Estás leyendo
Kyndryl y la Real Academia de Ciencias presentan una publicación sobre el impacto de la ciencia en la vida cotidiana

Kyndryl y la Real Academia de Ciencias presentan una publicación sobre el impacto de la ciencia en la vida cotidiana

  • La publicación Asombrosa reúne a 20 científicos españoles y conecta IA, cuántica, energía o neurociencia con retos empresariales y sociales.
Kyndryl - RAC - Aspombrosa

La Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España y Kyndryl han presentado en Madrid  Asombrosa , una publicación divulgativa que reúne los testimonios de 20 científicos españoles para explicar cómo la investigación llega a la vida cotidiana. El proyecto, desarrollado durante más de año y medio, se sitúa en una zona cada vez más relevante para empresas e instituciones: la traducción del conocimiento científico en tecnologías comprensibles, útiles y operativas.

La iniciativa no se limita a una recopilación de perfiles científicos. Su planteamiento conecta diez áreas de conocimiento con problemas que ya forman parte de la agenda empresarial y social: inteligencia artificial, ciberseguridad, computación cuántica, sostenibilidad, energía, neurociencia, biodiversidad o exploración espacial. La selección de disciplinas refleja una realidad difícil de separar en el debate tecnológico actual. Las decisiones sobre infraestructuras digitales, seguridad, automatización o eficiencia energética dependen cada vez más de avances científicos que, durante años, parecían alejados de la gestión cotidiana.

Asombrosa sitúa la ciencia en el terreno de uso

Asombrosa nace con una intención divulgativa clara: mostrar que la ciencia no opera solo en laboratorios, centros de investigación o universidades. También aparece en una transacción móvil, en el diseño de sistemas energéticos, en la protección medioambiental, en la medicina personalizada o en los modelos de inteligencia artificial que empiezan a incorporarse a procesos productivos.

Ese enfoque resulta especialmente significativo para el tejido empresarial español, donde la adopción tecnológica suele avanzar entre dos tensiones. Una es la presión por modernizar sistemas y procesos. La otra, menos visible pero igual de decisiva, es la necesidad de comprender qué hay detrás de las tecnologías antes de integrarlas en entornos críticos. La divulgación científica, cuando evita la simplificación excesiva, puede reducir esa distancia.

La publicación incorpora voces reconocidas en disciplinas de alto impacto. Entre ellas figuran Ignacio Cirac, uno de los referentes internacionales en computación cuántica; Verónica Bolón, especialista en inteligencia artificial sostenible; Miguel Delibes, vinculado a la biodiversidad y la conservación; Guillermina López-Bendito, investigadora en neurociencia, y Jesús Martínez Frías, geólogo planetario y astrobiólogo relacionado con misiones de la NASA. La variedad de perfiles permite ampliar el foco más allá del relato tecnológico habitual, centrado casi siempre en aplicaciones inmediatas de mercado.

La computación cuántica, por ejemplo, todavía no forma parte de la operativa diaria de la mayoría de las organizaciones. Sin embargo, su evolución ya condiciona debates sobre criptografía, simulación de materiales, optimización logística o desarrollo farmacéutico. Algo similar ocurre con la inteligencia artificial sostenible, una disciplina que introduce una pregunta incómoda en plena expansión de los modelos generativos: qué coste energético, computacional y ambiental tendrá la escala actual de adopción.

Ciencia, empresa e innovación tecnológica

Durante la presentación, Ana María Crespo, presidenta de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España, vinculó el proyecto con la misión histórica de la institución. Recordó que, desde su fundación en 1847, la Academia ha trabajado para fomentar el estudio de la ciencia y su transmisión a la sociedad, además de asesorar a instituciones públicas y otros sectores de la sociedad civil. En su intervención, subrayó que la colaboración con Kyndryl refuerza una convicción compartida: «la ciencia no solo explica el mundo, sino que también lo mejora».

La frase sintetiza una de las capas de la publicación, aunque también abre un matiz relevante. La mejora no se produce de manera automática. Entre un descubrimiento científico y una tecnología desplegada con garantías hay inversión, madurez industrial, regulación, talento y capacidad de integración. Esa zona intermedia suele ser la más difícil para las organizaciones, sobre todo cuando trabajan con sistemas heredados, datos sensibles o infraestructuras críticas.

David Soto, presidente de Kyndryl España y Portugal, situó la colaboración entre ciencia y empresa en ese punto de transferencia. Durante el acto, afirmó que el encuentro celebraba «mucho más que una colaboración entre la RAC y Kyndryl» y lo definió como un compromiso entre ciencia y empresa para que los descubrimientos de laboratorio puedan convertirse en tecnologías aplicables a la vida diaria y al cuidado del planeta.

Soto añadió que Asombrosa funciona también como una declaración de intenciones en un momento en que los desafíos globales requieren nuevas respuestas. La idea enlaza con una tendencia más amplia en el sector tecnológico: las empresas que gestionan infraestructuras digitales ya no solo compiten por eficiencia o disponibilidad, sino también por su capacidad para incorporar tecnologías emergentes sin ampliar riesgos operativos.

Kyndryl, especializada en servicios de tecnología, trabaja en la modernización de tecnologías críticas para organizaciones y en la integración de herramientas emergentes, incluidas la IA generativa y la IA agéntica, en entornos complejos. Ese posicionamiento explica la lógica de su participación en una iniciativa de divulgación científica. La tecnología empresarial depende de conceptos que deben entenderse antes de desplegarse, especialmente cuando afectan a seguridad, continuidad de negocio, gobierno del dato o automatización de decisiones.

De la divulgación a la capacidad de decisión

El valor de una publicación como Asombrosa no reside solo en acercar la ciencia al público general. Para directivos y responsables tecnológicos, el interés está en cómo ordena campos que suelen aparecer fragmentados: IA por un lado, ciberseguridad por otro, sostenibilidad como exigencia regulatoria, energía como coste operativo, neurociencia como frontera biomédica y computación cuántica como promesa aún inmadura.

Te puede interesar
Alexis Ohanian analiza el valor humano en la era de la IA

La fragmentación dificulta la toma de decisiones. Una organización puede invertir en inteligencia artificial sin haber resuelto su arquitectura de datos, o plantear estrategias de sostenibilidad sin medir el impacto energético de sus cargas digitales. También puede reforzar la ciberseguridad actual sin preparar sus sistemas para escenarios futuros vinculados a la criptografía poscuántica. La ciencia no ofrece respuestas inmediatas a todas esas cuestiones, pero sí ayuda a formular mejor los riesgos.

La elección de una narrativa divulgativa tiene otra consecuencia. Permite hablar de tecnologías avanzadas sin reducirlas a moda empresarial. La IA, por ejemplo, aparece conectada a sostenibilidad, seguridad y uso social, no solo a productividad. La exploración espacial se vincula con geología planetaria y conocimiento sobre el entorno terrestre. La biodiversidad deja de ser un asunto separado de la economía para entrar en conversaciones sobre conservación, recursos y resiliencia.

La edición física abreviada de Asombrosa, diseñada como experiencia visual y editorial, ha sido seleccionada para los Premios LAUS de diseño gráfico y comunicación visual. El dato añade una dimensión menos frecuente en publicaciones de contenido científico: la forma también condiciona la recepción del conocimiento. En divulgación, el diseño puede ampliar la audiencia o limitarla. En entornos corporativos ocurre algo parecido con la tecnología: una solución técnicamente sólida puede fracasar si no resulta comprensible para quienes deben adoptarla.

Para la Real Academia de Ciencias, la colaboración refuerza su papel como puente entre investigación y sociedad civil. Para Kyndryl, introduce una lectura de la innovación menos centrada en el producto y más vinculada a conocimiento, capacidades y sistemas complejos. Esa diferencia importa. En el mercado tecnológico actual, muchas organizaciones ya han asumido que deben adoptar IA, automatización o nuevas arquitecturas digitales. La cuestión pendiente es con qué criterio, bajo qué controles y con qué comprensión de sus efectos.

Asombrosa se mueve precisamente en ese espacio: no presenta la ciencia como promesa abstracta, sino como una infraestructura intelectual que permite interpretar cambios tecnológicos ya en marcha. Para empresas y administraciones, esa lectura puede ser tan importante como la propia herramienta. La presión por desplegar tecnología seguirá creciendo, aunque el reto operativo será distinguir entre avances con impacto real, aplicaciones prematuras y decisiones que exigen más conocimiento antes de entrar en producción.

Ver Comentarios (0)

Leave a Reply

Utilizamos cookies para facilitar la relación de los visitantes con nuestro contenido y para permitir elaborar estadísticas sobre las visitantes que recibimos. No se utilizan cookies con fines publicitarios ni se almacena información de tipo personal. Puede gestionar las cookies desde aquí.   
Privacidad