las áreas que la organización ha situado en su agenda aparecen el acceso a financiación, la atracción y retención de talento, una mayor participación empresarial española en las políticas europeas y la creación de condiciones que permitan mantener en España compañías tecnológicas con capacidad para operar globalmente. La propia Casa del Rey recoge esta iniciativa entre las principales líneas de trabajo de la plataforma.
La competición por retener empresas tecnológicas
La dimensión internacional resulta especialmente relevante para este tipo de compañías. Buena parte de las scaleups construyen desde etapas tempranas negocios orientados a múltiples mercados, de modo que la elección del país desde el que concentran inversión, talento o propiedad intelectual puede cambiar a medida que crecen.
Susana Voces, presidenta de Adigital, vinculó durante el encuentro esa capacidad empresarial con la competitividad del país. «Un sector tecnológico fuerte es una de las mejores apuestas de futuro y de cohesión para un país. Estas compañías demuestran cada día que el talento y la innovación españolas pueden competir al más alto nivel y proyectar la mejor imagen de España en el mundo», afirmó.
El aumento del tamaño del ecosistema español ofrece una base más amplia para que algunas de esas empresas alcancen una escala internacional. También eleva las exigencias sobre el mercado de capitales, la fiscalidad, la contratación de perfiles especializados y la regulación de tecnologías que evolucionan con rapidez.
Para España, la siguiente fase del desarrollo tecnológico dependerá por tanto de cuántas de las compañías que ya han superado la etapa inicial consiguen mantener aquí una parte sustancial de su empleo, inversión, propiedad intelectual y capacidad de decisión mientras aumentan su presencia internacional. La audiencia de EsTech en Zarzuela sitúa esa cuestión, la transición desde un ecosistema capaz de crear startups hacia otro capaz de conservar empresas tecnológicas de mayor dimensión, dentro de la agenda institucional.
