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Eurecat Madrid ha cerrado su primer año de actividad con 85 proyectos de innovación tecnológica y una cartera próxima a los 50 clientes. La cifra sitúa a la oficina madrileña ante una primera prueba de escala: convertir una presencia territorial reciente en relaciones continuadas con empresas y organizaciones que necesitan integrar distintas capacidades técnicas. Logística, salud y construcción figuran entre los sectores con mayor actividad, junto con trabajos vinculados a la valorización de activos tecnológicos.
La media se aproxima a dos proyectos por cliente. El dato sugiere que una parte relevante de las organizaciones atendidas ha recurrido al centro para resolver más de un desafío, una pauta que encaja con procesos de innovación donde los problemas rara vez permanecen aislados. La automatización puede depender de la analítica de datos; un nuevo material exige validación industrial; una solución sanitaria incorpora requisitos de ciberseguridad, regulación y escalabilidad. La relación entre disciplinas condiciona cada vez más el paso desde una prueba inicial hasta una aplicación operativa.
Eurecat Madrid amplía su actividad en varios sectores
La implantación en la capital responde a la estrategia de Eurecat de acercarse al ecosistema económico, empresarial y científico de Madrid. Durante estos doce meses, el centro ha trabajado con grandes compañías, pymes innovadoras, startups, universidades, centros de investigación, administraciones públicas y asociaciones sectoriales. Esa diversidad amplía el campo de actuación, aunque también obliga a adaptar los proyectos a estructuras de decisión, plazos y capacidades de inversión muy diferentes.
En logística, salud y construcción, la demanda tecnológica presenta rasgos propios. Las empresas logísticas afrontan la digitalización de operaciones, la optimización de rutas, la automatización de almacenes y el tratamiento de grandes volúmenes de información. En salud, el desarrollo de soluciones exige combinar conocimiento clínico, tecnología, protección de datos y validación. La construcción, con cadenas de suministro extensas y una productividad muy vinculada a la ejecución en obra, incorpora progresivamente herramientas digitales, nuevos materiales y sistemas de control.
Eurecat Madrid también ha desarrollado actividad en valorización de activos tecnológicos, un ámbito centrado en identificar el potencial de conocimiento, patentes, prototipos o capacidades que todavía no han llegado al mercado. La dificultad suele aparecer entre el resultado técnico y su explotación empresarial. Alcanzar un nivel suficiente de madurez, definir una aplicación concreta y encontrar una vía de transferencia son tareas que requieren criterios tecnológicos y comerciales.
Samuel Rodríguez, director de Eurecat Madrid, vincula la recurrencia de los clientes con esa necesidad de combinar especialidades. «La media de casi dos proyectos por cliente de Eurecat Madrid apunta a que muchas empresas y organizaciones buscan establecer una relación que les ayude a avanzar en varios desafíos, hibridando tecnologías para innovar en productos, servicios y nuevos procesos de producción», señala.
La hibridación tecnológica gana peso en los proyectos
El planteamiento afecta a sectores como salud, energía, movilidad, industria y servicios avanzados, además de ámbitos transversales como sostenibilidad y digitalización. La incorporación de tecnología se produce, sin embargo, bajo restricciones concretas: presupuestos limitados, sistemas heredados, escasez de perfiles especializados, exigencias regulatorias y presión por obtener resultados medibles. El acceso a una capacidad técnica amplia reduce parte de esa complejidad, aunque no elimina las decisiones sobre prioridades ni los riesgos de ejecución.
Rodríguez resume el papel del centro en varias fases: identificar oportunidades, ordenar retos, diseñar pruebas de concepto, validar soluciones, combinar disciplinas y acompañar su llegada a aplicaciones reales. Esa secuencia refleja una dificultad habitual en la innovación empresarial. Muchas organizaciones pueden detectar una tecnología prometedora, pero encuentran más obstáculos al conectarla con procesos existentes, evaluar su retorno o preparar su industrialización.
La inteligencia artificial física y la robótica avanzada forman parte de las capacidades que Eurecat considera cada vez más conectadas con los datos, los materiales avanzados, la energía, la sostenibilidad y la ciberseguridad. El cruce entre estas áreas tiene consecuencias prácticas. Un sistema robótico necesita sensores, modelos de decisión, comunicaciones seguras y materiales adecuados para operar en condiciones industriales. Una plataforma de datos aplicada a movilidad debe responder a criterios de interoperabilidad, privacidad y consumo energético. Cada capa añade valor potencial y, al mismo tiempo, dependencias técnicas.
La proximidad territorial puede facilitar la definición de los proyectos, especialmente cuando el trabajo requiere acceso a instalaciones, intercambio frecuente entre equipos o conocimiento detallado de los procesos del cliente. También puede acortar la distancia entre la investigación aplicada y las necesidades de negocio. El resultado dependerá de la capacidad para convertir esa cercanía en proyectos repetibles, acuerdos de mayor alcance y soluciones que superen la fase piloto.
Eurecat Madrid refuerza su proximidad empresarial
Xavier López, director general de Eurecat, sostiene que la oficina madrileña ha encontrado espacio dentro de un ecosistema compuesto por empresas, universidades, centros de investigación, administraciones y talento especializado. A su juicio, la apertura ha permitido acercar capacidades tecnológicas avanzadas y conectar conocimiento, industria y mercado con mayor rapidez.
Esa función de conexión adquiere relevancia en un escenario donde muchas compañías necesitan innovar sin ampliar de forma permanente todas sus capacidades internas. Los centros tecnológicos pueden actuar como estructuras compartidas para acceder a laboratorios, especialistas y metodologías de validación. El modelo resulta especialmente útil para pymes y startups, aunque las grandes empresas también recurren a socios externos cuando un proyecto exige conocimientos muy específicos o una combinación poco habitual de tecnologías.
El balance del primer año ofrece volumen, diversidad sectorial y recurrencia. Queda por observar cómo evoluciona la composición de la cartera y qué proporción de los proyectos avanza hacia despliegues industriales, nuevos productos o mejoras sostenidas de procesos. La cantidad de iniciativas describe el ritmo de entrada; la transferencia efectiva se mide más tarde, cuando las soluciones llegan a operaciones reales, generan propiedad intelectual explotable o modifican la posición competitiva de una empresa.
Para Eurecat Madrid, el siguiente tramo estará condicionado por esa conversión. Mantener cerca de dos proyectos por cliente puede indicar continuidad, pero el impacto empresarial dependerá de la profundidad de las colaboraciones y de su capacidad para absorber tecnologías interconectadas. En sectores sometidos a regulación, ciclos de inversión largos o infraestructuras críticas, el recorrido entre la prueba de concepto y la implantación suele ser más exigente que el desarrollo inicial. Ahí se juega buena parte del valor operativo de la presencia madrileña.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
