Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
L’Oréal ha elegido VivaTech 2026 para presentar una lectura tecnológica de su negocio: Beauty Tech apoyada en IA, grafos de conocimiento, gemelos digitales, bioingeniería de piel y dispositivos conectados. El interés para el sector tecnológico está en la forma en que un grupo industrial intenta convertir décadas de datos científicos, diagnósticos y contenidos de marca en una infraestructura capaz de operar en canales conversacionales, salones, laboratorios y dispositivos personales.
La compañía llega a la edición parisina, celebrada del 17 al 20 de junio, en el décimo aniversario de su presencia en VivaTech. El evento se presenta este año con magnitudes propias de una feria tecnológica global: 180.000 asistentes, 14.000 startups, 4.000 partners y 3.600 inversores. Ese entorno sitúa la propuesta de L’Oréal en un terreno competitivo más amplio que el de la belleza. La pregunta operativa es hasta qué punto una empresa con cartera de marcas puede comportarse también como plataforma de datos, proveedor de interfaces de IA y desarrollador de hardware aplicado.
Beauty Tech: IA para consumidores, agentes y marketing
La primera capa de la Beauty Odyssey es conversacional. L’Oréal describe su Beauty Knowledge Graph como el mecanismo que lleva 116 años de conocimiento acumulado a entornos donde el usuario ya interactúa, como Beauty Genius en WhatsApp, agentes de cuidado con IA y las recomendaciones multimarca de Noli. El movimiento encaja con una transición más general: los modelos de lenguaje empiezan a actuar como intermediarios entre intención, búsqueda y recomendación, desplazando parte del tráfico que antes pasaba por buscadores, tiendas online o asesores físicos.
Asmita Dubey, responsable digital y de marketing del grupo, ha situado ese cambio en una idea significativa: los LLM se han convertido en una nueva puerta de entrada al descubrimiento. La afirmación tiene peso para los directivos tecnológicos. Cuando la interfaz principal pasa de la página de producto a la conversación, la ventaja depende de la calidad del grafo de datos, la trazabilidad de las respuestas, la consistencia del tono de marca y la capacidad de integrar recomendaciones en tiempo real.
La misma lógica aparece en CreAItech, la plataforma interna de IA generativa con modelos de Google, Adobe y Seedance. Su función declarada es producir activos de marca a escala para equipos de marketing, ahora con un estimador de CO2 integrado. Aquí la tensión es conocida para cualquier organización que haya industrializado IA generativa: acelerar producción sin erosionar control creativo, derechos de imagen, coherencia visual o criterios ambientales. El valor está en gobernar el proceso con restricciones reutilizables.
Del contenido cultural al sistema de distribución
Beautytainment y Lorealistar incorporan otra derivada tecnológica: la distribución cultural como sistema medible. La integración de marcas en piezas audiovisuales, la colaboración con artistas o la relación estructurada con creadores opera como una red de señal, contenido y comunidad que alimenta descubrimiento, prueba y compra. L’Oréal afirma que colabora con medio millón de creadores a escala global, una cifra que obliga a pensar en clasificación, incentivos, control de calidad, medición de afinidad y cumplimiento normativo.
Lorealistar, orientada a formación, experiencias y recompensas para creadores, muestra el giro desde campañas puntuales hacia infraestructuras de relación. Aunque el lenguaje del creador suele asociarse a cercanía y autenticidad, a esta escala el componente técnico es central: segmentación, asignación de recursos, seguimiento de resultados, detección de riesgos reputacionales y aprendizaje sobre qué formatos viajan mejor entre plataformas.
Gemelo digital capilar y diagnóstico en salón
La parte capilar de la propuesta es quizá la más cercana al lenguaje industrial. The Hair Digital Twin se presenta como un modelo virtual de fibra en 3D apoyado en el sistema universal de clasificación del cabello de L’Oréal y en una base de datos científica capilar. Según el grupo, permite analizar moléculas tres veces más rápido y prever rendimiento en distintas texturas, con impacto en el desarrollo de productos y en la personalización. El concepto se aproxima a una práctica ya extendida en otros sectores: simular antes de fabricar o probar físicamente.
Esa lógica se completa con K-SPA, de Kérastase, donde el diagnóstico se desplaza al salón mediante K-SCAN, una cámara con IA utilizada ya en 9.000 salones, y K-STATION, un dispositivo multitecnológico para tratamientos específicos. El dato clave es la posibilidad de capturar información estructurada en puntos de servicio. Para un CIO o un director de operaciones, la cuestión inmediata es cómo se normalizan esos datos, quién accede a ellos, qué retorno obtiene el salón y cómo se preserva la confianza del usuario.
Light Straight + Multi-Styler añade un elemento de ingeniería física. La herramienta emplea infrarrojo cercano para modificar enlaces internos de hidrógeno del cabello en lugar de depender principalmente del calor. El reclamo técnico es mejorar resultados con temperaturas inferiores y menos daño. Aunque el rendimiento deberá medirse en uso real, el planteamiento ilustra una tendencia de producto avanzado: sustituir procesos agresivos por intervención física más controlada, con una narrativa que combina ciencia de materiales, sensórica y experiencia de usuario.
Beauty Tech y biología computacional de la piel
La cuarta línea de la Beauty Odyssey entra en bioingeniería y modelado predictivo. L’Oréal presenta Human Skin Bio-Engineering, en colaboración con la Universidad de Oregón, apoyado en impresión 3D mediante Melt Electrowriting para desarrollar modelos de tejido biológicamente envejecidos. La finalidad es evaluar si una fórmula puede restaurar estructuras de la piel antes de su llegada al consumidor. Para el sector tecnológico, lo relevante es la convergencia entre laboratorio, fabricación avanzada y simulación de tejidos.
La compañía también describe Longevity AI Cloud, una nube de IA que analiza más de 260 biomarcadores para mapear la salud de la piel a nivel biológico y predecir el impacto de ingredientes antes de las pruebas físicas. El cambio de vocabulario, de corrección a prevención, tiene consecuencias operativas. Implica ciclos de I+D más dependientes de datos longitudinales, modelos predictivos y criterios de validación, además de una frontera más sensible en materia de información biométrica.
A ello se suman imagen 3D de alta resolución sobre piel viva, activos biotecnológicos desarrollados con Microphyt a partir de microalgas y protocolos como Lancôme Cell BioPrint combinado con Absolue Longevity MD y una máscara LED desarrollada con iSMART Developments, prevista para lanzamiento global en 2027. El conjunto sugiere una ruta en la que diagnóstico, tratamiento y dispositivo se integran en una misma cadena de valor, con más puntos de captura de datos y mayor dependencia de partners tecnológicos especializados.
El reto empresarial aparece en esa integración. L’Oréal puede presentar sus tecnologías como experiencias de marca, pero su complejidad real pertenece al ámbito de la arquitectura: interoperabilidad entre datos científicos y datos de usuario, control de modelos generativos, escalado de dispositivos físicos, privacidad, sostenibilidad computacional y formación interna. En mercados como España, donde retailers, farmacias, salones y plataformas digitales conviven en el acceso al cliente, la adopción de esta Beauty Tech dependerá tanto de la precisión técnica como de su encaje operativo. La tecnología entra por la experiencia, aunque terminará evaluándose por coste, confianza y capacidad de despliegue.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
