AMETIC ha puesto negro sobre blanco una idea que ya circula en muchos ayuntamientos y gobiernos autonómicos: la automatización inteligente está dejando de ser un proyecto piloto para convertirse en una pieza operativa de la gestión urbana. La asociación ha publicado el whitepaper Inteligencia y automatización al servicio del ciudadano , elaborado por su Comisión de Smart Cities, con una hoja de ruta centrada en hiperautomatización, es decir, la combinación de inteligencia artificial (IA), automatización robótica de procesos (RPA) y agentes inteligentes para ejecutar tareas administrativas y técnicas de extremo a extremo.
AMETIC enmarca el análisis en términos de competitividad y eficiencia administrativa, pero también en la capacidad de las instituciones para sostener servicios públicos con más demanda y más complejidad. «La transformación digital ya no es únicamente una cuestión tecnológica. Es una cuestión de competitividad, de eficiencia, de capacidad de adaptación y, sobre todo, de mejora de los servicios que prestamos a ciudadanos y empresas», afirmó Celestino García, director general de AMETIC.

La hiperautomatización aparece en el informe como paraguas de tecnologías que, en la práctica, se están desplegando en dos frentes distintos. Uno es el de los trámites y la gestión documental, donde la automatización se mide en minutos ahorrados, expedientes resueltos y reducción de errores. El otro es el de la operación de infraestructuras urbanas, donde el objetivo se desplaza hacia la predicción y la respuesta automática ante incidencias. En ambos casos, el whitepaper insiste en que el salto no depende solo de comprar software, sino de integrar sistemas, ordenar datos y rediseñar procesos que llevan años acumulando excepciones.
En la parte administrativa, AMETIC describe un cuello de botella conocido en la Administración Pública: grandes volúmenes de documentos, flujos entre departamentos y tareas repetitivas que consumen tiempo de perfiles cualificados. La RPA, una tecnología que automatiza acciones en aplicaciones existentes imitando la interacción humana, como clics, lectura de campos y validaciones, se presenta como una vía rápida para aliviar esa presión cuando los sistemas heredados no permiten cambios profundos. Sin embargo, el documento también sugiere que el valor real aparece cuando se encadena RPA con IA y con reglas de negocio, de modo que el proceso no se limite a mover datos, sino que tome decisiones dentro de un perímetro definido.
Los casos aportados por Madrid y Barcelona ilustran ese enfoque con cifras concretas. En el Ayuntamiento de Madrid, según el whitepaper, se implantaron ocho robots RPA en la asesoría jurídica, que tramita más de 1.000 notificaciones judiciales diarias. Un único robot, siempre según el documento, liberó a cinco personas del equipo. También se citan dos episodios de reducción drástica de tiempos: la carga de trabajo acumulada durante meses en el servicio de reclamaciones de sanciones de tráfico se resolvió en dos semanas, y la comprobación de requisitos de becas infantiles para más de 5.000 solicitantes se completó en menos de cuatro horas. En Barcelona, la tramitación de licencias de terraza habría pasado de 30 a 5 minutos, multiplicando la productividad por cinco.
A escala autonómica, el informe se apoya en el caso de la Junta de Andalucía, que procesó más de 100.000 solicitudes de incentivos al empleo en 37 días, concediendo ayudas a más de 50.000 personas por un valor de 169 millones de euros. El documento añade el proyecto CONAN, que verifica automáticamente cada año que más de 100.000 andaluces siguen cumpliendo los requisitos para percibir pensiones no contributivas, evitando que un funcionario tenga que revisar expediente por expediente. En este tipo de automatizaciones, el punto sensible no suele ser la ejecución mecánica, sino la trazabilidad: qué reglas se aplican, con qué datos y cómo se audita una decisión cuando afecta a derechos o prestaciones.
El whitepaper también desplaza el foco hacia la gestión de infraestructuras, un terreno donde la automatización se mezcla con sensores, analítica y sistemas de control. La tesis es que la operación urbana ha sido históricamente reactiva, se actúa cuando el problema ya se manifiesta, y que la hiperautomatización permite avanzar hacia modelos predictivos. En términos prácticos, esto implica monitorización en tiempo real, detección de patrones y generación automática de órdenes de trabajo o de medidas de seguridad.
Madrid aparece de nuevo como ejemplo con un gemelo digital 3D del inventario arbóreo. Un gemelo digital, en este caso, es una representación virtual conectada a datos del mundo físico que permite simular estados y anticipar riesgos. Según el informe, el sistema analiza individualmente la inclinación y el estado fitosanitario de cada árbol y, si detecta riesgo de caída en función del viento previsto, genera órdenes de cierre de parques y envía rutas de inspección a brigadas, mientras drones rastrean espacios verdes en busca de plagas o estrés hídrico. La automatización no solo acelera tareas, también cambia el tipo de decisión: se pasa de inspecciones periódicas a intervenciones disparadas por señales y predicciones.
En Barcelona, el documento describe el Túnel de Glòries como una de las infraestructuras más hiperautomatizadas de Europa, con capacidad para activar semáforos, megafonía y alertas de emergencia en segundos ante incidencias detectadas por cámaras. Son automatismos que, en una infraestructura crítica, reducen el tiempo entre la detección y la respuesta, aunque también elevan la exigencia de fiabilidad y de pruebas. Metro de Madrid, por su parte, se menciona por la automatización de la gestión documental de contratos de mantenimiento, con normalización de documentos, control de versiones y generación de notificaciones sin intervención humana, un ejemplo menos visible para el ciudadano pero útil para el control interno y la continuidad operativa.
La intervención de José de la Uz, alcalde de Las Rozas y presidente de la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI), introdujo un elemento político-organizativo que el informe trata como condición de posibilidad: la colaboración público-privada. «Estamos en un momento de profunda transformación de nuestras ciudades y administraciones, y documentos como este whitepaper son fundamentales para ayudar a identificar oportunidades y acelerar la adopción de tecnologías con impacto real en la vida de los ciudadanos», señaló. De la Uz recordó además que Las Rozas trabaja desde hace años en automatización de servicios públicos e incorporación de IA para mejorar la atención ciudadana, junto con proyectos de automatización del riego de parques, gemelo digital y transformación cultural interna. También destacó el convenio firmado recientemente entre la RECI e ICEX para impulsar la proyección internacional del sector español de ciudades inteligentes.

La parte más útil del documento, para muchas organizaciones, puede estar en el inventario de fricciones. AMETIC enumera obstáculos que aparecen de forma recurrente cuando se intenta escalar automatizaciones: infraestructuras informáticas obsoletas, falta de estándares de interoperabilidad entre departamentos y niveles de gobierno, y problemas de calidad del dato. La interoperabilidad, a menudo tratada como un asunto técnico, se convierte en un problema de gobernanza cuando cada área mantiene definiciones distintas de los mismos conceptos o cuando los sistemas no comparten identificadores consistentes. Y la calidad del dato, en automatización, no es un detalle: un proceso automatizado amplifica errores con la misma eficiencia con la que amplifica aciertos.
La ciberseguridad aparece como prioridad por un motivo casi aritmético: a mayor digitalización, mayor superficie de exposición. Automatizar trámites y operaciones implica más integraciones, más credenciales de servicio, más APIs y más dependencias. Aunque el whitepaper no entra en un catálogo de medidas, sí coloca el riesgo en el centro del diseño, no como una revisión posterior.
En el plano humano, el informe subraya la gestión del cambio cultural. La automatización genera resistencias previsibles entre trabajadores públicos, sobre todo cuando se percibe como sustitución y no como reorganización del trabajo. AMETIC plantea planes de reskilling para desplazar a los empleados hacia funciones de mayor valor, donde el criterio y el juicio sean diferenciales. La frase final de Celestino García condensa esa ambición, con un matiz que apunta a la sostenibilidad del esfuerzo: «el gran reto es construir un modelo de transformación sostenible, inclusivo y colaborativo, capaz de aprovechar todo el potencial de la tecnología al servicio de las personas y de los territorios».
El whitepaper ha contado con la participación de compañías integrantes de la Comisión de Smart Cities de AMETIC: Inetum, Vicomtech, Cibernos, Zabala Innovation y MB3. La presencia de proveedores y entidades tecnológicas en la elaboración del documento refuerza su orientación práctica, aunque también deja abierta una cuestión que suele aparecer cuando se pasa de las recomendaciones a la ejecución: cómo se traducen en pliegos, métricas de servicio y modelos de responsabilidad cuando un proceso automatizado toma decisiones o desencadena acciones en el mundo físico.
La hoja de ruta que propone AMETIC llega en un momento en el que muchas administraciones ya han probado automatizaciones puntuales y empiezan a enfrentarse a la parte menos vistosa: integrar, estandarizar y gobernar. La capacidad de las instituciones para convertir esos despliegues en sistemas estables, auditables y seguros determinará si la hiperautomatización reduce los cuellos de botella o los reproduce con otras herramientas.