Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
En su décima edición, el Digital Enterprise Show ha puesto sobre la mesa los asuntos que definen el momento actual de la IA empresarial: el salto de los pilotos a la implantación real, la dependencia tecnológica de Europa, el nuevo papel de la defensa en el sector digital y el talento como único factor no replicable por las máquinas.
Tres días dan para mucho cuando la agenda está construida con criterio. La de DES 2026 tuvo, al menos en su parte de congreso, una coherencia interna que no siempre se da en eventos de este tamaño: casi todos los grandes bloques de contenido apuntaron, desde ángulos distintos, a una misma cuestión de fondo. No bastaba con discutir si la inteligencia artificial funciona, sino bajo qué condiciones, con qué coste y quién asume la responsabilidad cuando las cosas salen mal.
El agente como nueva unidad de trabajo
La aportación con más fondo técnico de la segunda jornada fue la de Yongdong Wang, vicepresidente corporativo de Microsoft y presidente del Grupo de I+D Asia-Pacífico. Wang situó la IA agéntica como el salto más relevante desde la aparición de los grandes modelos de lenguaje, pero lo interesante no fue el diagnóstico sino las condiciones que puso sobre la mesa para que ese salto sea real. «Para los negocios, el dato es el activo más importante que pueden tener», afirmó, y añadió que «los agentes necesitan su propia identidad y controles de acceso».

Esa última frase condensa uno de los problemas técnicos y de gobernanza más complejos que la adopción masiva de agentes va a generar: si un agente actúa en nombre de una organización, negocia, ejecuta tareas y accede a sistemas, la pregunta sobre quién responde cuando algo falla no tiene respuesta clara todavía en casi ningún marco regulatorio.
Su diagnóstico sobre el mapa comparativo entre China y Europa fue igualmente concreto. El ecosistema chino de IA lo describió como «integral, eficiente en costes, de escala masiva, con experimentación constante y una gran concentración de talento». Y sus palabras sobre las oportunidades europeas no fueron un consuelo vacío: apostó por la IA vertical, las alianzas B2B entre Asia y Europa, y situó la confianza y la gobernanza como activos estratégicos europeos reales. No es casual que alguien con el perfil de Wang defienda precisamente esos valores: son los que Europa tiene y los que otros actores no ofrecen de la misma manera.
Randi Zuckerberg fue la intervención más seguida de la segunda jornada, probablemente más por el apellido que por un perfil tecnológico especialmente conocido en Europa. Su ponencia resultó más sólida de lo que algunos esperaban. Situó el debate sobre los agentes en el terreno de lo cotidiano: «La idea es recuperar tiempo, recuperar ese 30% de tu tiempo de trabajo. De esta forma, podrás centrarte en tus puntos fuertes», afirmó. El dato del 30% es discutible en su literalidad, pero la dirección del argumento es útil: el valor de los agentes no está en lo que hacen solos sino en lo que liberan para que las personas hagan mejor lo que les es propio. Su observación de cierre fue quizás la más interesante: «Cuanto más nos adentramos en la IA, más buscamos aquello que la IA no puede hacer: las experiencias humanas». Una paradoja real con implicaciones económicas directas para cualquier sector basado en la relación personal.

Europa ante el espejo: soberanía sin autarquía
El debate sobre el lugar de Europa en la nueva economía de la IA estuvo presente los tres días con más insistencia que ningún otro tema. Y lo hizo desde perspectivas que no siempre apuntaban en la misma dirección.itual.
Wang ofreció la perspectiva asiática sin suavizarla. Su caracterización del sector chino de IA, «integral, eficiente en costes, de escala masiva, con experimentación constante y una gran concentración de talento», no fue un elogio vacío, sino una descripción de las condiciones estructurales que han permitido ese avance. Sus palabras sobre las oportunidades europeas fueron concretas: apuesta por la IA vertical, alianzas B2B entre Asia y Europa, y la confianza y la gobernanza como activos estratégicos. No es casual que Microsoft, con todos sus intereses en el mercado americano, defienda la alianza con Europa desde la gobernanza y la confianza. Es precisamente lo que Europa tiene y lo que otros actores no ofrecen de la misma forma.

Carme Artigas situó la conversación en el terreno geopolítico con una claridad poco habitual en foros empresariales. «La conversación bilateral entre España y China está evolucionando desde el comercio tradicional hacia una reflexión más profunda sobre quién está construyendo la base digital y cómo pueden articularse alianzas», afirmó. Su lectura de China como actor tecnológico fue matizada: defendió que la regulación estricta y la innovación no son incompatibles, como demostraría el caso chino, pero reclamó mayor transparencia y reciprocidad, especialmente en la creación de centros de I+D en Europa. Una posición que no cierra puertas, pero pone condiciones.
Stefaan Verhulst, académico de la Universidad de Nueva York con larga trayectoria como asesor de la Comisión Europea, fue el más directo sobre el riesgo de dependencia. «En Europa existe una dependencia de la tecnología, y esto puede ser dañino», afirmó. Su propuesta para reducirla no se limitó a la infraestructura o la regulación, el cauce habitual de la soberanía digital, sino que incorporó personas, datos y capacidad de acción colectiva. La idea de una «licencia social» que legitime el desarrollo tecnológico éticamente es ambiciosa y difícil de operacionalizar, pero apunta a un problema real: la legitimidad social de la IA no se puede dar por sentada y tampoco se construye solo con leyes.
Fred Sun, director general en Europa de Tencent Cloud, cerró este bloque con una observación que conecta la estrategia con la realidad operativa de las empresas: «La IA ha ido más allá de la experimentación». Para Sun, ya no se trata solo de probar soluciones, sino de elegir con criterio cuáles encajan con las necesidades concretas de cada organización. La formulación suena evidente, pero en la práctica sigue siendo el problema central de la mayoría de las empresas que han invertido en IA sin obtener el retorno esperado.
La defensa entra en el sector digital
Una de las novedades de esta edición fue la incorporación de un foro específico sobre defensa y tecnologías duales, un espacio que el DES no había tenido hasta ahora. La decisión de incluirlo refleja un cambio en la percepción del sector tecnológico europeo sobre el papel que la tecnología civil y la tecnología militar juegan en un mismo continuo.
Rosalía Machín, comandante de la Guardia Civil en la Jefatura de Transformación Digital y Ciberseguridad, describió un escenario donde los nuevos dominios de conflicto, cognitivo y ciberespacial, «obligan a repensar la seguridad desde una perspectiva multidominio». Silvia Gamo, directora general de la Fundación Círculo de Tecnologías para la Defensa y la Seguridad, subrayó que las tecnologías empleadas en conflictos actuales como el de Ucrania no son nuevas en su origen, pero sí en su uso: «A nivel tecnológico está cambiando cómo se combate», afirmó, apuntando al futuro de los enjambres de drones y su capacidad para repartirse tareas y reorganizarse.
Antonio Martín, de Deutsche Telekom IoT, ofreció la perspectiva de la industria con una frase que resume el problema de fondo del sector: «Es muy barato atacar y excesivamente caro defender». La asimetría entre el coste de un ciberataque y el coste de construir resiliencia es uno de los problemas estructurales más difíciles de resolver, y la colaboración público-privada que todos los ponentes reclamaron es condición necesaria pero no suficiente si no va acompañada de normas claras y financiación estable.
El bloque de satélites añadió una dimensión que merece seguimiento. Nil Angli, de la Agencia Espacial Europea, fue explícito sobre el papel que los activos espaciales ya tienen en las operaciones críticas: «La única forma de contar con todos los datos es apoyarse en ellos». Francisco Gallardo, de DLR GfR, introdujo la dimensión de sostenibilidad espacial, con la necesidad de evitar colisiones y establecer reglas claras para el uso del espacio satelital, que rara vez aparece en debates empresariales pero que tiene implicaciones directas para la infraestructura digital global.

IA para emergencias: el caso de la DANA
Una de las intervenciones con más carga emocional y política fue la de Vicente Botti, director de VRAIN, que presentó el trabajo realizado tras la DANA que afectó a Valencia. «Hemos desarrollado una plataforma para emergencias climáticas que incluye dos gemelos digitales: uno relativo a la zona de Valencia y otro sobre el área donde tuvo lugar la DANA», explicó. La plataforma permite simular ciudades, posicionar recursos donde se prevé el impacto y utilizar cámaras inteligentes para detectar lluvia en tiempo real.
La advertencia que Botti añadió fue igualmente importante: «Es muy importante que no tengamos silos de datos». En emergencias, la información fragmentada entre administraciones, operadores y servicios de emergencia es uno de los principales obstáculos para una respuesta eficaz. La tecnología puede simular y predecir; la gobernanza del dato determina si esa capacidad se puede usar cuando hace falta.
Trevor Monroe, del Banco Mundial, amplió el contexto global con una observación que equilibra el entusiasmo tecnológico: «La IA puede desempeñar un papel enorme, aunque las acciones que deben tomarse requieren decisión humana». La distinción parece obvia, pero en la práctica se difumina con frecuencia cuando las organizaciones delegan en sistemas automatizados decisiones que tienen consecuencias directas sobre personas.
Los premios como termómetro del sector

Los European Digital Mindset Awards, entregados en la tercera jornada, funcionaron como un catálogo útil de lo que el sector está produciendo en términos de aplicación real. Entre los ganadores, algunos proyectos merecen atención específica.
Mifood, premio a la startup más disruptiva, desarrolla robots agrícolas con visión artificial e IA que reducen el desperdicio de alimentos y los costes de mano de obra en un 50%. Es exactamente el tipo de caso que el análisis sobre ROI de la IA necesita: una aplicación concreta, en un sector con márgenes ajustados, con una métrica de impacto verificable.
La Asociación AIRE ganó el premio de sostenibilidad con María Monstera, un agente de IA que hace de jardinero inteligente y monitoriza la salud de espacios verdes verticales. Pequeño en escala, resulta interesante como demostración de lo que la IA agéntica puede hacer en contextos muy específicos.
La Agencia Española de Protección de Datos recibió el premio a la mejor aceleradora digital del sector público por su estrategia de implantación de IA con plenas garantías de derechos fundamentales. Que la AEPD esté entre los premiados en un evento tecnológico dice algo sobre cómo ha cambiado la conversación: la regulación ya no se percibe solo como freno, sino como cauce habilitador cuando se integra desde el diseño.
Balance de una edición que apostó por el contenido
El DES 2026 ha sido una edición con dos velocidades. El congreso funcionó con más coherencia temática que en ediciones anteriores: la incorporación del foro de defensa, la calidad de las intervenciones sobre soberanía digital y la apuesta por perfiles internacionales con sustancia real apuntan a un evento que está encontrando su lugar. La zona expositiva, en cambio, acusó ausencias que se notaron y quedó por debajo del nivel que el congreso marcó.
Queda pendiente cerrar el ciclo. Las cuestiones sobre el retorno real de la IA, sobre qué organizaciones tienen ya métricas verificables y sobre cómo se mide el impacto de la soberanía tecnológica en la competitividad de las empresas estuvieron presentes durante tres días sin aterrizar del todo en respuestas concretas. Es el estado real de la conversación, no una carencia específica del evento.
Pero el Digital Enterprise Show tiene también un camino propio por recorrer. Para consolidarse como referencia europea necesita apostar de forma más decidida por figuras de auténtica relevancia en el panorama tecnológico global. No solo nombres reconocibles, sino perfiles capaces de mover la conversación hacia territorio nuevo. Son ese tipo de ponentes los que atraen al visitante de calidad que el evento dice buscar, y una zona expositiva donde se pueda conocer y experimentar de primera mano las tecnologías que marcarán los próximos años completaría un círculo que esta edición dejó a medias.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
