DIGI cerró el primer semestre de 2026 con más de 913.500 portabilidades, un 15% más que en el mismo periodo del año anterior. La cifra confirma la capacidad del operador para seguir atrayendo líneas en un mercado español maduro, donde la captación comercial se ha desplazado desde el crecimiento orgánico hacia la disputa directa por clientes ya vinculados a otros operadores.
El dato de junio mantiene esa presión competitiva. La compañía sumó más de 134.500 cambios de línea en el mes, de los que más de 114.700 correspondieron a líneas móviles y más de 19.700 a líneas fijas. Con ese registro, DIGI acumula 22 meses consecutivos, desde septiembre de 2024, por encima de las 100.000 portabilidades mensuales.
El avance del segundo trimestre, sin embargo, introduce un matiz relevante. Entre abril y junio, el operador captó más de 418.600 portabilidades, un 7% más que en el mismo periodo de 2025. El crecimiento continúa, pero con una pendiente inferior a la del conjunto del semestre. Esa diferencia importa porque el mercado de telecomunicaciones español mide ya a DIGI no solo por su capacidad de captar líneas, sino por su habilidad para convertir esa entrada constante en ingresos recurrentes, menor rotación y margen operativo.
La CNMC situó en mayo el parque móvil español en 62,96 millones de líneas y registró 475.877 cambios de operador móvil, un 6,6% menos que un año antes. En ese mes, Movistar y DIGI fueron los operadores con saldo neto positivo en portabilidad móvil, mientras Vodafone, MASORANGE y el conjunto de OMV cerraron en negativo.
La lectura sectorial obliga a distinguir dos planos. Las portabilidades brutas reflejan las líneas que entran en el operador. El saldo neto descuenta también las salidas. Según cifras provisionales recogidas por Cinco Días, DIGI habría mantenido el liderazgo en captación durante el semestre, aunque con una moderación progresiva desde marzo y con mayor fuga de clientes propios hacia competidores.
Portabilidades DIGI y presión sobre la retención
Esa diferencia entre captación bruta y saldo neto se ha convertido en una variable de negocio. Un operador puede captar muchas líneas y, al mismo tiempo, sufrir una salida creciente de clientes si sus rivales intensifican las contraofertas. En telecomunicaciones, donde el precio ha sido durante años el principal motor de cambio, la retención empieza a pesar tanto como la adquisición.
DIGI ha construido su expansión en España sobre tarifas competitivas, despliegue de fibra y una estructura de empleo propio que controla instalación, atención y actividad comercial. La escala alcanzada ya no responde solo a una dinámica de operador alternativo. Al cierre del primer trimestre de 2026, el grupo comunicó 11,4 millones de servicios activos en España: 7,58 millones de móvil, 2,75 millones de banda ancha, 867.000 de telefonía fija y 217.000 de televisión. El informe financiero de Digi Communications sitúa el crecimiento interanual de sus operaciones españolas en el 25,9% en unidades generadoras de ingresos.
La base de fibra es uno de los ejes de esa consolidación. La compañía afirma que ya es el tercer operador por número de clientes de fibra en el segmento residencial y que su red SMART llega a más de 14,2 millones de hogares, con más de 900 nodos en servicio. El despliegue reduce dependencia mayorista en determinadas zonas, aunque exige inversión sostenida y una ejecución operativa compleja.
Desde mayo, DIGI incluye router con tecnología Wi-Fi 7 en las nuevas altas de Fibra SMART de 750 Mbps y 1 Gbps. La decisión tiene una lectura comercial evidente, mejorar la experiencia percibida dentro del hogar, pero también una derivada técnica: las redes de fibra pierden valor si el cuello de botella se desplaza al Wi-Fi doméstico. En empresas, hogares con teletrabajo intensivo y usuarios con múltiples dispositivos, la calidad de la conectividad interior pesa cada vez más en la permanencia del cliente.
El operador invirtió 119 millones de euros en el primer trimestre de 2026, un 35% más que un año antes, destinados al despliegue de fibra de última generación y a la implantación de su red móvil propia, iniciada en el segundo semestre de 2025. Esa red móvil marcará una fase distinta de competencia. Hasta ahora, una parte relevante de la propuesta comercial de DIGI se ha apoyado en acuerdos mayoristas; con infraestructura propia, la empresa puede ganar control técnico y económico, aunque también asume más capex, mantenimiento y riesgo de ejecución.
Inversión, empleo propio y disciplina financiera
El modelo de empleo directo es otro rasgo diferencial. DIGI cuenta con más de 11.700 empleados en España y se presenta como el segundo operador del sector por número de trabajadores. Frente a estructuras más externalizadas, esa integración puede mejorar control de procesos y experiencia de cliente, pero también eleva la exposición a costes fijos cuando el ritmo de captación se modera.
El calendario corporativo añade presión. Digi Spain anunció a finales de junio su intención de cotizar en las bolsas españolas mediante una colocación de hasta el 25% del capital, dirigida principalmente a inversores institucionales. La operación contempla una ampliación de capital y fondos destinados a infraestructuras fijas y móviles en España, según la información publicada sobre la transacción.
Para los inversores, las portabilidades seguirán siendo un indicador visible, pero no bastarán por sí solas. El mercado observará el coste de adquisición, la permanencia media, la evolución del ARPU, el gasto en red y la capacidad de trasladar escala a margen. En marzo, la CNMC registró 599.196 portabilidades móviles en España, un 12,7% más interanual, con Movistar, DIGI y los OMV en saldo neto positivo. Dos meses después, el volumen total de cambios móviles había descendido. La volatilidad mensual recuerda que la competencia comercial no se mueve en línea recta.
Aun con esa cautela, DIGI mantiene una posición singular: crece en móvil, refuerza fibra, avanza en red propia y gana tamaño laboral en un sector que durante años redujo plantillas e integró operaciones. El reto ya no consiste únicamente en seguir captando clientes de los grandes operadores. La siguiente fase exigirá sostener la calidad prometida, absorber el esfuerzo inversor y contener la rotación sin perder el diferencial de precio que ha alimentado buena parte de su avance en España.
