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Berlín cerró el 1 de julio la segunda edición de GITEX AI Europe con una agenda que llevó la soberanía digital a un terreno menos abstracto: modelos de lenguaje integrados en procesos reales, regulación europea a punto de entrar en una fase decisiva, corredores de innovación entre regiones y nuevas fórmulas de identidad digital para sistemas autónomos. El encuentro, celebrado en Messe Berlin los días 30 de junio y 1 de julio, reunió a directivos tecnológicos, startups, inversores y responsables públicos en un momento en el que la inteligencia artificial deja de ser un proyecto piloto para convertirse en infraestructura de negocio.
La pregunta operativa para las empresas europeas, incluidas las españolas, ya no gira solo en torno a qué modelo usar. Pasa por decidir dónde se ejecuta, bajo qué reglas, con qué datos, quién responde ante un fallo y qué grado de dependencia tecnológica acepta cada organización. Según los datos compartidos durante el evento, GITEX AI EUROPE 2026 reunió a profesionales de 101 países, más de 800 expositores y startups, más de 600 inversores y 280 ponentes internacionales. El posicionamiento del foro, centrado en IA, ciberseguridad, cloud, computación cuántica y soberanía tecnológica, coincide con una agenda europea que combina ambición industrial y presión regulatoria.

GITEX AI Europe y la IA como infraestructura económica
Uno de los ejes del segundo día fue la evolución de los grandes modelos de lenguaje, los LLM, desde herramientas de experimentación hacia una capa transversal de productividad. La sesión «Language Models as Europe’s New Economic Infrastructure» abordó una cuestión que ya aparece en los comités de dirección: cómo combinar modelos globales y europeos para equilibrar rendimiento, coste, resiliencia y cumplimiento.
Niklas Harzheim, GTM DACH de OpenAI en Alemania, describió un cambio de fase en las compañías que han superado la etapa de prueba. «No hablamos solo de chatbots, sino de cómo implementar IA en flujos de trabajo y sistemas completos», señaló. Su lectura encaja con una dinámica visible en sectores como banca, turismo, industria o software empresarial, donde el valor de la IA generativa no depende únicamente de la interfaz conversacional, sino de su conexión con datos, procesos, control de permisos y medición de resultados.
Desde Omio, su director tecnológico, Tomas Vočetka, utilizó otra formulación: pasar de la habilitación con IA a una empresa «AI native». Una organización que añade IA a un proceso existente mejora puntos concretos; una que rediseña procesos alrededor de agentes, automatización y ciclos de prueba más cortos altera su cadencia operativa. Vočetka evitó presentar la cuestión como sustitución directa de equipos. Habló de reducir fricción en trabajos complejos, acelerar el paso de una idea a su implementación y automatizar tareas repetitivas.
El testimonio de Daniel Khachab, cofundador y consejero delegado de Choco, llevó esa tesis al terreno de producto. «Hoy, más del 60% de nuestro negocio es AI-first», afirmó. La frase sugiere un desplazamiento en el diseño de software: menos dependencia de que el usuario aprenda una interfaz rígida y más interacción natural con sistemas que interpretan intención, contexto y acción. Para las empresas, ese cambio también eleva las exigencias de observabilidad. Cuanto más se integra un modelo en el flujo de trabajo, menos margen hay para tratarlo como una función aislada.

Soberanía digital, regulación y escala empresarial
La soberanía digital apareció como un concepto práctico, no solo político. El Reglamento de Inteligencia Artificial de la UE entró en vigor el 1 de agosto de 2024 y será plenamente aplicable el 2 de agosto de 2026, salvo excepciones previstas en su calendario. Esa proximidad cambia el tono de la conversación: las empresas que despliegan IA en áreas sensibles deben conectar sus decisiones tecnológicas con inventarios de sistemas, gestión de riesgos, documentación, supervisión humana y gobernanza de proveedores.
La Comisión Europea ha situado además la infraestructura de cálculo en el centro de su estrategia. Su Plan de Acción para el Continente de la IA prevé fábricas de IA apoyadas en supercomputación europea para entrenar y ajustar modelos, mientras el programa de gigafactorías de IA avanza con una convocatoria oficial prevista para el verano de 2026. La discusión en Berlín se insertó así en una tensión reconocible: Europa quiere regular con estándares propios, aunque también necesita capacidad industrial, centros de datos, talento y capital para que la soberanía no se limite al cumplimiento normativo.
Para las compañías españolas con operaciones internacionales, la decisión rara vez será binaria. Adoptar modelos de terceros permite ganar velocidad, aunque introduce dependencias sobre costes, disponibilidad, cambios de versión, localización de datos o condiciones contractuales. Construir soluciones propias o apoyarse en modelos europeos puede reforzar el control, pero exige inversión, equipos especializados y una arquitectura de datos preparada. Entre ambos extremos empieza a consolidarse una vía híbrida: seleccionar modelos por caso de uso, riesgo, coste y criticidad operativa.

Innovación transfronteriza para competir fuera del mercado local
El programa también abrió el foco hacia los corredores de innovación. En la sesión sobre los Balcanes Occidentales, ministros de Montenegro y Bosnia y Herzegovina defendieron la cooperación regional como vía para crear estándares, atraer inversión y conectar startups con mercados europeos y globales. Marash Dukaj, ministro de Administración Pública de Montenegro, planteó que la administración debe actuar «no solo como regulador, sino como facilitador y socio» en la innovación.
Edin Forto, ministro de Comunicaciones y Transporte de Bosnia y Herzegovina, introdujo una dimensión de mercado: presentar los Balcanes como destino empresarial y comunidad digital integrada. Para Europa, la cuestión trasciende la ampliación de redes institucionales. Los ecosistemas de innovación más pequeños necesitan escala comercial, acceso a clientes industriales y reglas interoperables; las grandes empresas buscan talento, pilotos rápidos y entornos donde probar soluciones sin reproducir la fragmentación nacional que ha limitado históricamente al mercado tecnológico europeo.
UNIDO llevó esa lógica al terreno de la innovación sostenible. Sus iniciativas ONE World Sustainability Awards y ScaleX conectan startups, industria, inversores y mercados con soluciones vinculadas a objetivos de desarrollo sostenible. Adnan Šerić, responsable de Innovation Lab de UNIDO, habló de «innovation scaling corridors», una idea que desplaza el acento desde la exhibición de proyectos hacia la creación de rutas para que soluciones ya probadas crucen fronteras, encuentren demanda industrial y se adapten a marcos regulatorios distintos.
La presencia de UN Women con once startups lideradas por mujeres de Albania, Bosnia y Herzegovina, Kazajistán, Kosovo, Moldavia, Montenegro, Macedonia del Norte, Serbia, Turquía y Ucrania añadió otra capa al debate. La inclusión en tecnología suele formularse como objetivo social, aunque para mercados fragmentados también opera como variable de competitividad: amplía redes de talento, diversifica fundadores y mejora el acceso de proyectos periféricos a clientes e inversores internacionales.
Identidad digital para agentes de IA
Estonia aportó una de las derivadas más concretas del debate sobre gobernanza. Su programa e-Residency, con más de 140.000 e-residentes de 187 países, sirvió para presentar la siguiente fase de los servicios públicos digitales: una solución móvil biométrica prevista para 2028 y la ambición de otorgar identidades digitales oficiales a agentes de IA. El Gobierno estonio ya había avanzado en junio su intención de convertirse en el primer país en crear identidades digitales para agentes de inteligencia artificial.
Liina Suvi Ristoja, responsable de comunicación estratégica de e-Residency, resumió el punto de partida: «Estonia construyó un país donde una empresa puede nacer online en minutos, gestionarse desde cualquier lugar y ser confiable a través de fronteras». La extensión de esa lógica a agentes autónomos abre un frente nuevo. Si un sistema puede actuar en nombre de una persona o empresa, la confianza deja de depender solo de autenticación humana. Exige límites auditables, trazabilidad de acciones, revocación de permisos y responsabilidad clara cuando un agente ejecuta una operación incorrecta.
Para directivos y responsables tecnológicos, esa discusión conecta con decisiones inmediatas. Los agentes de IA empiezan a integrarse en compras, atención al cliente, desarrollo de software, análisis financiero y operaciones internas. Su despliegue necesita controles parecidos a los que se aplican a empleados, APIs o proveedores críticos, pero con una dificultad añadida: su comportamiento puede variar según instrucciones, datos de entrada y herramientas conectadas.
El cierre de GITEX AI Europe dejó una lectura menos espectacular que las grandes promesas de la IA, pero más relevante para la empresa. La competitividad europea dependerá de la capacidad de convertir modelos, regulación, identidad digital e infraestructuras en sistemas operables a escala. La agenda ya no se resuelve en la elección de una tecnología. Se juega en la arquitectura que permita usarla sin perder control, velocidad ni acceso a mercados.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
