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Los CEOs españoles elevan la exigencia sobre el retorno de la IA

Los CEOs españoles elevan la exigencia sobre el retorno de la IA

  • Los CEOs españoles avanzan en la adopción de IA, pero muestran más cautela sobre su retorno y concentran los casos de uso en productividad y gestión del riesgo.
Inteligencia Artificial - Tendencias

La inteligencia artificial ha dejado de medirse únicamente por el número de proyectos que una empresa pone en marcha. Para los CEOs españoles empieza a pesar más su capacidad para generar resultados, integrarse en los procesos y justificar la inversión. El cambio se produce mientras las compañías mantienen el crecimiento y la transformación entre sus prioridades, pero someten la tecnología a un escrutinio mayor sobre costes, riesgo y retorno.

La cuestión estuvo presente en varios de los debates empresariales celebrados el 2 de octubre en el Foro La Toja-Vínculo Atlántico. Su programa dedicó sesiones a los retos de la economía española, la economía de la inteligencia artificial y la evolución de esta tecnología, con representantes de compañías como Telefónica, Iberdrola, Indra, AWS y Farmaindustria, además de académicos y especialistas.

En una de las mesas sobre economía española, Fina Lladós, presidenta de Farmaindustria; David Bláquez, responsable de Políticas Públicas de AWS para España y Portugal, y Alberto Mateos, socio y líder de la plataforma de IA y Servicios Financieros de Oliver Wyman para España y Portugal, abordaron cuestiones como la incorporación de talento, la capacidad de los trabajadores para adoptar IA, la innovación y la atracción hacia España de nuevas partes de las cadenas de valor.

La discusión coincide con un cambio más amplio en las prioridades de los primeros ejecutivos. El CEO Agenda 2026, elaborado por Oliver Wyman Forum junto con NYSE a partir de 415 CEOs de todo el mundo, muestra que el despliegue de IA continúa avanzando, pero su capacidad para producir un retorno cuantificable sigue siendo desigual. La muestra representa aproximadamente el 10% de la capitalización bursátil global e incluye compañías equivalentes a alrededor del 30% del Ibex 35.

España adopta IA, pero todavía monetiza menos

La diferencia resulta especialmente visible al medir la contribución de la tecnología a los ingresos. Solo el 10% de los CEOs españoles encuestados estima que la IA genera ya entre un 1% y un 10% de los ingresos de su organización. En Europa y en el conjunto de la muestra mundial, el porcentaje ronda el 27%.

El dato introduce un matiz importante en la evolución de la IA empresarial. La disponibilidad de herramientas y su utilización dentro de una organización no implican necesariamente que la tecnología haya alcanzado un grado de integración suficiente para modificar los ingresos o el modelo de negocio.

En España, los casos de uso aparecen más concentrados en productividad y control del riesgo, mientras que la utilización para desarrollar nuevos productos y servicios tiene un peso menor. El patrón ayuda a explicar por qué el impacto económico puede aparecer antes en variables internas, como tiempos de ejecución, costes o eficiencia de determinados procesos, que en nuevas fuentes de facturación.

También existen diferencias según la función empresarial. El estudio no identifica entre la muestra española despliegues de IA a escala en analítica y previsión, mientras que en planificación estratégica predominan todavía las fases de exploración y piloto. La situación no implica una menor adopción general respecto a otros mercados, pero sí refleja que extender una tecnología desde casos concretos hasta procesos completos continúa siendo una de las barreras para obtener resultados.

Escalar la IA amplía la distancia en el retorno

Los datos globales muestran que esa diferencia de madurez tiene consecuencias económicas. Entre las organizaciones más avanzadas en el despliegue de IA, el 49% de los CEOs afirma que las inversiones cumplen o superan sus expectativas de retorno, frente al 17% entre las empresas que se encuentran en fases menos desarrolladas.

Escalar, sin embargo, implica algo más que aumentar el número de usuarios de una herramienta. Requiere incorporar los sistemas a procesos de negocio, disponer de datos adecuados, modificar flujos de trabajo y establecer métricas que permitan comprobar si una aplicación reduce costes, aumenta la productividad, mejora una decisión o genera ingresos adicionales.

Ese paso está elevando también las exigencias de las direcciones generales sobre los proyectos tecnológicos. El crecimiento permanece entre las principales prioridades corporativas, pero comparte recursos con la mejora de la eficiencia y la excelencia operativa. En Europa, el 61% de los CEOs sitúa la gestión de costes entre sus prioridades para los próximos uno o dos años. España presenta, al mismo tiempo, una orientación especialmente marcada hacia la transformación a largo plazo: el 60% de los primeros ejecutivos consultados la incluye entre sus tres prioridades y el 50% señala la inversión orgánica en nuevas fuentes de ingresos.

La consecuencia para los proyectos de IA es una mayor necesidad de vincular inversión y resultado. Alberto Mateos resumió durante el Foro esta evolución al señalar que la agenda del CEO exige crecer «desde una base operativa más sólida, con mayor control del riesgo y con una aproximación mucho más realista al impacto de la tecnología».

Ciberseguridad y riesgo acompañan al despliegue

La extensión de la IA hacia procesos operativos aumenta además las dependencias sobre datos, infraestructura y sistemas corporativos. Seguridad y resiliencia adquieren así más peso conforme las aplicaciones dejan los entornos experimentales y empiezan a intervenir en actividades recurrentes.

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La ciberseguridad y la protección de datos preocupan ya al 40% de los CEOs europeos incluidos en el estudio. Su incorporación a la agenda directiva responde a un entorno en el que las decisiones tecnológicas afectan cada vez más a la continuidad de las operaciones y al gobierno del riesgo.

Una prueba limitada y un sistema integrado en producción plantean, además, exigencias diferentes. En el segundo caso aparecen cuestiones relacionadas con permisos de acceso, calidad y procedencia de los datos, supervisión de las respuestas, dependencia de proveedores y comportamiento del sistema cuando cambia la información sobre la que trabaja. La medición del retorno acaba vinculada así a la capacidad de mantener el servicio bajo unas condiciones de riesgo aceptables.

La organización también empieza a cambiar

El despliegue tecnológico coincide con cambios en la composición de las plantillas. A escala global, el porcentaje de organizaciones que está reduciendo el peso relativo de los puestos junior alcanza el 43%, frente al 17% registrado en 2025. Un 33% señala al mismo tiempo un desplazamiento hacia perfiles intermedios. Estos datos describen una transformación organizativa paralela a la expansión de la automatización y la IA, aunque el estudio no permite atribuir directamente a esta tecnología todos los cambios en contratación y estructura.

En España, la sucesión y el desarrollo del liderazgo aparecen entre las prioridades de los primeros ejecutivos. El reto organizativo incluye determinar qué capacidades siguen siendo necesarias, cuáles deben reforzarse y cómo repartir el trabajo entre personas y sistemas automatizados.

Este componente ayuda a explicar por qué la adopción individual de herramientas representa solo una parte del proceso. Una organización puede conseguir que sus empleados utilicen asistentes de IA con rapidez y, pese a ello, tener dificultades para trasladar esos usos a procesos compartidos, sistemas corporativos o productos que generen ingresos.

La evolución que reflejan los CEOs españoles desplaza así el cuello de botella hacia esa segunda etapa. La disponibilidad de IA y la disposición de los trabajadores para utilizarla son condiciones necesarias, pero el retorno depende cada vez más de seleccionar casos de uso, integrarlos en operaciones reales y medir sus efectos sobre productividad, costes, riesgo o ingresos. Para las empresas, esa exigencia determinará qué pilotos reciben recursos para convertirse en sistemas a escala y cuáles dejan de tener recorrido una vez terminada la fase experimental.

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