Substrate AI ha desarrollado una arquitectura experimental que traslada la inteligencia artificial desde la generación de código hasta la propia ejecución de las aplicaciones. El planteamiento, denominado Domain–Render, asigna a agentes de IA la gestión de la lógica, los cambios de estado y la interfaz, con la intención de reducir la necesidad de programar software específico para cada caso de uso. La propuesta amplía el alcance habitual de las herramientas sin código, aunque su viabilidad se apoya todavía en un prototipo y en pruebas principalmente cualitativas.
La investigación ha sido aceptada para las actas de SMAP 2026, un encuentro internacional centrado en inteligencia artificial, adaptación y personalización y copatrocinado por la IEEE Computational Intelligence Society. James Bren Worth, responsable de I+D de la empresa y autor del trabajo, presentará el paper los días 19 y 20 de noviembre de 2026 en Mystras, Grecia.
De generar código a interpretar la aplicación
El cambio relevante reside en el papel que desempeña la IA. En buena parte de las herramientas actuales de desarrollo asistido, un modelo genera fragmentos de código que después se integran, comprueban y ejecutan dentro de una arquitectura convencional. Domain–Render propone que la orquestación de IA actúe directamente como entorno de ejecución e interprete las instrucciones que definen el comportamiento de la aplicación.
Esto no significa que toda la infraestructura funcione sin software. La plataforma sobre la que opera la arquitectura continúa construida con tecnología convencional. La diferencia es que las aplicaciones creadas sobre ella no contienen código específico para su lógica, su flujo de trabajo o su presentación. Estas funciones quedan expresadas en un plan de orquestación estructurado que el sistema interpreta durante la ejecución.
La arquitectura distribuye el trabajo entre dos agentes coordinados. El agente Domain mantiene el estado de la aplicación y administra su flujo de trabajo, mientras que el agente Render determina cómo se presenta la interfaz al usuario. El intercambio entre ambos permite vincular las acciones que se producen en pantalla con los cambios internos de la aplicación, sin recurrir a un backend desarrollado expresamente para cada implementación.
Según James Bren Worth, el objetivo es rebajar la dependencia de la programación tradicional: «El software siempre ha tenido una barrera de entrada: alguien tiene que escribir el código. Nosotros investigamos para eliminar esa barrera. La idea es que si puedes describirlo, puedas crearlo, y la aplicación puede adaptarse a cada persona. Eso es lo que vamos a presentar en Mystras».
Un prototipo con evidencia todavía cualitativa
La investigación se ha materializado en Crafter, un prototipo funcional de escritorio utilizado para producir aplicaciones desplegables y orientadas al usuario. Las pruebas abarcan casos de educación y entornos administrativos y clínicos, ámbitos en los que los flujos de trabajo suelen depender de formularios, estados sucesivos y distintas formas de presentar la información.
Estos ensayos ofrecen evidencia sobre la capacidad del modelo para materializar aplicaciones sin desarrollar un backend específico en cada caso. Sin embargo, los resultados descritos son principalmente cualitativos. La investigación no aporta métricas que permitan comparar rendimiento, fiabilidad o escalabilidad frente a arquitecturas tradicionales, aspectos determinantes para trasladar el modelo a sistemas empresariales sometidos a cargas elevadas o requisitos críticos.
Tampoco puede equipararse todavía el prototipo con una sustitución general del desarrollo convencional. Una aplicación empresarial debe integrarse habitualmente con datos, permisos, sistemas heredados y controles operativos. El trabajo presentado se concentra en otra capa del problema: comprobar si la lógica y la interfaz pueden definirse mediante instrucciones interpretadas por agentes, en vez de quedar fijadas en código propio de cada aplicación.
Implicaciones para el software empresarial
Si el enfoque progresa, su principal efecto empresarial estaría en la forma de crear y modificar aplicaciones internas. Un sistema definido mediante instrucciones podría acortar la distancia entre la descripción de un proceso y su implementación, además de facilitar cambios en flujos de trabajo o interfaces sin reescribir componentes específicos. Esa flexibilidad tendría especial interés en herramientas administrativas, educativas o clínicas que deben adaptarse a procedimientos y perfiles de usuario diferentes.
El paper, titulado “Prompt-Defined Application Runtimes: A Domain–Render Architecture for Code-Free AI-Native Software”, someterá esta aproximación al debate de una comunidad especializada. Para Substrate AI, el siguiente paso operativo será demostrar que la arquitectura puede mantener un comportamiento consistente más allá de los ejemplos del prototipo. La adopción empresarial dependerá de convertir esa evidencia inicial en resultados medibles sobre estabilidad, control y capacidad de integración.
