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La Unión Europea lanza el Scaleup Europe Fund, un fondo de 5.000 millones de euros gestionado por EQT para financiar scaleups deep tech. Busca evitar que las mejores empresas europeas escalen fuera del continente.
Europa no tiene un problema de ideas, ciencia, talento técnico ni creación de startups. Ese diagnóstico marcó la apertura del EIC Summit 2026, celebrado en Bruselas, donde se presentó el Scaleup Europe Fund , el nuevo vehículo europeo destinado a financiar compañías deep tech en fases avanzadas de crecimiento.
Este diagnóstico que defendieron la Comisión Europea, el European Innovation Council (EIC), EQT y varios de los inversores fundadores fue menos complaciente de lo que podría parecer en una puesta de largo institucional. Europa ha demostrado capacidad para producir investigación de primer nivel, generar startups tecnológicas y levantar compañías con potencial global. Sin embargo, cuando esas empresas necesitan grandes rondas de capital para industrializar, contratar talento senior, fabricar, internacionalizarse o preparar su salto a los mercados públicos, demasiadas veces tienen que buscar financiación fuera del continente.
El Scaleup Europe Fund nace para intervenir en esa fase. Busca movilizar capital privado, no sustituirlo. Se presenta como un fondo de crecimiento gestionado por un operador privado, no como una línea de ayudas, y concentrará capital en scaleups europeas de alto potencial en sectores considerados estratégicos para la competitividad y la soberanía tecnológica de Europa.
La Comisión Europea ha elegido a EQT como asesor de inversión preferente y gestor del fondo tras un proceso competitivo. El vehículo tendrá un tamaño objetivo inicial de 5.000 millones de euros, estará integrado en la estructura paraguas del EIC Fund y aspira a realizar sus primeras inversiones en otoño de 2026, una vez finalizados los acuerdos legales, de gobernanza y de inversión. La ambición política es mayor. Durante la keynote, la comisaria europea de Startups, Investigación e Innovación, Ekaterina Zaharieva, situó el objetivo de medio plazo en 20.000 millones de euros.

«Hoy damos un gran paso adelante. Estamos lanzando el nuevo Scaleup Europe Fund precisamente para ayudar a cerrar esta brecha de financiación», afirmó Zaharieva durante la apertura del summit. Según explicó, el fondo será «el mayor fondo de crecimiento respaldado por la UE para deep tech», con un presupuesto inicial de 5.000 millones de euros y con la aspiración de alcanzar 20.000 millones a medio plazo. También indicó que financiará tickets medios superiores a 100 millones de euros por compañía en ámbitos como digital, biotech, inteligencia artificial, cuántica y salud.
La elección de sectores responde a la agenda industrial europea. El fondo se dirige a tecnologías que la Unión Europea considera críticas para su competitividad futura: inteligencia artificial, computación cuántica, tecnologías duales, energía limpia, tecnología espacial, biotecnología, innovación médica y otros dominios deep tech. EQT agrupa el foco del fondo en sistemas digitales, sistemas industriales y ciencias de la vida, con inversiones en scaleups tecnológicas europeas de la UE y países asociados.
La presentación del fondo tuvo un fuerte componente político. En un mensaje en vídeo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, vinculó el lanzamiento con la necesidad de que Europa sea un lugar donde se crean compañías y también donde se escalan.
«Europa tiene las ideas y el talento para construir las compañías más innovadoras del mundo. Pero cuando escalan, tenemos que asegurarnos de que tienen los medios para crecer, atraer inversión y prosperar aquí, en casa. Los empleos de alta calidad y la competitividad general de Europa dependen de ello», afirmó Von der Leyen.

La presidenta de la Comisión situó el fondo dentro de una agenda más amplia. La financiación es una parte del problema, pero no la única. Según recordó, una empresa que quiere crecer en Europa se enfrenta todavía a 27 sistemas legales y más de 60 formas societarias nacionales. Por eso conectó el Scaleup Europe Fund con la propuesta de EU Inc, un marco societario europeo que permitiría crear una empresa en cualquier lugar de la Unión en 48 horas, completamente online y por menos de 100 euros.
«Queremos que Europa sea el mejor lugar no solo para crear una empresa, sino también para hacerla crecer», señaló Von der Leyen. «Por eso me complace lanzar nuestro nuevo fondo europeo de scaleups. Es el mayor fondo europeo de capital de crecimiento jamás creado».
Para empresas, inversores y administraciones, el mensaje de fondo es que la Comisión no está planteando únicamente un instrumento financiero. Trata de corregir una debilidad estructural del modelo europeo de innovación: la incapacidad de acompañar con capital, mercado y demanda a las empresas que ya han demostrado potencial tecnológico.
La propia Zaharieva lo formuló de forma directa. «El problema no es la innovación, no es el talento. Creo que en Europa tenemos a los mejores científicos deep tech del mundo. Los tenemos», afirmó. Pero, añadió, cuando estas compañías tienen éxito y necesitan escalar, Europa se encuentra con «un problema de liquidez».
Ese problema se ve con claridad en algunos de los ejemplos utilizados durante la apertura. Zaharieva citó el caso de Pasqal, compañía francesa de computación cuántica nacida de la investigación de Alain Aspect, premio Nobel de Física, y apoyada por el EIC. También mencionó a IQM, empresa europea de ordenadores cuánticos cofundada por Jan Goetz, que ha desarrollado sistemas físicos cuánticos y mantiene presencia en Europa, Asia y América.
Para la Comisión, estos casos muestran dos cosas al mismo tiempo: Europa sí puede crear campeones deep tech desde su base científica, pero incluso esas compañías necesitan acceder a rondas de cientos de millones de euros, una dimensión de financiación que todavía no es habitual en el mercado europeo.
«Pasqal e IQM son campeones europeos arraigados en la ciencia europea, respaldados por nuestro European Innovation Council y firmemente anclados en Europa», dijo Zaharieva. «Pero su trayectoria también apunta a una realidad más difícil. Para levantar el capital necesario para su ambición, tuvieron que mirar más allá de Europa».
Ahí entra el Scaleup Europe Fund. El fondo fue desarrollado junto a una coalición de inversores fundadores que incluye a Novo Holdings, EIFO, CriteriaCaixa, Santander/Mouro Capital, Fondazione Compagnia di San Paolo, Intesa Sanpaolo, Fondazione Cariplo, el fondo de pensiones neerlandés ABP a través de APG, y Allianz. Otros inversores han mostrado interés en participar en futuras fases.
El diseño busca mezclar anclaje europeo, gestión privada y lógica de mercado. La Comisión y el EIC aportan impulso institucional, pero el fondo será gestionado por EQT, una de las mayores organizaciones europeas de inversión privada, con experiencia en growth equity, tecnología, salud, infraestructuras y mercados privados. La selección de EQT se ha basado en criterios de experiencia inversora, capacidad de captación de fondos, trayectoria en scaleups y compromiso con un equipo dedicado en la Unión Europea.
Christian Sinding, Institutional Partner de EQT y anterior CEO del grupo, presentó la elección como una responsabilidad empresarial y política. «Sabemos que este es un hito significativo para Europa y sabemos lo que está en juego», afirmó. Según Sinding, cuando EQT lanzó su negocio de venture capital hace 11 años, su principal competidor no era otro fondo europeo, sino la tendencia de los fundadores a irse a Silicon Valley. Ahora, dijo, ocurre algo similar con las scaleups.

«El reto no es, como habéis oído, empezar nuevas compañías respaldadas por venture capital o seed capital. Tenemos fundadores de clase mundial. Tenemos investigación de clase mundial. Tenemos universidades de primer nivel, talento técnico profundo y muchas compañías que se están creando. El reto es escalar esas compañías hasta convertirlas en líderes globales, manteniendo sus raíces aquí, en Europa», explicó.
Sinding introdujo además un dato que ayuda a dimensionar la pérdida de valor. Según su análisis, más de 700.000 millones de euros de valor, calculado a las valoraciones del momento, habrían salido de Europa en los últimos diez años. A valoraciones actuales, esa cifra sería superior. El problema no es únicamente financiero. Cuando una compañía se traslada, también se mueven su sede, parte de su dirección, talento, capacidad de atracción, opciones de salida a bolsa y beneficios asociados al crecimiento.
El fondo quiere actuar contra esa dinámica. EQT afirmó que ya ha identificado un pipeline de más de 1.000 compañías y mantiene diálogo con unas 125. El primer objetivo es comenzar a invertir a comienzos de otoño, pero el planteamiento no se limita a escribir cheques. Sinding insistió en que el capital europeo debe aprender a actuar con más convicción y más rapidez.
«No solo ha faltado capital en Europa, también ha faltado velocidad», afirmó. «Los fondos de crecimiento estadounidenses, los fondos de venture capital estadounidenses, actúan con mucha más convicción. Mucho más rápido de lo que hemos hecho en Europa».
Esta idea explica el alcance real del fondo. Europa compite en volumen de capital y en tiempo de respuesta. En sectores como inteligencia artificial, chips, robótica, energía, defensa o computación cuántica, seis meses de retraso pueden significar perder talento, clientes, propiedad intelectual o posición industrial. La financiación tardía puede convertirse en una forma indirecta de cesión tecnológica.
El Scaleup Europe Fund quiere cubrir una fase especialmente compleja. En el software de la última década, muchas compañías podían crecer con menos intensidad de capital. En las nuevas olas deep tech, el crecimiento exige inversiones mucho mayores. La IA necesita capacidad de cómputo, datos, talento y despliegue comercial. La computación cuántica necesita hardware, fabricación, laboratorios y ciclos largos de validación. La robótica, la energía, el espacio o la biotecnología requieren plantas, ensayos, certificaciones, cadenas de suministro y clientes industriales. La defensa y las tecnologías duales añaden además requisitos de seguridad, procurement y validación pública.
Por eso el fondo no se entiende solo como una herramienta de startups. Su ámbito natural son las scaleups que ya han superado etapas tempranas y necesitan grandes rondas para convertirse en líderes globales. La diferencia es importante. Europa ya dispone de instrumentos para investigación, subvenciones, aceleración o primeras fases. Lo que ahora intenta reforzar es la parte más costosa y estratégica del crecimiento.
El EIC parte de una base más sólida que hace unos años. Según el EIC Impact Report 2026, el organismo ha contribuido a movilizar 6.500 millones de euros de inversión, con 5.000 millones de euros de coinversión privada y más de 1.000 inversores coinvirtiendo junto al EIC. El informe también destaca que, en el último año, tres compañías deep tech respaldadas por el EIC se han convertido en unicornios, nueve compañías superan los 500 millones de euros de valoración y más de 120 rebasan los 100 millones. También recoge doce rondas de equity superiores a 100 millones de euros.
Los datos muestran que la discusión europea ya no se sitúa solo en el terreno de la promesa. Hay empresas, rondas e inversores. El problema es que esa dinámica todavía no alcanza la escala necesaria para competir con Estados Unidos o China en tecnologías intensivas en capital.
El informe también apunta a áreas donde el EIC ya tiene peso estratégico. El 45% de la financiación europea en cuántica implica a compañías respaldadas por el EIC y las empresas apoyadas por el organismo representan el 25% de la inversión europea en espacio. Esos dos datos explican por qué el Scaleup Europe Fund se dirige a sectores donde Europa tiene investigación, empresas emergentes y primeros casos de crecimiento, pero todavía no una estructura financiera suficiente para acompañar a sus compañías más ambiciosas.
La cuestión del capital institucional fue uno de los puntos más relevantes de la primera mesa. Kasim Kutay, CEO de Novo Holdings, fue claro al señalar que Europa no carece de dinero. El problema es que ese dinero no siempre llega al crecimiento tecnológico.
«No hay escasez de capital en Europa», afirmó Kutay. «Los billones que están en fondos de pensiones y compañías de seguros son casi dinero ocioso. Mucho está simplemente en bonos, generando rentabilidades medias o bajas de un solo dígito. Muy poco está asignado a venture, muy poco está asignado a growth».
El argumento conecta con una de las grandes discusiones económicas europeas: cómo movilizar ahorro privado hacia inversión productiva. Si los fondos de pensiones, aseguradoras, fondos soberanos y grandes instituciones europeas siguen manteniendo una exposición limitada a activos tecnológicos de crecimiento, Europa puede tener capital acumulado, pero no capital disponible para las compañías que necesita escalar.
El Scaleup Europe Fund puede desempeñar un papel de demostración. Si consigue invertir en compañías europeas de alto crecimiento y generar retornos atractivos, podría reducir la percepción de riesgo de otros inversores institucionales. No bastará con los 5.000 millones iniciales. El impacto real dependerá de si el fondo consigue atraer capital adicional, liderar rondas relevantes y cambiar la relación entre inversores europeos y scaleups tecnológicas.
Por eso la Comisión insiste en el carácter público-privado del vehículo. El fondo será gestionado por un gestor privado, con decisiones de inversión independientes y basadas en criterios de mercado. Este diseño busca evitar que el fondo sea interpretado como una herramienta de reparto político de capital. También responde a una crítica frecuente sobre la política industrial europea: demasiada complejidad administrativa y poca capacidad de ejecución.
La propia comisaria Zaharieva vinculó el fondo con una agenda más amplia. «Simplificación no es un eslogan. Tiene que verse en los actos», afirmó durante la mesa. Citó EU Inc, la Unión de Ahorro e Inversión, las iniciativas de simplificación regulatoria y la necesidad de completar la unión de mercados de capitales. Su mensaje fue que el fondo puede ser un avance importante, pero no será suficiente si el resto de actores no actúa con la misma velocidad.
El Scaleup Europe Fund es una señal política y financiera de primer orden, pero no resuelve por sí solo todos los obstáculos que frenan a la deep tech europea. Las empresas necesitan capital, pero también necesitan un mercado único funcional, clientes corporativos, compra pública, talento directivo, capacidad industrial, regulación previsible, salidas bursátiles atractivas y una cultura de inversión más orientada al crecimiento.
Hermann Hauser, fundador de Acorn Computers y figura histórica del deep tech europeo, lo expresó desde una perspectiva tecnológica. Europa perdió grandes olas anteriores, como la búsqueda en internet o las redes sociales, pero las próximas no están cerradas.
«Una de las cosas maravillosas de la tecnología profunda es que siempre hay un nuevo juego», afirmó. «Podemos haber perdido la búsqueda frente a Google y las redes sociales frente a Facebook, pero la computación cuántica todavía no está perdida. La fotónica todavía no está perdida».
Hauser defendió que Europa tiene razones para creer que puede liderar nuevas olas tecnológicas. Produce investigación, propiedad intelectual y startups. Pero su balance sobre la fase de escalado fue severo. «Hemos fallado terriblemente en la fase scaleup», señaló. Según explicó, de los doce unicornios en los que ha estado involucrado, todos terminaron en Estados Unidos.
El fondo también se presenta como una forma de cambiar la psicología del mercado. La keynote recuperó varias veces la idea de que Europa debe dejar de comportarse como un continente que asume que sus mejores compañías acabarán financiándose, cotizando o trasladándose fuera. Sinding incluso habló de un programa para atraer de vuelta empresas y talento que se fueron a Estados Unidos.
«Tendremos un programa de regreso para compañías que han emigrado a Estados Unidos y pueden volver. Y lo mismo con el talento», afirmó. La estrategia europea ya no se limita a retener lo que aún no se ha ido. También quiere aprovechar el cambio geopolítico, la percepción de estabilidad europea y la nueva disponibilidad de capital para recuperar parte del talento tecnológico que durante años encontró mejores oportunidades al otro lado del Atlántico.
El objetivo último fue formulado de forma ambiciosa por varios ponentes. Sinding habló de crear compañías europeas de billones de euros. «Mi sueño es que tengamos múltiples compañías de un billón de euros», afirmó. Añadió, además, que Europa necesitará una bolsa capaz de servir de mercado para esas grandes empresas tecnológicas.
La referencia a los mercados de salida es importante. Financiar scaleups es una pieza, pero una compañía que alcanza escala global necesita opciones de liquidez. Si Europa crea fondos de crecimiento pero sus mejores tecnológicas siguen cotizando en Nasdaq o siendo compradas por gigantes estadounidenses, habrá reducido una parte del problema, pero no lo habrá resuelto por completo. La unión de mercados de capitales, la profundidad bursátil y la capacidad de atraer inversores globales hacia activos tecnológicos europeos son parte del mismo debate.
También lo es la demanda. La Comisión no solo pidió capital a los inversores. También pidió clientes a las grandes empresas. «Corporates, por favor, mirad a nuestras compañías innovadoras, compradles, conectaos con ellas en una fase temprana, invertid en ellas», reclamó Zaharieva.
Este punto será decisivo. Muchas compañías deep tech no fracasan por falta de ciencia, sino por falta de primeros clientes que conviertan una tecnología prometedora en ingresos, producto y validación comercial. En mercados como cuántica, espacio, defensa, energía o salud, la compra pública y los clientes corporativos pueden actuar como tractores de demanda. Sin esos contratos iniciales, incluso una empresa con buena tecnología puede quedar atrapada entre el laboratorio y el mercado.
La intervención posterior de Jan Goetz, CEO y cofundador de IQM, fue especialmente clara. Su compañía ha vendido ordenadores cuánticos a centros de supercomputación, muchos de ellos financiados públicamente. Según Goetz, esa compra pública fue decisiva porque obligó a definir producto, trabajar de forma comercial y generar ingresos reales. «Con cada ingreso que obtuvimos a través de compra pública, pudimos apalancar al menos diez veces inversión privada», afirmó.
Europa necesita fondos para financiar empresas y mercados que compren tecnología europea. También necesita administraciones capaces de actuar como primeros clientes cuando la tecnología es estratégica, y grandes corporaciones que dejen de tratar a las startups solo como proveedoras de pilotos o innovación periférica.
El Scaleup Europe Fund nace, por tanto, en un cambio de tono. La Unión Europea está intentando pasar de la retórica de la innovación a una agenda de escala. Quiere que sus empresas no solo inventen, sino fabriquen, vendan, contraten, crezcan y compitan globalmente desde Europa. Quiere que la soberanía tecnológica dependa de regular mejor que otros y de tener compañías propias en sectores críticos.
El reto es considerable. Estados Unidos dispone de mercados de capital más profundos, clientes tecnológicos más grandes, mayor velocidad inversora y una cultura más asentada de rondas de crecimiento. China combina planificación estatal, mercado interno y capacidad industrial. Europa intenta construir una tercera vía, basada en ciencia, mercado único, capital público-privado, regulación, inversores institucionales y cooperación entre Estados miembros.
El lanzamiento del Scaleup Europe Fund muestra una ambición más concreta que en etapas anteriores. La elección de EQT, el respaldo de inversores institucionales y la concentración en deep tech dan al instrumento una dimensión diferente. Pero el éxito no dependerá solo de anunciar 5.000 millones de euros. Dependerá de si esos recursos llegan rápido a las compañías adecuadas, si atraen capital adicional, si los Estados miembros eliminan barreras, si las empresas compran tecnología europea y si las scaleups encuentran en Europa motivos suficientes para quedarse.
La propia Von der Leyen resumió la lógica política del fondo en una frase: «Queremos asegurarnos de que lo mejor de Europa pueda elegir Europa». Esa expresión contiene tanto la ambición como la dificultad del proyecto. Elegir Europa no puede ser solo una llamada institucional. Tiene que convertirse en una decisión racional para los fundadores, los inversores, los empleados y los clientes.
El Scaleup Europe Fund es el intento más ambicioso hasta ahora de cambiar esa ecuación. Si funciona, financiará empresas y puede modificar la arquitectura del capital tecnológico europeo. Si no lo hace, Europa volverá a encontrarse con una paradoja conocida: producir ciencia excelente, crear startups prometedoras y ver cómo una parte de su valor estratégico se escala en otro lugar.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
