El lanzamiento en España del LG UltraGear evo 27GM950B sitúa el foco sobre una cuestión que sigue condicionando la evolución de las pantallas LCD de altas prestaciones: cuánto puede afinarse el control de la retroiluminación antes de que el blooming, la complejidad óptica y el procesamiento empiecen a limitar las mejoras. El nuevo monitor de 27 pulgadas combina resolución 5K con una arquitectura Mini LED de 2.304 zonas de atenuación local, una cifra que LG presenta como aproximadamente un 50% superior a la de su anterior modelo comparable.
El producto llega tras su presentación en CES 2026, donde recibió un CES Innovation Award en Gaming & eSports. Aunque su destino comercial está ligado al juego, la parte más relevante desde la tecnología LED está detrás del panel LCD: una retroiluminación con mayor granularidad, diseñada para contener mejor la luz cuando conviven pequeños elementos muy brillantes y fondos oscuros.
Hyper Mini LED concentra 2.304 zonas en 27 pulgadas
LG denomina «Hyper Mini LED» a la implementación utilizada en el 27GM950B. El sistema divide la retroiluminación en 2.304 zonas de atenuación local que pueden regular su intensidad de manera independiente por grupos. Cuantas más zonas existen detrás de una misma superficie, menor es, en términos generales, el área de imagen que depende de cada bloque de iluminación.
Ese incremento no convierte a un LCD en una pantalla con control de luz a nivel de píxel. En un sistema Mini LED, una zona ilumina numerosos píxeles y el resultado depende también de la capacidad del panel LCD para modular la luz. Reducir el tamaño de las áreas iluminadas, sin embargo, permite atacar uno de los defectos más visibles de esta arquitectura: el halo que puede aparecer alrededor de objetos luminosos sobre fondos negros.
LG compara las 2.304 zonas del nuevo modelo con las de su anterior 27GR95UM y cifra el incremento en torno a 1,5 veces. La compañía no detalla en la información facilitada el número de Mini LED físicos ni la relación exacta entre diodos y zonas, dos magnitudes que no tienen por qué coincidir.
El blooming se convierte en un parámetro de diseño
La cantidad de zonas es solo una parte del problema. LG también ha reducido la distancia entre el panel y la retroiluminación LED, una modificación de la arquitectura óptica destinada a limitar la dispersión de luz antes de que alcance la capa LCD.
El blooming no depende únicamente del software que decide qué zonas se encienden. Intervienen la disposición de los emisores, los elementos difusores, la separación entre capas y el propio algoritmo de local dimming. Una pantalla puede aumentar el número de zonas y seguir mostrando halos si la luz se distribuye en exceso o si la transición entre áreas iluminadas y oscuras no se gestiona con precisión.
El 27GM950B cuenta con certificación Anti Blooming de TÜV Rheinland, según LG. A ello añade un brillo máximo declarado de 1.250 nits, medido bajo condiciones internas de prueba, y certificación VESA DisplayHDR 1000. Son especificaciones que obligan a equilibrar dos objetivos: elevar la luminancia de los puntos brillantes y evitar que esa luz invada zonas que deberían permanecer oscuras.
La resolución 5K eleva la exigencia sobre la retroiluminación
Sobre esa capa lumínica, LG monta un panel de 5.120 x 2.880 píxeles en 27 pulgadas. La densidad alcanza 218 píxeles por pulgada, una cifra orientada tanto a juegos como a productividad y creación de contenido.
La combinación introduce una asimetría relevante. La imagen dispone de casi 14,7 millones de píxeles, mientras la iluminación se gobierna mediante 2.304 zonas. Cada zona continúa cubriendo miles de píxeles, aunque el sistema pueda ajustar la luz con mucha más precisión que una retroiluminación convencional de pocas áreas.
Ahí aparece uno de los límites que acompañan al Mini LED. Incrementar las zonas acerca el comportamiento de la retroiluminación al contenido mostrado, pero también multiplica las decisiones de control que deben realizarse en tiempo real. El rendimiento final depende de la coordinación entre panel, electrónica, óptica y algoritmos, no únicamente de la cantidad de LED instalada.
La IA entra en el procesamiento de la pantalla
El otro cambio de esta generación ocurre antes de que la imagen llegue a los píxeles. El monitor incorpora procesamiento de IA dentro de la propia pantalla, con funciones de escalado, optimización de escena y tratamiento de sonido.
«5K AI Upscaling» adapta la señal de entrada a la resolución nativa del panel sin exigir una actualización de la GPU, de acuerdo con la compañía. El rendimiento puede variar según la calidad de la fuente y sigue siendo necesario un dispositivo externo compatible para ejecutar el juego. LG añade «AI Scene Optimization», que analiza el contenido para modificar temperatura de color, color y nitidez según distintos tipos de uso.
Conviene separar este procesamiento de la tecnología de retroiluminación. La información disponible no establece que la IA gobierne individualmente las 2.304 zonas Mini LED ni detalla una relación directa entre ambos sistemas. Lo relevante es que una parte creciente del tratamiento de imagen se desplaza al monitor mientras el subsistema LED aumenta simultáneamente su complejidad.
El gaming aprovecha dos configuraciones de pantalla
La aplicación comercial se completa con Dual Mode. El usuario puede trabajar a resolución 5K y 165 Hz o reducir la señal a QHD, 2.560 x 1.440 píxeles, para elevar la frecuencia de actualización hasta 330 Hz. En ambos casos, LG declara un tiempo de respuesta de 1 milisegundo GtG.
El planteamiento permite utilizar el mismo monitor para juegos donde pesa más la definición y para títulos competitivos que priorizan la velocidad. Alcanzar 330 Hz requiere una tarjeta gráfica compatible, y el rendimiento depende también del equipo y de la configuración.
La conectividad incluye DisplayPort 2.1 UHBR 20, con hasta 80 Gbps de ancho de banda, además de USB-C con suministro de energía de hasta 90 W. NVIDIA G-SYNC y AMD FreeSync Premium completan el apartado destinado a sincronizar la pantalla con la salida gráfica.
Mini LED compite también en precisión
El 27GM950B muestra hacia dónde se desplaza una parte del desarrollo Mini LED. El número de zonas sigue funcionando como indicador visible, pero cada incremento obliga a prestar más atención a la óptica, al procesamiento y a la forma en que la retroiluminación responde a escenas complejas.
Frente a tecnologías autoemisivas, donde cada píxel genera su propia luz, el LCD con Mini LED conserva una arquitectura de dos capas: una fuente luminosa posterior y un panel que modula esa luz. Esa separación mantiene el blooming como un problema técnico que debe gestionarse, aunque permite trabajar con niveles elevados de luminancia.
En un monitor de 27 pulgadas, reunir 2.304 zonas, resolución 5K y hasta 1.250 nits desplaza la competencia hacia un terreno de mayor densidad y control. Para fabricantes de LED, componentes ópticos y electrónica de display, la evolución tiene una consecuencia operativa clara: mejorar la imagen exige coordinar cada vez más elementos dentro de un espacio físico que apenas crece.