Kaspersky ha publicado este 20 de agosto los resultados de una encuesta internacional que sitúa el impacto financiero en el centro de las decisiones de ciberseguridad: el 31% de las empresas consultadas en España identifica la reducción de riesgos económicos y pérdidas inesperadas como su principal beneficio. El dato aparece mientras la adopción de cloud, inteligencia artificial y automatización amplía la dependencia tecnológica de las organizaciones. A escala global, el 99% de las compañías encuestadas ya considera la seguridad digital una necesidad estratégica para el negocio.
La lectura de la ciberseguridad se desplaza así desde el perímetro técnico hacia la gestión de la exposición empresarial. Evitar un incidente sigue siendo un objetivo central, pero las respuestas españolas muestran que su valor se mide cada vez más por la capacidad de contener costes, sostener las operaciones y proteger relaciones comerciales. Esta perspectiva acerca las decisiones de seguridad a las áreas financieras, operativas y de dirección, aunque su ejecución continúe dependiendo en gran medida de los equipos tecnológicos.
Prevenir ataques y ganar eficiencia completan las prioridades
Tras la reducción del riesgo financiero, el 26% de los participantes españoles señala como beneficio principal la posibilidad de prevenir ciberataques antes de tener que gestionar sus consecuencias. La diferencia de cinco puntos entre ambas respuestas sugiere que la prevención se interpreta también a través de su efecto económico: anticiparse puede evitar interrupciones, procesos de recuperación, pérdida de ingresos y carga adicional para los equipos.
La mejora de la eficiencia operativa ocupa el tercer puesto, citada por el 25%. Reducir incidentes y simplificar la gestión de la seguridad puede liberar capacidad técnica para otras tareas, además de disminuir la presión sobre infraestructuras y profesionales. Este factor gana peso conforme las empresas incorporan más servicios en la nube, automatizan procesos y conectan herramientas que multiplican los puntos que deben supervisarse.
La continuidad del negocio aparece a continuación, con un 23% de las respuestas en España. Otro 22% vincula una protección más sólida con la conservación de la confianza y de las relaciones a largo plazo con clientes, socios y colaboradores. Ambos indicadores reflejan efectos que van más allá del momento del ataque: una brecha o una caída prolongada puede afectar a compromisos contractuales, cadenas de suministro, reputación y capacidad para prestar servicios.
La experiencia de un incidente modifica las prioridades
El historial reciente de cada organización influye en la utilidad que atribuye a la ciberseguridad. Según el estudio, las empresas que no sufrieron incidentes durante el último año la relacionan principalmente con la eficiencia operativa y el cumplimiento normativo. Las que sí tuvieron alguno conceden más importancia a la adopción segura de nuevas tecnologías, la reducción de riesgos financieros y derivados del error humano, y el fortalecimiento de su posición competitiva.
La diferencia es relevante para la planificación presupuestaria. Una organización sin experiencias recientes puede evaluar la inversión desde la optimización y las obligaciones regulatorias, mientras que otra que haya afrontado una interrupción dispone de referencias directas sobre costes de recuperación, tiempo improductivo o exposición comercial. El incidente convierte riesgos previamente estimados en impactos observables y puede alterar la interlocución entre responsables de seguridad y dirección.
La encuesta se elaboró a partir de las respuestas de 1.800 responsables y especialistas de TI y ciberseguridad de organizaciones de 18 países. Incluye empresas de tecnología, industria, finanzas, comercio minorista y distribución. Kaspersky no detalla cuántos participantes corresponden a España ni las fechas del trabajo de campo, dos datos necesarios para determinar con mayor precisión la representatividad y el momento exacto de los resultados nacionales.
La seguridad entra en la estrategia de crecimiento
En el conjunto internacional, un 23% de las organizaciones sostiene que prevenir un ciberataque resulta más rentable que gestionar sus consecuencias. Otro 23% considera que la ciberseguridad ayuda a impulsar el crecimiento de manera segura. Estos porcentajes complementan el consenso del 99% que ya la califica como una necesidad estratégica, aunque describen motivaciones distintas: ahorro de costes, continuidad, soporte a la innovación o capacidad de ampliar operaciones sin elevar la exposición al mismo ritmo.
Las grandes empresas de más de 2.500 empleados son, según Kaspersky, las que destacan con mayor claridad el valor estratégico de reforzar sus capacidades. Su escala suele implicar entornos tecnológicos más extensos, mayores dependencias entre áreas y más dificultad para mantener una visión unificada. La compañía vincula esta complejidad con su estrategia de plataformas integradas, entre ellas Kaspersky Next XDR Expert, que combina prevención, detección y respuesta.
Ilya Markelov, responsable de la línea de producto Unified Platform de Kaspersky, explica esa orientación: «A medida que las organizaciones aceleran su transformación digital, la ciberseguridad ha evolucionado desde una función puramente defensiva hasta convertirse en un facilitador estratégico de la innovación y del crecimiento sostenible. Este cambio se refleja cada vez más en las prioridades de los responsables empresariales, que entienden que una estrategia de seguridad eficaz no solo debe reforzar la resiliencia, sino también simplificar la gestión de entornos TI cada vez más complejos. Por ello seguimos invirtiendo en soluciones integrales basadas en plataforma, como Kaspersky Next XDR Expert, que reúne prevención, detección y respuesta en un único ecosistema, permitiendo a las organizaciones gestionar la seguridad de forma más eficiente y apoyar sus objetivos de negocio a largo plazo».
Del presupuesto técnico a la gestión de pérdidas
Para las empresas españolas, el orden de prioridades plantea una consecuencia operativa concreta: los proyectos de ciberseguridad tendrán que justificarse mediante variables comprensibles fuera del departamento de TI. El coste potencial de una interrupción, el tiempo de recuperación, la exposición de ingresos y la carga de gestión ofrecen referencias para conectar controles técnicos con decisiones de negocio.
Esa conexión también puede cambiar cómo se asignan responsabilidades. Si la reducción de pérdidas es el beneficio más valorado, la selección de medidas, la tolerancia al riesgo y los planes de continuidad dejan de ser asuntos exclusivos de seguridad. Finanzas, operaciones y dirección necesitan participar en la definición de escenarios y umbrales, especialmente cuando la incorporación de inteligencia artificial, automatización y servicios cloud acelera los procesos empresariales y amplía el impacto potencial de un fallo.
