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La corrección de las acciones vinculadas a la inteligencia artificial ha empezado a trasladar la atención desde la demanda de chips hacia una cuestión más amplia: cuánto tiempo puede mantenerse el ritmo de inversión necesario para construir la infraestructura que los utiliza. El cambio está golpeando especialmente a los semiconductores asiáticos y a los fabricantes de componentes que se habían convertido en algunos de los principales beneficiarios bursátiles del despliegue de centros de datos.
La presión se intensificó la semana pasada en Estados Unidos. El índice de semiconductores de Filadelfia encadenó ocho sesiones de descensos, su racha negativa más larga desde 2008, mientras el Nasdaq sufrió una de sus peores semanas de los últimos meses. El movimiento coincidió con un nuevo repunte de la inflación y con el Brent rozando los 110 dólares por barril, una combinación que ha vuelto a poner el coste del dinero en el centro de las valoraciones tecnológicas.
El problema para la cadena de suministro de IA es que buena parte de sus previsiones de crecimiento depende de un volumen de inversión extraordinariamente elevado por parte de hyperscalers, proveedores especializados de nube y operadores de centros de datos. Si financiar esos proyectos se encarece o algunos se retrasan, el efecto termina llegando a quienes venden los procesadores, la memoria, las placas de circuito, los equipos de fabricación o los sistemas necesarios para desplegarlos.
Una cesta de valores asiáticos de hardware vinculado a la IA elaborada por Goldman Sachs perdió un 11% durante la semana, según datos recogidos por Bloomberg. Entre las compañías más castigadas estuvieron algunos de los valores que más habían subido previamente: Nan Ya Plastics cayó alrededor de un 12% desde máximos históricos, Unimicron Technology retrocedió un 14% y Samsung Electro-Mechanics perdió un 23%.
«Los costes de financiación son como la gravedad para el auge de la IA», explica Jian Shi Cortesi, gestora de fondos de GAM Investment Management. «El aumento de los costes de endeudamiento podría hacer que los proyectos de infraestructura fueran más difíciles de financiar y retrasar el gasto. Incluso un retraso podría provocar un reajuste de las expectativas de beneficios y las valoraciones de los proveedores asiáticos».
El riesgo se desplaza hacia la financiación de los centros de datos
Hasta ahora, una de las principales preguntas para los inversores era si el crecimiento de la demanda de aceleradores de IA podía sostener las previsiones incorporadas a las cotizaciones de fabricantes como Nvidia y de sus proveedores. La corrección actual añade otra variable: la capacidad de los compradores para seguir financiando las instalaciones donde se desplegarán esos procesadores.
CoreWeave se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles. Las acciones del proveedor especializado de infraestructura de IA cayeron un 25% durante la semana y un 12% solo el viernes, mientras sus bonos también sufrían fuertes ventas. El deterioro del crédito ha aumentado las dudas sobre el coste de financiar una expansión basada en grandes inversiones anticipadas en GPU y centros de datos.
La señal resulta relevante más allá de una compañía concreta. Los llamados neoclouds han crecido ofreciendo capacidad informática optimizada para IA, pero su modelo exige movilizar mucho capital antes de generar los ingresos asociados a esa infraestructura. Los grandes proveedores de nube cuentan con negocios diversificados y grandes flujos de caja; para operadores más pequeños, un incremento persistente del coste de la deuda puede modificar de forma sustancial la rentabilidad prevista de cada nuevo proyecto.
La preocupación ha llegado también a empresas con balances mucho más sólidos. El consejero delegado de Broadcom, Hock Tan, ha advertido de que el acceso al capital puede convertirse en una restricción para la expansión de la IA, desplazando problemas como la disponibilidad de memoria o de capacidad de fabricación.
Ese riesgo afecta de manera desigual a la cadena asiática. TSMC, Samsung Electronics y SK Hynix ocupan posiciones difíciles de sustituir en procesadores avanzados y memoria de alto ancho de banda. Los fabricantes de componentes, sustratos, circuitos impresos y otros equipos situados más lejos del núcleo de computación tienen, en cambio, una menor visibilidad sobre cuándo se ejecutarán proyectos concretos.
«El estrés de financiación de la IA es un desafío mayor para los beneficiarios situados aguas abajo que para el ecosistema central de computación», señala Kevin Net, gestor de Financière de l’Echiquier. «Básicamente, cuanto más te alejas del chip propiamente dicho, mayor es el riesgo de que aparezcan retrasos».
Las cifras de inversión elevan la exigencia sobre los retornos
La escala del despliegue explica la sensibilidad del mercado. Gartner calcula que los proveedores de IA invertirán cerca de un billón de dólares en infraestructura durante 2026 y otros seis billones entre 2027 y 2030. Para recuperar el capital anunciado, asumir los costes financieros y obtener un retorno del 12% sobre la inversión, los propietarios de centros de datos necesitarían generar 8,5 billones de dólares en ingresos acumulados hasta 2030.
La consultora, sin embargo, estima que los ingresos empresariales y de consumo atribuibles a esos centros de datos alcanzarán como máximo 3,6 billones durante el mismo periodo. Bajo ese escenario, más de 3,5 billones de dólares de inversión podrían quedar expuestos a deterioros de valor. Gartner prevé además que más del 80% de los proveedores neocloud dejarán de operar como compañías independientes antes de terminar la década.
Son previsiones, no una señal de que los pedidos estén cayendo ya. De hecho, los datos operativos de los principales fabricantes continúan mostrando una demanda elevada.
TSMC acaba de presentar otro trimestre récord. Su beneficio neto aumentó un 69% interanual en el tercer trimestre hasta 763.100 millones de dólares taiwaneses y la compañía espera que sus ingresos de 2026 crezcan alrededor de un 44%. Mantiene además un presupuesto de inversión de entre 60.000 y 64.000 millones de dólares para el ejercicio, mientras continúa ampliando su capacidad de fabricación avanzada y de encapsulado para IA.
La coexistencia de ambos movimientos explica buena parte de la corrección bursátil. La demanda actual puede seguir siendo fuerte al mismo tiempo que los inversores reducen las valoraciones asignadas a beneficios esperados varios años hacia delante. Para empresas cuyas acciones habían incorporado escenarios de crecimiento casi continuo, basta con que una parte de los proyectos se posponga para modificar las previsiones.
Asia concentra una parte creciente de la exposición bursátil
El impacto resulta especialmente visible en los mercados asiáticos porque el despliegue de IA se ha convertido en uno de sus grandes motores bursátiles. TSMC, Samsung Electronics y SK Hynix representan conjuntamente cerca de un tercio del MSCI Asia ex-Japan y alrededor de una quinta parte de un índice asiático más amplio de MSCI, según datos recopilados por Bloomberg.
La concentración es todavía mayor entre los valores que lideraban las ganancias. Ocho de las diez compañías con mejor comportamiento del MSCI Asia-Pacific este año son fabricantes de componentes y cada una acumulaba avances de al menos el 236%. Ese recorrido deja poco margen para una revisión de expectativas cuando el mercado empieza a aplicar una prima de riesgo mayor a todo el ciclo de inversión.
Las bolsas asiáticas comenzaron este lunes prolongando parte de esa presión. Japón y Taiwán registraban descensos, aunque la moderación del petróleo desde los máximos del viernes ayudaba a los bonos y a los futuros estadounidenses. La evolución del crudo seguirá siendo una variable importante: precios energéticos persistentemente altos elevan la inflación, dificultan una relajación monetaria y encarecen tanto la financiación como la propia operación de centros de datos intensivos en electricidad.
Todavía no hay evidencias claras de una contracción de los pedidos de chips o equipos para IA. La corrección refleja, por ahora, una revisión del precio que los inversores están dispuestos a pagar por ese crecimiento y del riesgo financiero necesario para conseguirlo.
Para la cadena asiática, la siguiente fase dependerá así menos de demostrar que existe demanda de capacidad informática, algo que los fabricantes siguen observando, que de comprobar cuántos de los centros de datos anunciados consiguen financiación, electricidad y retornos suficientes para construirse en los plazos previstos. Un retraso en esa inversión tendría efectos sucesivos sobre pedidos, utilización de fábricas y beneficios, precisamente las variables que han sostenido las fuertes valoraciones de los proveedores de semiconductores durante el ciclo de la IA.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
