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Telefónica lleva la IA a un concierto de Brahms en Madrid

Telefónica lleva la IA a un concierto de Brahms en Madrid

  • Telefónica usará inteligencia artificial para procesar en tiempo real la participación del público durante un concierto de Brahms en Madrid.
Telefónica lleva la IA a un concierto de Brahms en Madrid

La inteligencia artificial entrará este sábado en el Teatro Monumental de Madrid como un elemento más de un concierto sinfónico. Telefónica y la Escuela Superior de Música Reina Sofía han preparado una experiencia en la que cerca de un millar de asistentes podrán responder desde sus teléfonos móviles a preguntas planteadas durante la introducción de la Sinfonía número 4 de Johannes Brahms. Sus respuestas se procesarán mediante IA en tiempo real y tendrán una representación colectiva sobre el escenario.

El experimento combina tres componentes que habitualmente funcionan por separado en una sala de conciertos: la interpretación musical, la conectividad de los espectadores y un sistema de inteligencia artificial encargado de procesar simultáneamente sus aportaciones. La orquesta estará formada por alrededor de 60 músicos de la Escuela Reina Sofía y contará con la dirección de Josep Pons.

La iniciativa introduce así una capa digital en un formato cultural tradicional, aunque sus promotores han reservado para el propio concierto una parte importante de la mecánica. No se ha especificado qué modelo o sistema de IA se utilizará, qué información concreta se extraerá de las respuestas ni de qué manera se traducirá el resultado a la escena. Tampoco se ha detallado que el algoritmo vaya a modificar directamente la ejecución musical de los intérpretes.

Una participación colectiva procesada en tiempo real

El punto de entrada para el público serán sus propios dispositivos móviles. Durante la presentación previa a la obra, los asistentes recibirán una serie de preguntas cuyas respuestas se recogerán de forma simultánea. A partir de ese conjunto de información, el sistema de inteligencia artificial generará lo que Telefónica define como una reacción colectiva que se hará visible durante el espectáculo.

La diferencia respecto a otras experiencias de participación digital reside en la escala y en la necesidad de sincronización. El planteamiento requiere recoger centenares de interacciones prácticamente a la vez, procesarlas con una latencia suficientemente baja y devolver un resultado mientras continúa el desarrollo del evento.

Esa arquitectura convierte la conectividad en parte de la producción y no únicamente en una infraestructura auxiliar para los espectadores. Aunque Telefónica no ha proporcionado especificaciones sobre la red utilizada, la iniciativa encaja con una línea de aplicaciones en las que las redes móviles, la computación y los sistemas de IA se coordinan para ejecutar procesos durante un acontecimiento presencial.

El alcance de la inteligencia artificial, sin embargo, será difícil de evaluar hasta que se conozca la dinámica completa. La compañía habla de convertir las respuestas individuales en una «voz única colectiva», pero no ha indicado si el procesamiento incluirá clasificación semántica, análisis de sentimientos, agrupación de conceptos u otras técnicas. Ese detalle será relevante para distinguir entre una experiencia de visualización basada en IA y una intervención más compleja sobre el desarrollo artístico.

La tecnología entra en la puesta en escena

La elección de un concierto sinfónico plantea además un escenario particular para este tipo de experimentos. A diferencia de un servicio digital convencional, donde una aplicación puede adaptar continuamente su interfaz o sus recomendaciones, una interpretación orquestal parte de una partitura, una dirección musical y un trabajo previo de los intérpretes.

La tecnología se incorpora aquí a la relación entre escenario y audiencia. Telefónica sostiene que las aportaciones del público se reflejarán durante el espectáculo, aunque ha decidido no revelar el mecanismo antes de la función para mantener el componente de sorpresa.

Esa distinción permite situar con mayor precisión el papel de la IA. La información disponible confirma que el sistema procesará las respuestas de los espectadores y generará una reacción colectiva, pero no que vaya a dirigir a la orquesta, componer música sobre la marcha o alterar automáticamente la partitura de Brahms.

Para los desarrolladores de experiencias presenciales, este tipo de formato sirve también como prueba de una tendencia más amplia: utilizar el teléfono del asistente como interfaz para conectar a grandes grupos de personas con sistemas digitales desplegados dentro de un espacio físico. Festivales, recintos deportivos, congresos o eventos corporativos pueden aplicar arquitecturas similares para recoger decisiones, personalizar contenidos o modificar elementos visuales y audiovisuales durante una sesión.

La exigencia técnica aumenta cuando el resultado debe producirse en directo. El sistema tiene que gestionar picos de conexiones, consolidar entradas procedentes de numerosos dispositivos y devolver una respuesta sin romper el ritmo del espectáculo. En una experiencia de este tipo, la percepción del usuario depende tanto de la aplicación o del modelo de IA como del funcionamiento de toda la cadena tecnológica.

Una relación que Telefónica mantiene desde 1999

El concierto amplía una colaboración entre Telefónica y la Escuela Superior de Música Reina Sofía que se remonta a 1999, cuando la operadora comenzó a ejercer como mecenas de la Cátedra de Violín Telefónica. Ambas organizaciones han participado desde entonces en diferentes proyectos de difusión musical.

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La Escuela, fundada en 1991, combina su actividad formativa con un programa regular de conciertos y mantiene la interpretación pública como parte del desarrollo académico de sus alumnos. Su programación de la temporada 2026-2027 incluye tanto actuaciones de su orquesta como recitales y conjuntos de cámara.

La colaboración con Telefónica ha incorporado en otras ocasiones elementos tecnológicos a eventos musicales. Durante la gala del centenario de la operadora, celebrada en 2024 en el Teatro Real de Madrid, la Orquesta de la Escuela participó en un espectáculo que utilizó videomapping y drones como parte de la puesta en escena.

El proyecto del Teatro Monumental desplaza ahora el foco desde los recursos visuales hacia la interacción del espectador y el procesamiento de información en directo.

«Esta iniciativa demuestra cómo la conectividad y la inteligencia artificial pueden ponerse al servicio de las personas para enriquecer experiencias culturales y crear nuevas formas de participación colectiva», sostiene Rafael Fernández de Alarcón, director de Marca de Telefónica. La compañía encuadra el proyecto dentro de su estrategia para posicionar sus redes como puerta de acceso a nuevos servicios digitales.

Más allá de ese objetivo corporativo, el concierto permitirá observar un aspecto que empieza a adquirir relevancia a medida que la IA se integra en productos y servicios: el modelo puede ocupar una posición menos visible que la propia infraestructura que lo hace utilizable. En esta experiencia, el resultado dependerá de la capacidad de enlazar centenares de dispositivos, recoger sus aportaciones, procesarlas y devolver una respuesta coordinada en cuestión de segundos.

La función del 3 de octubre servirá para comprobar hasta dónde llega esa integración en la práctica. Los detalles reservados por sus organizadores determinarán si la inteligencia artificial actúa principalmente como herramienta de agregación y representación de las respuestas o si participa de una forma más profunda en la construcción de la experiencia escénica.

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