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Soberanía digital y gestión de riesgos en la empresa española

Soberanía digital y gestión de riesgos en la empresa española

  • El 47% de los datos sensibles en la nube carece de cifrado. Analizamos cómo la soberanía digital y el control del dato se han vuelto imperativos de negocio en España.
Soberanía digital europea

El concepto de soberanía digital en Europa ha dejado de ser una proclama institucional para transformarse en una variable crítica de la cuenta de resultados. Lo que antes se despachaba en los consejos de administración como un asunto de cumplimiento normativo, hoy es una cuestión de autonomía operativa. En un entorno donde el marco regulatorio se densifica con la llegada de la Directiva NIS2, la EU Data Act y la AI Act, las organizaciones españolas se encuentran ante una disyuntiva técnica: cómo mantener la agilidad de la nube sin ceder el control jurisdiccional de su activo más valioso.

La tensión es evidente. Según los datos que arroja el Thales 2026 Data Threat Report, el 47% de la información sensible de las empresas en la nube carece de cifrado. Esta cifra revela una brecha estructural entre la velocidad de migración hacia infraestructuras externas y la capacidad real de las compañías para securizar esos entornos.

Ya no basta con que los servidores estén físicamente en suelo europeo; la soberanía real exige saber quién puede acceder a esos datos y bajo qué leyes se rige ese acceso. El informe señala que el 70% de los responsables de seguridad ven en la Inteligencia Artificial el principal vector de riesgo para la integridad de su información, lo que añade una capa de complejidad a una infraestructura que ya mostraba signos de fatiga.

Los tres pilares de la autonomía tecnológica

La respuesta a esta vulnerabilidad no es única, sino que se articula en tres dimensiones que definen la resiliencia de una organización moderna. La soberanía de datos, centrada en el control de la ubicación y la protección; la soberanía operacional, que busca eliminar las dependencias externas en la gestión de sistemas; y la soberanía de software, que permite auditar las herramientas que sostienen el negocio. Esta tríada es la que permite a sectores críticos, como la banca o la sanidad, operar en entornos híbridos sin comprometer su mandato de confidencialidad.

Eutimio Fernández, Regional Sales Manager para Iberia en Thales Cybersecurity Products, sostiene que este marco conceptual es hoy una ventaja competitiva. Según explica el directivo, las regulaciones europeas están convirtiendo la soberanía en un requisito de cumplimiento que las propias organizaciones demandan para diferenciarse en el mercado. No se trata solo de evitar sanciones, sino de construir una infraestructura digital sostenible donde la dependencia de terceros no suponga una pérdida de soberanía real sobre la propiedad intelectual o los datos de los clientes.

Sin embargo, el despliegue de la IA agéntica ha introducido una variable que pocos anticiparon. Estos sistemas automatizados requieren un acceso profundo a los flujos de información para ser efectivos, lo que a menudo choca con los controles de seguridad tradicionales. El riesgo ya no es solo una intrusión externa, sino la exposición inadvertida de datos críticos por parte de los propios procesos de automatización internos.

El cifrado como barrera jurisdiccional

Ante la hegemonía de los hiperescaladores estadounidenses —que almacenan más del 92% de los datos del mundo occidental según el Foro Económico Mundial—, la tecnología de cifrado se ha convertido en la última línea de defensa soberana. El principio de «Bring Your Own Key» (BYOK) y «Bring Your Own Encryption» (BYOE) surge como la solución técnica a un problema legal. Al mantener el cliente el control total de las llaves, el proveedor de infraestructura cloud pierde la capacidad técnica de acceder a la información, independientemente de la jurisdicción bajo la que opere el centro de datos.

En este ámbito, soluciones como CipherTrust Data Security Platform intentan centralizar la gestión de claves en entornos que son cada vez más fragmentados. La realidad de la empresa española es multicloud por necesidad, lo que multiplica los puntos de fuga. Para mitigar este riesgo, el uso de módulos de seguridad de hardware (HSM), como los de la familia Luna, proporciona una raíz de confianza criptográfica que no depende del software del proveedor de servicios. Es una separación de poderes aplicada a la ciberseguridad: el que guarda el dato no puede ser el mismo que guarda la llave.

La identidad: el eslabón más expuesto

Si el cifrado protege el contenido, la gestión de identidades protege el acceso. El robo de credenciales sigue siendo la puerta de entrada en el 67% de los incidentes en la nube. La identidad ya no es un perímetro estático, sino una superficie de ataque dinámica que se desplaza con el empleado y con el dispositivo. El hecho de que el 50% de las organizaciones identifiquen la gestión de secretos como uno de sus mayores retos subraya una carencia en la higiene digital básica.

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La estrategia de Thales Cybersecurity, apoyada en la distribución de Exclusive Networks, se centra en implementar plataformas de Gestión de Accesos e Identidades (IAM) que soporten autenticación multi-factor (MFA) y passkeys. El objetivo es que la confianza se valide en cada transacción, de forma granular, sin que la seguridad suponga un lastre para la operatividad del usuario. Fernández destaca que la confianza digital debe construirse paso a paso, integrando la protección de identidades con la seguridad de aplicaciones y datos, especialmente tras la incorporación de las capacidades de Imperva al ecosistema de Thales.

Un ecosistema en construcción

La soberanía digital europea no puede entenderse sin los proyectos de infraestructura que intentan equilibrar la balanza frente a los gigantes tecnológicos globales. Iniciativas como GAIA-X, S3NS o el AWS European Sovereign Cloud representan un esfuerzo por crear nubes que nazcan bajo principios de transparencia y auditoría. Thales actúa en estos foros como un socio estratégico que aporta la capa de seguridad necesaria para que estos proyectos sean viables a escala empresarial.

La urgencia es real. El informe State of the Digital Decade 2025 de la Comisión Europea revela que el mayor operador de nube de la Unión Europea apenas retiene un 2% de cuota de mercado en su propio territorio. Esta asimetría no es solo un dato económico; es una vulnerabilidad geopolítica. La soberanía, por tanto, no es una opción de aislamiento, sino la capacidad de elegir con quién y cómo se comparten los activos digitales.

El cierre de este ciclo de transformación no vendrá de una nueva ley, sino de la madurez operativa de las empresas. El desafío para los directivos españoles en los próximos meses será integrar estas herramientas de cifrado e identidad no como parches ante un ataque, sino como el cimiento de una arquitectura que les permita escalar sin perder el control de su propio futuro digital. La soberanía, al final del día, es el derecho a decidir qué parte de la empresa sigue siendo privada en un mundo cada vez más interconectado.

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