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Fossa Systems acelera su constelación LEO con apoyo público

Fossa Systems acelera su constelación LEO con apoyo público

  • La startup española Fossa Systems alcanza 26 satélites LEO y suma financiación pública en plena carrera europea por la soberanía digital y el IoT industrial.
Fossa Systems

La empresa española de satélites de órbita baja, Fossa Systems, nacida en Madrid en 2020, acaba de poner en servicio su satélite número 26 y ha recibido la visita del ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, en sus instalaciones de Madrid. La escena tiene una lectura empresarial evidente: una startup que comenzó fabricando pequeños satélites se sitúa ahora en el cruce entre conectividad industrial, defensa, inversión pública y soberanía tecnológica europea.

La compañía, especializada en conectividad IoT vía satélite para zonas sin cobertura móvil o con infraestructuras inestables, ha cerrado además una ronda de financiación de 9,25 millones de euros. En la operación participa la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), adscrita al Ministerio, con 1,5 millones. Fossa también ha sido beneficiaria de Kit Digital y Kit Consulting, dos programas públicos orientados a acelerar la digitalización empresarial.

Óscar López, ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública.
Óscar López, ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública.

Fossa Systems lleva el IoT satelital a una fase industrial

El salto de Fossa Systems no se mide solo por el número de satélites lanzados. La clave está en el tipo de infraestructura que intenta construir. Su modelo combina diseño, fabricación y operación de satélites pequeños con servicios de conectividad directa para dispositivos IoT en órbita baja. En la práctica, esto permite que sensores y equipos industriales envíen datos desde ubicaciones donde la red móvil no llega, sin depender de despliegues terrestres complejos.

Ese enfoque tiene especial sentido en sectores como energía, logística, infraestructuras críticas y defensa. Una planta renovable aislada, un oleoducto, una flota distribuida o una instalación estratégica fuera de cobertura necesitan transmitir datos con regularidad, aunque el volumen sea reducido. En muchos casos, el valor no está en el ancho de banda, sino en la continuidad operativa: saber si un activo funciona, si una medición cambia o si una incidencia requiere intervención.

Fossa afirma que su red permite la comunicación directa de dispositivos conectados a través de satélites de órbita baja sin necesidad de infraestructura terrestre ni hardware propietario. La diferencia frente a otros modelos de conectividad reside en la integración vertical. La compañía no se limita a revender capacidad, sino que fabrica y opera parte sustancial de su infraestructura. Para clientes industriales y administraciones, ese control puede pesar tanto como el coste.

Durante la visita, López firmó con el lema «España no tiene techo» el nuevo modelo de satélite que Fossa prevé lanzar el próximo otoño. La frase tiene carga política, aunque el trasfondo empresarial es más concreto: España intenta ampliar su presencia en segmentos tecnológicos donde la escala, el capital y la propiedad intelectual determinan la posición futura.

Apoyo público, capital privado y soberanía digital

La entrada de la SETT en la ronda de Fossa encaja con una tendencia más amplia de política industrial. El Estado está utilizando instrumentos de coinversión para acompañar a empresas de deep tech que operan en ámbitos considerados estratégicos. Semiconductores, inteligencia artificial, ciberseguridad, computación avanzada y espacio comparten un rasgo: requieren ciclos de inversión largos, equipos técnicos escasos y capacidad para competir en mercados dominados por grandes actores internacionales.

La ronda de 9,25 millones llega en ese marco. Según la información disponible sobre la operación, Kibo Ventures lidera la financiación y participan también Space Frontiers Fund II, Indico Capital y WISeSAT, además de la SETT. El capital servirá para reforzar equipo, desarrollo tecnológico, expansión internacional y nuevas capacidades vinculadas a seguridad y defensa.

La frontera entre industria civil y defensa se ha vuelto más porosa en el sector espacial. La conectividad satelital puede servir para monitorizar activos industriales, pero también para comunicaciones seguras, vigilancia, inteligencia de señales o continuidad de servicios críticos durante crisis. Fossa fue seleccionada en diciembre de 2025 por la OTAN para participar en el programa DIANA, el acelerador de innovación de la Alianza Atlántica para tecnologías de doble uso. Ese dato sitúa a la empresa en un mapa distinto al de la simple conectividad para sensores.

El Gobierno presenta el caso como ejemplo de transformación digital y de capacidad tecnológica exportable. López sostuvo durante la visita que España debe sentirse orgullosa de «un país que no sólo produce, sino que exporta tecnología». La declaración conecta con un debate europeo de fondo: la autonomía estratégica ya no se limita a energía o defensa convencional, también afecta a la infraestructura digital que permite operar industrias, administraciones y servicios esenciales.

Satélites LEO y una oportunidad con exigencias operativas

Los satélites de órbita baja han reducido barreras de entrada en la industria espacial. Son más pequeños, se despliegan en constelaciones y ofrecen menor latencia que sistemas geoestacionarios. Sin embargo, operar una red LEO exige coordinación orbital, estaciones de tierra, software, gestión de espectro, fabricación recurrente y capacidad para reemplazar satélites con ciclos de vida más cortos. La velocidad de lanzamiento no elimina la complejidad.

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Fossa cuenta ya con unos 50 empleados entre España y Portugal y ha lanzado 26 satélites desde su fundación, el último el 7 de julio. Según la información facilitada sobre la compañía, ese satélite estableció conexión con tierra y se encuentra operativo. La cifra coloca a la startup en una posición poco habitual dentro del ecosistema español, más acostumbrado a proveedores industriales, ingeniería de misión o participación en programas europeos que a operadores con constelación propia.

El siguiente reto será convertir la capacidad técnica en ingresos recurrentes y contratos de largo plazo. En conectividad IoT, el cliente no compra satélites por fascinación tecnológica, sino disponibilidad, integración y coste por dato útil. La promesa de cobertura global debe traducirse en acuerdos con energéticas, operadores logísticos, administraciones, empresas de seguridad o gestores de infraestructuras críticas. Ahí la competencia no vendrá solo de otras constelaciones LEO, también de redes terrestres, soluciones híbridas y operadores satelitales consolidados.

Europa avanza en paralelo con IRIS², su futura constelación de conectividad segura, pensada para comunicaciones gubernamentales, defensa, vigilancia de fronteras, gestión de crisis y protección de infraestructuras críticas. Aunque el proyecto europeo opera a otra escala, revela el mismo cambio de fondo: la conectividad satelital ha dejado de verse como un recurso periférico y se integra en la arquitectura de resiliencia digital.

Para Fossa, esa coyuntura abre mercado, pero también eleva el listón. La soberanía tecnológica no se sostiene solo con lanzamientos, rondas o visitas institucionales. Requiere fabricación repetible, cadena de suministro fiable, certificaciones, ciberseguridad, cumplimiento regulatorio y capacidad comercial fuera de España. La apertura internacional, con presencia en Portugal y planes vinculados a otros mercados, será determinante para saber si la empresa puede escalar más allá del impulso inicial.

La visita de Óscar López aporta visibilidad política a una compañía que opera en una zona donde convergen industria, seguridad y digitalización. Pese a ello, el interés real para el tejido empresarial español está en otro punto: si una empresa local puede ofrecer infraestructura satelital útil para sectores críticos, con tecnología propia y un modelo comercial viable, el espacio dejará de ser una vertical distante para convertirse en una capa más de la conectividad industrial.

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