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DigitalES Summit 2026 baja la IA al terreno industrial

DigitalES Summit 2026 baja la IA al terreno industrial

  • La segunda jornada de DigitalES Summit 2026 abordó IA, cuántica, tecnologías duales, espacio y regulación como palancas de competitividad europea y española.
DigitalES Summit 2026 v- Óscar López

La segunda jornada del DigitalES Summit 2026 llevó el debate tecnológico a un terreno más operativo. Tras una primera sesión centrada en los cimientos de la digitalización, conectividad, soberanía, confianza y talento, el encuentro del 25 de junio puso el foco en cómo convertir esas bases en capacidad industrial, servicios públicos más resilientes y ventajas competitivas medibles.

La inteligencia artificial dejó de aparecer como una promesa transversal para entrar en los comités de dirección, la computación cuántica bajó a casos de uso, las tecnologías duales conectaron defensa e industria y el espacio se presentó como una infraestructura digital más. El hilo de la jornada fue claro: España parte de una posición favorable, pero el siguiente tramo exige ejecución, escala y coordinación entre empresas, administraciones e instituciones europeas.

La apertura recogió esa continuidad. El primer día había servido para hablar de «nuestros cimientos», con conectividad, innovación, seguridad, soberanía tecnológica y personas como piezas de una misma arquitectura. «No hay transformación digital sin redes, sin inversión, sin confianza, pero tampoco sin visión compartida», se recordó al inicio de la mañana.

El segundo día añadió otra capa: las tecnologías disruptivas ya no aparecen como promesas separadas, sino como sistemas conectados entre sí. La inteligencia artificial necesita redes, centros de datos, energía, gobernanza y talento. La cuántica empieza a concretar casos de uso. Las tecnologías duales se desplazan desde el perímetro militar hacia el tejido empresarial. El espacio entra en la conversación digital con datos, conectividad, navegación y vulnerabilidad sistémica.

Óscar López situó ese recorrido bajo la idea de soberanía tecnológica. El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública defendió que la inteligencia artificial ya forma parte de las capacidades críticas de país. «La IA es una infraestructura crítica. Gobernarla es un reto civilizatorio», afirmó, antes de vincular su diseño, producción y gobierno con la autonomía tecnológica europea.

Óscar López, ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública
Óscar López, ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública

 

Su intervención combinó balance, política industrial y anuncio regulatorio. España, dijo, ha dedicado «2 de cada 3 euros de los fondos europeos a la transformación verde y digital», ha desarrollado estrategias nacionales de IA, tecnologías cuánticas y deep tech por más de 10.000 millones, ha puesto en marcha el primer sandbox regulatorio europeo y cuenta con ALIA como modelo de lenguaje público, multilingüe y de código abierto.

El anuncio más concreto llegó al hablar de resiliencia. López avanzó un Real Decreto de seguridad y resiliencia de redes y servicios de comunicaciones electrónicas para garantizar por ley «al menos 4 horas de cobertura móvil en caso de apagón eléctrico». La medida, prevista antes de final de año, encaja con una derivada muy presente durante las dos jornadas: la digitalización se ha vuelto demasiado crítica como para depender solo de la normalidad operativa. Tras el apagón, el Gobierno trabaja con las operadoras en obligaciones de redundancia, seguridad y baterías para antenas de telecomunicaciones. La cobertura aparece así como derecho digital, pero también como infraestructura de continuidad económica.

La fotografía que trazó el ministro fue deliberadamente ambiciosa. España, sostuvo, compite en el mundo digital por tres factores: conectividad, energía limpia y barata, y talento. Añadió que el país es el segundo del mundo con más titulados TIC, solo por detrás de Estados Unidos, y que la economía digital representa ya el 27% del PIB. La comparación con el turismo, tradicionalmente situado en torno al 12% o el 13%, buscaba recalibrar el peso real del sector tecnológico en el modelo productivo español. Aunque esa cifra no disuelve los cuellos de botella que aparecerían después: I+D insuficiente, fragmentación europea, falta de escala, presión regulatoria, dependencia tecnológica y déficit de perfiles avanzados.

DigitalES Summit 2026: regular para crecer

Ángel García Castillejo, vicepresidente de la CNMC, colocó la regulación en un terreno menos defensivo de lo habitual. Su tesis fue que el debate entre regular poco para no frenar la innovación o regular mucho para proteger a los usuarios ha quedado superado. «La buena regulación no es un freno, sino una condición para el crecimiento», defendió. El posicionamiento es relevante porque llegó en una jornada donde varios operadores pedirían cambios, estabilidad o prudencia regulatoria, según su posición competitiva.

Ángel García Castillejo, vicepresidente de la CNMC
Ángel García Castillejo, vicepresidente de la CNMC

García Castillejo articuló la buena regulación sobre tres funciones: garantizar competencia efectiva, generar certidumbre para la inversión y proteger a usuarios y empresas. En telecomunicaciones, recordó que el 91% de las líneas de banda ancha fija eran ya de fibra óptica a cierre de 2025 y que la fibra está disponible para casi el 96% de la población. «Cuando hay inversión, competencia y seguridad jurídica, el ecosistema digital crece», afirmó. El dato permite entender parte del éxito español en conectividad, aunque también introduce una tensión regulatoria difícil: retirar obligaciones cuando el mercado funciona y mantenerlas donde siguen siendo necesarias para preservar la competencia.

El vicepresidente de la CNMC citó varias actuaciones concretas: el registro de alias para verificar remitentes de SMS, MMS o RCS y bloquear suplantaciones; la futura numeración 400 para identificar llamadas comerciales; los nuevos parámetros de calidad que deben publicar los operadores; el primer informe sobre calidad en zonas rurales; y la herramienta de medición de calidad de banda ancha. No eran ejemplos accesorios. La confianza, subrayó, se construye en capas muy prácticas: integridad de la información, lucha contra el fraude, calidad de servicio y transparencia para el usuario.

La intervención también entró en el debate sobre infraestructuras físicas. La CNMC ha abierto una consulta pública sobre una propuesta de compromisos presentada por Telefónica en relación con el acceso a ductos. García Castillejo resumió el criterio del regulador con una frase que atravesó varios debates posteriores: «Cuando los mercados funcionan, el regulador debe saber retirarse, pero cuando fallan, cuando se localizan, se detectan fallas en el mercado, el regulador debe de actuar con precisión». La digitalización necesita reglas, aunque unas reglas mal calibradas pueden alterar la inversión que pretenden estimular.

Operadores: valor, escala y presión competitiva

La conversación con Meinrad Spenger, CEO de MasOrange, aterrizó esa tensión desde la perspectiva de una compañía recién consolidada y con cambio accionarial en marcha. La recompra del 50% de MasOrange por parte de Orange Group fue presentada como «un voto de confianza muy importante» en España, en el equipo y en el plan estratégico vigente. Spenger insistió en que no prevé cambios en cultura ni en estrategia: «Invertir, innovar y crecer».

Meinrad Spenger, CEO de MasOrange
Meinrad Spenger, CEO de MasOrange

El diagnóstico del mercado español fue más áspero. España es, según el CEO de MasOrange, el mercado «mejor conectado de Europa», pero también «el más competitivo de Europa». En 15 años, los ingresos del sector han bajado un 35%. Pese a ello, MasOrange ha crecido en clientes, ingresos y rentabilidad, y ha mejorado en calidad de red y reputación. La operadora reivindicó además su capacidad para ganar contratos de empresas y administraciones «por nota técnica, no solo por precio».

Spenger puso el dedo en una contradicción conocida en el sector: la conectividad es cada vez más estratégica, pero el producto telco se ha convertido en una commodity. «Hemos posicionado entre todos el producto de telecomunicaciones como una commodity básica más, y a nivel económico la peor», dijo. La sensibilidad de los consumidores ante una subida de un euro en su paquete de telecomunicaciones contrasta con la disposición a pagar por dispositivos, plataformas o servicios digitales que dependen de esa conectividad. Esa brecha entre valor percibido y valor operativo recorre buena parte de la economía digital europea.

En escala, el contraste fue aún más directo. «Un operador en Europa tiene en media 5 millones de clientes, en Estados Unidos 100 millones, en China 500 millones», afirmó. La fragmentación europea vuelve a aparecer como límite industrial, no solo regulatorio. MasOrange defendió la creación de valor sobre conectividad básica mediante redes privadas 5G, soluciones de seguridad, conectividad satelital móvil en pruebas en Valladolid y gemelos digitales para decidir dónde invertir en la red móvil. «IA sin conectividad no es inteligente», resumió Spenger.

Digi ofreció otro ángulo del mismo mercado. Marius Varzaru repasó un año de crecimiento apoyado en inversión propia, integración vertical y despliegue de fibra smart. A finales de marzo, la compañía alcanzó 14,2 millones de hogares con cobertura, 2,5 millones desplegados en el último año, con casi 3.000 empleados dedicados al despliegue de red. La base de banda ancha rozó los 2,8 millones de clientes tras sumar 625.000 en doce meses. «Uno de cada cuatro clientes que tenemos en Digi de fibra óptica es un cliente que ha venido en el último año», señaló.

Sobre una posible salida a Bolsa, Varzaru explicó que el grupo la contempla como opción para una participación minoritaria, sin perder el control de la filial española ni alterar el plan industrial. La propuesta de valor, según el CEO de Digi, descansa en tres elementos: eficiencia operativa, tecnología avanzada y cercanía al cliente. Ante la acusación recurrente de destrucción de valor, respondió desde la competencia: «Nuestro deber es competir, y ofrecer la mejor propuesta de valor que podemos». También defendió que el marco de acceso a infraestructuras ha sido un factor crítico del éxito español en fibra, por lo que pidió preservar una regulación que, a su juicio, ha generado inversión, empleo y resiliencia.

Antonio Garamendi elevó la conversación al conjunto del tejido productivo. El presidente de CEOE sostuvo que la digitalización ya no puede medirse por adopción, sino por productividad, innovación y capacidad para competir. «Para competir en la economía actual no basta con ser buenos usuarios de tecnología, también necesitamos ser capaces de crearla», afirmó. Su definición de liderazgo digital fue exigente: empresas capaces de adoptar tecnología avanzada, desarrollar soluciones propias, atraer talento e inversión, escalar y competir en mercados globales.

Garamendi fijó tres condiciones: adopción con impacto real, talento y capacidades, e innovación empresarial con capacidad de escalado. España parte de una posición favorable en conectividad, competencias digitales básicas y servicios públicos digitales, aunque no aprovecha aún plenamente esas fortalezas en tecnologías avanzadas o especialistas TIC. Citó un 4,8% de especialistas TIC sobre el empleo total, por debajo del 5% europeo, y un gasto total en I+D del 1,5% del PIB frente al 2,2% de la media europea. El gasto privado en I+D, añadió, se sitúa en el 0,84% frente al 1,5% comunitario. La caída del 17% en pymes activas en I+D entre 2008 y 2024 completó el cuadro.

La IA fue para Garamendi el ejemplo principal de esta transición. Su valor no estará solo en usarla, sino en integrarla en procesos, formar equipos, proteger datos, desarrollar casos de uso propios y medir productividad. «Sin confianza, sin seguridad y capacidades, la IA no escala», advirtió. Y añadió una formulación que enlaza con el tono de toda la jornada: «El liderazgo digital no se va a conseguir solo usando tecnología, se va a conseguir cuando nuestras empresas sean capaces de adoptarla, capaces de crearla, capaces de escalarla y capaces de convertirla en productividad, empleo de calidad y crecimiento».

La IA entra en los comités de dirección

La mesa sobre inteligencia artificial confirmó que el debate empresarial ha cambiado de fase. Mateo José Cámara, doctor en IA por la Universidad Politécnica de Madrid, explicó el salto de los modelos desde tareas de minutos a tareas de horas. La IA, dijo, ya puede plantear un problema, descomponerlo, acotarlo, resolverlo, testarlo y productivizarlo. A esa capacidad añadió coste y accesibilidad. «La revolución industrial necesitaba una máquina de vapor, necesitaba colocar hierros por medio planeta para tener un tren. Esto es, pruébalo 5 minutos, y cuando vuelves al despacho de esa persona tiene la mandíbula desencajada».

Cuando la inteligencia artificial marca el ritmo de la economía
Cuando la inteligencia artificial marca el ritmo de la economía

Matilde García Duarte, presidenta de ANGED, llevó la IA a la distribución. La productividad ya se mide en previsión de demanda, logística, consumo energético, pricing o reducción de desperdicio. Citó estimaciones de Eurocommerce que sitúan la oportunidad de la IA en el comercio europeo entre 240.000 y 320.000 millones de euros en cinco años, con una mejora de 4 a 10 puntos en resultado operativo. Su advertencia fue clara: la fase de pilotos se queda corta. «La IA verdaderamente tiene que entrar dentro del modelo de negocio y tiene que estar en el proceso diario, porque decisiones pequeñas en millones de decisiones, cambios pequeños en millones de decisiones, el impacto es brutal».

David Arconada, autor de «HumanX», introdujo una cautela distinta. La IA por sí sola no diferenciará a las empresas si todas acceden a capacidades similares. La ventaja estará en el ritmo de adopción y, sobre todo, en la confianza. «La IA no democratiza la inteligencia, pero la IA no es capaz por sí sola de democratizar confianza», señaló. Su intervención giró hacia la experiencia de cliente y la pérdida del toque humano. La tecnología permite escuchar a escala, entender interacciones y personalizar respuestas, aunque la experiencia, sostuvo, «no se entrega por procesos, se entrega por personas». La frase que dejó el plano más claro fue esta: «La IA nos tiene que permitir devolver personas a personas y volver a generar esa magia que es la que genera confianza».

Ignacio Gallego, presidente de Nokia España, vinculó la IA con el rediseño de las redes. Las telecomunicaciones han pasado de conectar personas y transportar contenidos a «conectar modelos, procesar algoritmos, conectar inteligencia». El impacto no es menor: crecimiento masivo del tráfico, exigencias de latencia, capacidad de procesamiento, edge y seguridad. La IA, afirmó, ya forma parte del ADN de las redes de comunicaciones, con mantenimiento predictivo, autodiagnóstico, autooptimización y eficiencia energética. También multiplica amenazas. «Los malos siempre son los primeros en adoptar estas nuevas tecnologías», avisó.

Ana García Robles, directora del Laboratorio de Gobernanza de la IA para la Humanidad de Naciones Unidas, amplió el foco más allá de Europa. Su punto de partida fue separar regulación y gobernanza. «Gobernar es algo mucho más amplio. Son las reglas, pero también son las instituciones, los incentivos, los estándares, las prácticas empresariales, los mecanismos de supervisión, espacios de cooperación», explicó. El problema global no es la ausencia de marcos, sino su proliferación. En el último año y medio se han creado unos 200 nuevos marcos de gobernanza en el mundo, más que países, con enfoques diferentes: derechos y riesgo en Europa, competitividad e innovación en Estados Unidos, seguridad y Estado en China, infraestructura, inclusión y desarrollo en buena parte del sur global. La ONU, señaló, trabaja sobre mínimos compartidos e interoperabilidad de gobernanza. «Esto no es innovación o derechos humanos, esto es vamos a hacerlo juntos», defendió.

Infraestructuras, Europa y capacidades propias

La conversación entre Icíar Martínez, de Onivia, y Fran González, de Analysys Mason, devolvió la IA a la capa física. Martínez marcó el contraste: se habla mucho de lo que hace la inteligencia artificial y menos de lo que necesita para funcionar. Centros de datos, capacidad de computación, energía, inversiones y redes sostienen el efecto visible. González lo expresó con una mezcla de optimismo y advertencia: «No sé si el lema debería ser sintiendo el latido digital o sintiendo la taquicardia digital».

Para Fran González, Partner de Analysys Mason, el stack de la IA descansa sobre capas de infraestructura, chips, datos, modelos fundacionales y aplicaciones. En Europa hay tendencias positivas, como cobertura de fibra, adopción cloud o edge, aunque la dependencia de actores no europeos en capas esenciales sigue siendo el punto más delicado. Martínez defendió que la batalla digital no se decidirá solo por la mejor tecnología, sino por la capacidad de desplegarla con escala, hacerla accesible y crear ecosistemas abiertos. Su cierre resumió el bloque: «El verdadero latido digital son las redes, las plataformas y estos modelos de colaboración abierta que casi nunca vemos, pero están detrás de todo lo que lo hace posible».

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Renate Nikolay, directora general adjunta de DG CONNECT, reforzó esa lectura desde Bruselas. La Comisión Europea, explicó, ha pasado del énfasis regulatorio a la innovación y la construcción de capacidades. El paquete de soberanía tecnológica presentado el 3 de junio responde a dependencias concretas: más del 70% del mercado cloud europeo está controlado por proveedores no europeos y Europa produce menos del 10% de los semiconductores mundiales. La Cloud and AI Development Act, una futura federación EuroCloud, la revisión de la Chips Act y la estrategia de código abierto forman parte de esa respuesta.

La frase más relevante de Nikolay llegó al hablar de IA: «Europa no puede limitarse a ser consumidora de tecnologías de inteligencia artificial desarrolladas en otros lugares. Debemos construir nuestras propias capacidades«. Europa, añadió, debe convertirse en productora de IA, invertir en computación, datos, talento, investigación y despliegue sectorial. También vinculó esa ambición al Digital Networks Act, con un pasaporte europeo único, más armonización en autorizaciones, espectro y satélites, y un marco más favorable a la inversión en redes de nueva generación. España fue citada como ejemplo de transición completada del cobre a la fibra gracias a un modelo regulatorio eficaz.

Cuántica aplicada, defensa dual y espacio digital

La computación cuántica entró en la jornada con un mensaje menos futurista de lo habitual. Francisco Javier García Vieira, director de Servicios Públicos Digitales de Red.es, defendió que España está a tiempo de posicionarse. La Estrategia Nacional de Tecnologías Cuánticas 2025-2030 moviliza más de 800 millones, y el mercado global podría acercarse a los 100.000 millones de dólares en 2035, con un impacto potencial sobre otros sectores estimado en dos billones. «Este tren lo tenemos todavía para coger. Estamos en la carrera, estamos en la competición», afirmó.

Ritmo cuántico
Ritmo cuántico

DigitalES Quantum aportó el componente práctico. El programa, impulsado junto a Red.es con 7,5 millones de euros, reúne a Telefónica, Fujitsu, Moeve y NTT DATA en seis casos de uso en salud, energía y telecomunicaciones. La nota dominante fue que la cuántica ya no vive solo en laboratorios. Telefónica trabaja en Quantum-Key-as-a-Service para proteger infraestructuras críticas y en algoritmos híbridos para optimizar redes de gran escala. Leonor Ostos, Directora Desarrollo Productos y Servicios en Telefónica, explicó la urgencia desde la seguridad: «Algo está ocurriendo ya y hay que prepararse ya». El riesgo de «robar datos hoy para descifrarlos mañana» obliga a avanzar hacia comunicaciones quantum safe antes de que los ordenadores cuánticos estén plenamente disponibles.

David Villaseca, Director de Estrategia Digital en Moeve, vinculó la cuántica con la transición energética. «Quantum es un acelerador de nuestra transición energética, pero también de nuestra transformación tecnológica», señaló Villaseca. Por su parte, Lluis Quiles, Responsable de Quantum Computing en NTT DATA, defendió que IA, HPC y cuántica ya no pueden tratarse como carreras independientes. Adrián Picazo, Public Sector Account Manager en Fujitsu, presentó casos con datos reales para optimizar emergencias y distribución de material médico con drones.

Desde la moderación de la mesa quedó clara una conclusión operativa: la cuántica ya no puede explicarse solo desde el laboratorio. El siguiente paso pasa por experimentar, identificar casos con retorno, formar equipos multidisciplinares y conectarse al ecosistema. «La fase de experimentación de laboratorio ha terminado. La ventana de aprendizaje y ejecución está abierta, 2026-2030».

El bloque de tecnologías duales trasladó la conversación al terreno de defensa, seguridad e industria. El teniente general José María Millán, director general del CESTIC, explicó que la superioridad tecnológica occidental, basada durante décadas en capacidades militares avanzadas, se enfrenta a un campo de batalla donde productos comerciales modificados pueden alterar la disuasión. Drones, software, comunicaciones satelitales, nube, IA o ciberresiliencia ya no pertenecen a compartimentos separados. «La supremacía tecnológica ya no se mide en el blindaje o masa de artillería solamente. Sino también en líneas de código, en algoritmos de inteligencia artificial, en resiliencia cibernética», afirmó.

El ritmo de las tecnologías duales
El ritmo de las tecnologías duales

Julio Juan Prieto habló de «una nueva forma de entender la innovación», donde la transferencia ya no va solo del mundo militar al civil. Luis Álvarez situó el cambio en la autonomía estratégica europea y en la alineación de políticas industriales, tecnológicas y de defensa. Ildefonso Vera insistió en que las empresas españolas tienen capacidad para entrar en consorcios y proyectos europeos, aunque deben entender procesos, requisitos y tiempos del sector público. Rosa María Pulido, desde ISDEFE, recordó que en espacio la colaboración no es optativa. Ana Díaz Cayetano llevó la dualidad a los emplazamientos de telecomunicaciones, «los grandes desconocidos del sector», y los describió como las vías ferroviarias de la conectividad: infraestructuras físicas que sostienen datos, servicios y resiliencia.

Juan Carlos Cortés, director de la Agencia Espacial Española y presidente del Consejo de la ESA, amplió el mapa hasta la economía lunar y la infraestructura espacial. Su arranque comparó la atención recibida por el archivo vegetal de Svalbard con la escasa visibilidad de la Biblioteca Digital del Universo en Villafranca del Castillo. El espacio, defendió, también es digital. La Luna será una economía nativa digital, con construcción por control numérico, energía, conectividad y un «Galileo lunar». En la Tierra, los satélites aportan datos de teledetección, telecomunicaciones y navegación para gemelos digitales, defensa, clima y decisiones en tiempo real.

El punto crítico fue Europa. Cortés no ve un problema tecnológico, sino financiero y de interoperabilidad. El continente tiene ingeniería, comunicaciones entre satélites e iniciativas como IRIS2, LEO PNT o programas de teledetección resiliente, aunque padece fragmentación nacional y falta de capital. «Es importantísimo que Europa tenga una constelación de inteligencia que sea capaz de integrar datos y que sea capaz de dar información a aquellos que tienen que tomar decisiones», señaló. También advirtió sobre sostenibilidad orbital, lanzadores, vulnerabilidad ante eventos solares y defensa de activos espaciales. Su conclusión fue una equivalencia plena: «Espacio es equivalente idénticamente, el signo matemático de las 3 rayas, al mundo digital».

Administración cercana y cierre operativo

La clausura llevó toda esa densidad tecnológica al plano ciudadano. Miguel López-Valverde, consejero de Digitalización de la Comunidad de Madrid, defendió la creación de una consejería específica por una razón de liderazgo. Para aplicar tecnologías en sanidad, servicios sociales, educación o trámites administrativos hace falta concentrar activos, equipos y responsabilidad política. «La empatía es fundamental», dijo, al describir la necesidad de ponerse en la posición del ciudadano que usa un servicio público.

Una Administración más cercana gracias a la tecnología
Una Administración más cercana gracias a la tecnología

La Comunidad de Madrid trabaja en canales digitales, automatización de ayudas cuando la administración ya dispone de datos, simplificación interna y medición de satisfacción ciudadana. López-Valverde citó el avatar Sol, con inteligencia agéntica, para facilitar la interacción con la información de la Comunidad. Belén Osorio, desde la mirada de una ciudadana joven y experta en compliance, puso el foco en la interoperabilidad entre administraciones, la claridad documental y la comunicación cercana. «Creo que una baza muy fuerte que se tiene que implementar a día de hoy es la comunicación real y cercana para dejarnos a lo mejor de tantos tecnicismos», señaló.

El último tramo dejó la conversación en un terreno menos vistoso, pero más decisivo: la capacidad de convertir tecnología en utilidad. La IA, la cuántica, el espacio, las redes y las tecnologías duales solo generan valor cuando encuentran un problema real, una estructura capaz de ejecutarlas y un usuario que percibe utilidad.  DigitalES Summit 2026  cerró su segunda jornada con una agenda más industrial que declarativa.

España aparece bien posicionada en conectividad y servicios públicos digitales, con proyectos cuánticos en marcha, operadores que siguen invirtiendo y una administración que intenta convertir datos y automatización en proximidad. Pese a ello, la ventaja no se consolida sola. El tramo siguiente requiere capital, regulación estable, I+D, talento, interoperabilidad europea y capacidad para escalar soluciones propias antes de que las dependencias vuelvan a marcar el ritmo.

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