Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
La inteligencia artificial está abriendo nuevas posibilidades para mejorar la productividad, acelerar la investigación científica y transformar el funcionamiento de las empresas. Al mismo tiempo, la concentración de capacidades tecnológicas y económicas en un número reducido de compañías plantea interrogantes sobre quién orienta ese desarrollo y cómo se distribuirán sus beneficios. Para Pedro Mier, presidente de Nausika y expresidente de AMETIC, ambas cuestiones deberían formar parte de una misma conversación.
Mier lleva décadas vinculado a la industria tecnológica española. Fundó Mier Comunicaciones, presidió AMETIC entre 2017 y 2024 y actualmente también preside Open Cosmos España. Desde Nausika, una iniciativa que reúne a profesionales procedentes del ámbito empresarial, académico y de la innovación, defiende que el debate tecnológico debe incorporar de forma explícita sus consecuencias económicas y sociales.
Durante una conversación con La Ecuación Digital, introduce una distinción que resume buena parte de su planteamiento. Una tecnología puede generar resultados positivos, como aumentar la productividad, y al mismo tiempo contribuir a una mayor concentración de riqueza si sus beneficios quedan en pocas manos.
«No es suficiente el bien, hay que aspirar al bien común, o sea, al bien de toda la sociedad, y ese es nuestro objetivo», afirma.
La reflexión llega en un momento en el que las empresas están acelerando sus inversiones en IA y los gobiernos intentan encontrar un equilibrio entre competitividad, regulación y autonomía tecnológica. Mier considera que el desarrollo de estas capacidades es imprescindible, pero insiste en que las decisiones sobre su utilización deben responder también al modelo de sociedad que se pretende construir.
Nausika: de la reindustrialización a la tecnología para el bien común
Nausika se presentó públicamente en octubre de 2025, aunque sus orígenes se remontan a varios años antes. La iniciativa surge de un grupo de reflexión creado por Mier en 2019, durante su presidencia de AMETIC, con una composición que combinaba profesionales del mundo empresarial y de la innovación con representantes del ámbito académico.
«El grupo en la etapa AMETIC tenía el objetivo de sensibilizar sobre la necesidad y la importancia de la reindustrialización, y muy en particular de reindustrialización a través de la digitalización. Ese era su objetivo», recuerda.
Durante aquella etapa, sus integrantes elaboraron alrededor de medio centenar de reflexiones que terminaron reunidas en una publicación. Al concluir el mandato de Mier en la patronal, el grupo decidió mantener su actividad y ampliar el alcance de sus preocupaciones.
La continuidad era importante para sus miembros, que habían desarrollado una dinámica de trabajo compartida y consideraban que podían seguir aportando conocimiento desde una posición independiente. El nuevo proyecto también respondía a una percepción sobre el debate público que rodeaba a las tecnologías digitales.
Mier sitúa el origen de esta segunda etapa a finales de 2024, cuando observaban que buena parte de la conversación sobre la inteligencia artificial y otras tecnologías se concentraba en sus riesgos. Las pantallas, la manipulación de información o los usos perjudiciales de los sistemas digitales ocupaban un espacio considerable, mientras que sus aplicaciones positivas recibían, a su juicio, menos atención.
«Se hablaba mucho de los riesgos de la inteligencia artificial, de los males que causaban […] y no se hablaba prácticamente de los beneficios que estaba trayendo en muchos ámbitos», explica.
De esa reflexión nace una organización con un propósito más amplio que el de su etapa anterior. La reindustrialización y la innovación continúan ocupando un lugar central, pero ahora se incorporan sus efectos sobre el empleo, la educación, la salud, la cohesión social y las oportunidades de las personas.
Mier define Nausika como un grupo de reflexión y acción, lo que en inglés denomina un «think and do tank». La distinción resulta relevante porque su propósito declarado es que los análisis terminen convirtiéndose en actuaciones.
«Lo que pretendemos es escoger temas que creemos que son de interés, reflexionar sobre ellos y después hacer propuestas que al final impacten», explica. Su objetivo, añade, consiste en «sensibilizar por una parte y después impactar, proponer acciones que sean viables, que sean prácticas».
La organización reúne, entre otros, a Antón Costas, Sara de la Rica, Xavier Ferràs, Guillermo Dorronsoro, Francisco Marín, Emma Fernández, Felipe Romera y José María Lassalle. Una combinación de perfiles que busca aportar distintas perspectivas sobre las relaciones entre tecnología, economía y sociedad.
Su independencia respecto de partidos políticos, empresas e instituciones forma parte de su planteamiento fundacional. Sin embargo, Mier reconoce que la capacidad de influencia no se consigue únicamente mediante propuestas técnicamente fundamentadas. Considera necesario construir previamente una opinión pública informada que permita impulsar cambios.
«En la medida que nosotros somos capaces de informar, de dar una información independiente, útil, nueva, y que eso sensibilice la opinión pública, pues a partir de ahí podremos actuar, podremos influir», sostiene.
Ese recorrido entre reflexión, sensibilización y acción será una de las cuestiones que Nausika tendrá que demostrar a medida que avance su actividad.
El desafío de repartir los beneficios de la inteligencia artificial
El concepto de bien común constituye el principal elemento de diferenciación que Mier atribuye a la organización. Aunque reconoce las aportaciones del movimiento internacional «Tech for Good», considera que promover aplicaciones positivas de la tecnología no garantiza que sus beneficios alcancen a toda la sociedad.
Su ejemplo es el aumento de la productividad. La inteligencia artificial puede permitir que una empresa produzca más, reduzca costes o mejore sus resultados. Sin embargo, esas ganancias pueden traducirse en mejores salarios, nuevas oportunidades y crecimiento económico, o concentrarse principalmente en los propietarios de las tecnologías y las organizaciones que las utilizan.
«La tecnología, el bien puede ser, es de hecho el incremento de la productividad. Pero claro, ese incremento de la productividad puede favorecer, como después se reparta, favorece a unos pocos», señala.
Para Mier, esta cuestión está directamente relacionada con el modelo económico que se configure alrededor de la inteligencia artificial. No cuestiona la importancia de aumentar la productividad, que considera una condición necesaria para mejorar la prosperidad, pero entiende que el resultado depende también de cómo se distribuya el valor generado.
«Este seguramente es el tema más importante, porque efectivamente la mejora de la productividad es la condición sine qua non para la mejora de la riqueza, de la economía. Y la clave está en eso, cómo se reparte».
La reflexión conecta con los trabajos del economista Dani Rodrik, profesor de Harvard Kennedy School y codirector del programa «Reimagining the Economy», que participará en el próximo encuentro de Nausika en Barcelona.
Mier destaca especialmente la necesidad de situar la creación de buenos empleos, el fortalecimiento de las clases medias y la distribución de los beneficios económicos entre las prioridades del desarrollo tecnológico. En su interpretación, se trata de orientar el funcionamiento de la economía para que las mejoras de productividad generen oportunidades más amplias.
En ese proceso concede una importancia especial a los valores que guían las decisiones empresariales y políticas.
«Esto no es un tema ni de controles, ni de barreras, ni de procedimientos. Este es un tema de valores», afirma.
Su posición introduce un matiz respecto de buena parte del debate regulatorio actual. Mier no plantea que se deba detener el desarrollo tecnológico, sino influir en los objetivos que determinan sus aplicaciones. Considera que los sistemas digitales, incluidos los algoritmos, reflejan decisiones previas sobre aquello que se pretende conseguir.
La diferencia, explica, está entre una sociedad que establece como prioridades los buenos empleos, la productividad y la cohesión social, y otra que concede mayor capacidad de decisión a quienes controlan las tecnologías, bajo el argumento de que deben poder desarrollarlas sin restricciones.
«Si los valores por los que apostamos como sociedad son eso, que los buenos empleos son importantes, la cohesión social es importante, la productividad es importante […] pues esos son unos valores», señala.
Ese planteamiento abre también una cuestión práctica: cómo convertir los principios compartidos en decisiones empresariales, mecanismos institucionales y políticas públicas capaces de influir en el reparto de los beneficios de la tecnología.
Nausika aspira a participar en esa definición, aunque el desarrollo de instrumentos concretos para trasladar sus principios al funcionamiento de la economía sigue siendo uno de sus principales desafíos.
Europa: defender los valores también exige capacidad tecnológica
La conversación se traslada al papel de Europa en un escenario internacional marcado por la competencia tecnológica, la concentración de inversiones en inteligencia artificial y las crecientes disputas geopolíticas.
Mier se declara partidario de defender el modelo social europeo, aunque advierte que dentro de la propia Unión existen diferencias importantes sobre los valores y prioridades que deben orientar las políticas públicas.
Su posición combina esa defensa con un compromiso explícito con la autonomía estratégica, la soberanía tecnológica y el fortalecimiento de la industria.
«Defendemos la inversión en tecnología, defendemos la innovación, defendemos la productividad, defendemos la competitividad como el que más», asegura.
Para el presidente de Nausika, Europa necesita desarrollar capacidades propias que le permitan participar en las decisiones internacionales desde una posición de mayor fortaleza. La cuestión adquiere especial relevancia cuando una parte importante de las tecnologías digitales, las infraestructuras y los modelos avanzados de inteligencia artificial dependen de proveedores de otras regiones.
La defensa del modelo europeo, en su opinión, requiere mantener el esfuerzo inversor y tecnológico, pero también orientar sus resultados hacia objetivos sociales.
«Nosotros queremos que Europa sea competitiva, que se invierta y que se innove y que se compita. Pero después, que los resultados que se obtengan […] sitúen en primera posición que al final tengamos una sociedad cohesionada, segura, donde la gente, todo el mundo pueda progresar».
La dificultad aparece cuando Europa debe competir con actores que operan bajo reglas y prioridades diferentes. Mier reconoce que las condiciones internacionales distan de ser homogéneas y defiende la necesidad de preservar instituciones y normas compartidas para garantizar una competencia equilibrada.
En este contexto, la soberanía tecnológica adquiere una dimensión que va más allá de la independencia de proveedores. Se convierte en una condición para poder intervenir en las decisiones que determinarán el futuro económico y social.
Durante la conversación, desde La Ecuación Digital planteamos una comparación con el fútbol callejero de hace medio siglo, cuando los niños jugaban en parques y plazas siguiendo unas reglas no escritas: quien era dueño del balón tenía la última palabra sobre cómo se jugaba. Una analogía que trasladamos a la actual competencia tecnológica, en la que resulta difícil participar en la definición de las reglas cuando otros controlan las tecnologías esenciales.
Mier recoge la analogía y la relaciona directamente con la autonomía tecnológica europea.
«Por eso es tan importante la soberanía tecnológica, la autonomía estratégica […] es la condición sine qua non para poder, es el balón», responde, antes de concluir que se trata de «una prioridad total».
Pero disponer de autonomía tecnológica también exige contar con una industria capaz de transformar el conocimiento en productos, servicios y actividad económica. Y es aquí donde Mier identifica una de las principales debilidades de España, especialmente acusada dentro de la conocida «paradoja europea»: la dificultad para trasladar los avances de la investigación científica al tejido empresarial.
«La investigación se produce en los laboratorios, pero la innovación se produce en las empresas», afirma. A su juicio, España ha avanzado considerablemente en el reconocimiento social de la investigación, pero todavía no comprende suficientemente el papel de las empresas como vehículo para transformar ese conocimiento en empleo, productividad y bienestar. También cuestiona los incentivos del sistema académico, que considera demasiado orientados a las publicaciones científicas y poco favorables a la transferencia de conocimiento. «Los incentivos están equivocados. Hay que poner incentivos correctos», sostiene.
Mier considera que España dispone de investigadores, profesionales y empresas con capacidad para competir internacionalmente, pero necesita crear mejores condiciones para que puedan desarrollar sus proyectos y crecer. «Tenemos buenos profesionales en España […] y tenemos empresas capaces y con ganas. Lo que hay que hacer es volcarse en que puedan desarrollarse, puedan crecer, y que los incentivos en los dos ámbitos favorezcan que eso ocurra».
Empleo, educación y salud: trasladar los principios a las decisiones
Nausika ha organizado su trabajo alrededor de distintas áreas en las que considera que la innovación tecnológica puede producir cambios sociales especialmente importantes. Entre ellas destacan el empleo, la educación y la salud, junto con una reflexión transversal sobre los valores que deberían orientar el desarrollo tecnológico.
El empleo fue uno de los primeros ámbitos de actuación. En octubre de 2025, la plataforma puso en marcha el Observatorio de Buenos Empleos, destinado a estudiar las consecuencias de la transformación tecnológica sobre el mercado laboral.
Su punto de partida es una definición del empleo de calidad que va más allá de la remuneración.
«Buenos empleos […] no solo tienen que estar bien pagados, sino que te tienen que dar la posibilidad de desarrollar un proyecto profesional de vida a largo plazo», explica Mier.
La formación continua, las posibilidades de desarrollo profesional y la capacidad de participar en las decisiones del entorno laboral también forman parte de esa concepción.
El observatorio seleccionó diez áreas de actividad económica para analizar cómo están evolucionando los perfiles profesionales y las condiciones de trabajo. Mier menciona, entre otros ejemplos, los cambios en la logística y el impacto de la inteligencia artificial en las consultoras, especialmente sobre los perfiles más jóvenes.
La posible sustitución de determinadas tareas realizadas tradicionalmente por profesionales júnior preocupa porque puede alterar tanto el acceso al empleo como los mecanismos de aprendizaje y progresión profesional.
Mier reconoce que la velocidad del cambio obliga a revisar continuamente los análisis. Perfiles que hace apenas unos años parecían tener unas perspectivas de demanda especialmente favorables están experimentando transformaciones difíciles de anticipar.
En educación, la organización pretende abordar una dificultad todavía más estructural: preparar a ciudadanos de todas las edades para desenvolverse con autonomía y criterio en una sociedad en la que los sistemas algorítmicos tendrán una presencia creciente.
Para Mier, esa preparación afecta tanto a los niños que comienzan su formación como a los adultos que necesitan adaptar sus capacidades a nuevas condiciones profesionales y sociales.
El presidente de Nausika considera especialmente importante revisar el papel del profesorado. Defiende mejorar su reconocimiento, sus condiciones profesionales, su preparación y su autoridad dentro del sistema educativo.
«El enseñante tiene que estar bien pagado, tiene que estar prestigiado, tiene que tener nivel, tiene que tener autoridad», señala.
Pero la propuesta más concreta que adelanta durante la entrevista está relacionada con la actualización de los contenidos educativos.
Mier plantea la creación de un consejo consultivo profesional e independiente de los partidos políticos, integrado por especialistas en educación, que revise anualmente los programas y proponga las adaptaciones necesarias.
La idea responde a una dificultad que identifica en los sistemas actuales: los procedimientos educativos y administrativos evolucionan mucho más lentamente que las tecnologías que están transformando las competencias necesarias.
«Esa revisión anual creemos que es imprescindible y que se tiene que hacer desde un ámbito desideologizado, desde un ámbito profesional», explica.
El planteamiento no elimina las dificultades políticas e institucionales necesarias para introducir cambios en el sistema educativo. Mier reconoce esa complejidad, pero confía en que una opinión social suficientemente amplia pueda impulsar consensos y obligar a las instituciones a actuar.
La salud constituye el otro gran ámbito en el que Nausika ha trabajado propuestas durante los últimos meses. La iniciativa analiza las posibilidades de la innovación tecnológica y de la inteligencia artificial para mejorar la atención sanitaria, la investigación y la utilización de los datos de salud.
En este trabajo, Mier destaca la participación de profesionales sanitarios, especialistas en innovación y representantes de los pacientes.
La incorporación de estos últimos responde a una convicción de la organización: quienes reciben los servicios y experimentan directamente sus consecuencias deben participar en las reflexiones sobre cómo transformarlos.
«Los pacientes son justamente los que deberían tener voz, ¿no? Y nosotros les hemos dado voz», señala.
Entre los asuntos considerados aparecen los espacios de datos sanitarios y las posibilidades de utilizar nuevas tecnologías para mejorar los procesos asistenciales, aunque las propuestas completas se darán a conocer durante el encuentro de Barcelona.
Barcelona: de la reflexión a las propuestas
El próximo viernes 23 de octubre, Nausika celebrará en CaixaForum Barcelona su encuentro anual bajo el lema «Tecnología para las personas: las propuestas de Nausika«.

La jornada supone un nuevo paso en la evolución de la iniciativa. Tras la presentación del manifiesto fundacional y la puesta en marcha de sus primeras actividades, la organización quiere dar mayor visibilidad a los trabajos realizados por sus grupos de reflexión y trasladar propuestas al debate público.
El programa abordará la transformación de la educación y la salud, la evolución del empleo, la accesibilidad tecnológica y los cambios en el equilibrio internacional de la innovación.
Uno de los protagonistas será Dani Rodrik, que mantendrá una conversación con Antón Costas, presidente del Consejo Económico y Social de España, sobre cómo orientar la transformación económica hacia una prosperidad más inclusiva.
También participará Xavier Ferràs, catedrático de Innovación en ESADE, con una intervención centrada en la inteligencia artificial, la fragmentación internacional y los grandes núcleos de innovación tecnológica.
Guillermo Dorronsoro presentará la evolución del Observatorio de Buenos Empleos, mientras que los grupos dedicados a educación y salud expondrán las propuestas desarrolladas durante los últimos meses.
La accesibilidad tendrá igualmente un espacio específico, con la participación de Lourdes González Perea, responsable de Accesibilidad Tecnológica de Fundación ONCE.
Mier insiste en que las reflexiones de Nausika deben trascender las jornadas y publicaciones para convertirse en propuestas capaces de influir en las decisiones públicas y empresariales. Para ello, la organización busca impulsar un diálogo continuado entre empresas, universidades, administraciones y representantes de la sociedad civil que permita trasladar sus planteamientos a iniciativas concretas.
Sin embargo, su propia definición como grupo de reflexión y acción plantea una exigencia: demostrar que el conocimiento acumulado y la capacidad de interlocución de sus integrantes pueden traducirse en cambios concretos.
Ese será uno de los elementos que permitan evaluar la evolución de Nausika en los próximos años.
Mier insiste en que las reflexiones de Nausika deben trascender las jornadas y publicaciones para convertirse en propuestas capaces de influir en las decisiones públicas y empresariales. Para ello, la organización busca impulsar un diálogo continuado entre empresas, universidades, administraciones y representantes de la sociedad civil que permita trasladar sus planteamientos a iniciativas concretas.
El encuentro de Barcelona representa un nuevo paso en esa dirección. Tras un primer año dedicado a definir sus principios y poner en marcha los grupos de trabajo, Nausika comienza a presentar propuestas en ámbitos como la educación y la salud, mientras continúa analizando las consecuencias de la transformación tecnológica sobre el empleo.
La capacidad de convertir esas iniciativas en decisiones y actuaciones concretas marcará la siguiente etapa de la organización. Una evolución que permitirá comprobar hasta qué punto su aspiración de funcionar como un grupo de reflexión y acción puede contribuir a que los beneficios del progreso tecnológico alcancen al conjunto de la sociedad.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
