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VivaTech 2026: la tecnología cuántica entra en la conversación empresarial

VivaTech 2026: la tecnología cuántica entra en la conversación empresarial

  • La tercera jornada de VivaTech 2026 puso el foco en la tecnología cuántica, la deeptech, la ciberseguridad poscuántica y el reto europeo de convertir ciencia en industria.
VivaTech 2026 - La Ecuación Digital

La tercera jornada de VivaTech 2026 dejó una sensación distinta a la de los dos primeros días. Después de una apertura dominada por la inteligencia artificial y de una segunda jornada marcada por la soberanía tecnológica, el tercer día llevó la conversación hacia un terreno menos inmediato, pero probablemente más decisivo: la tecnología cuántica, la deeptech y la capacidad de Europa para convertir ciencia avanzada en industria.

La IA siguió ocupando buena parte del espacio. Era inevitable. En los escenarios, en los stands y en los debates, la inteligencia artificial continuó apareciendo como la capa que atraviesa la productividad, la ciberseguridad, el marketing, la relación con el cliente, el software y la toma de decisiones. Pero la jornada permitió mirar un poco más allá de la presión del presente. Si la IA representa la gran transformación tecnológica que las empresas están intentando absorber ahora, la cuántica empieza a perfilarse como una de las grandes infraestructuras de la próxima etapa.

Ese cambio de escala es importante. La tecnología cuántica no llega con la misma narrativa que la IA generativa. No se puede explicar con una demostración sencilla, ni se despliega mañana por la mañana en todos los departamentos de una empresa. Su madurez es más lenta, su complejidad es mayor y sus aplicaciones industriales todavía están en construcción. Pero precisamente por eso exige atención. Las tecnologías que tardan más en llegar son también las que más castigan a quienes empiezan demasiado tarde.

VivaTech mostró esa doble realidad. Por un lado, la cuántica sigue siendo una tecnología de frontera, con retos técnicos profundos, altos costes de desarrollo y un calendario que conviene tratar con prudencia. Por otro, ya ha dejado de ser solo un asunto de laboratorio. La conversación empieza a girar hacia casos de uso, integración con supercomputación, acceso cloud, criptografía, materiales, optimización, simulación y soberanía tecnológica.

La sesión «Quantum Leap: When Will Quantum Computing Deliver Business Value?» resumía bien ese punto de inflexión. El propio planteamiento de la sesión era significativo. No se trataba de preguntar si la computación cuántica es científicamente prometedora, sino cuándo empezará a generar valor empresarial y en qué sectores podrán aparecer los primeros impactos relevantes. Ese desplazamiento del discurso científico al discurso operativo marca una etapa nueva.

En esa conversación aparecieron algunos de los actores que hoy están definiendo el mercado. IBM, Pasqal, Fraunhofer y McKinsey situaron la cuántica en una agenda mucho más empresarial. Los sectores mencionados no sorprenden: finanzas, cadenas de suministro, descubrimiento de fármacos, materiales y problemas de optimización que hoy siguen siendo difíciles para la computación clásica. La cuestión ya no es presentar la cuántica como una promesa general, sino entender dónde puede aportar una ventaja concreta.

IBM llevó a VivaTech una presencia muy visual con su «Quantum Chandelier», una pieza asociada al IBM Quantum System Two que funcionaba casi como metáfora de la jornada. La cuántica necesita pedagogía. Necesita objetos, relatos y experiencias que acerquen una tecnología difícil de visualizar. Pero también necesita una arquitectura industrial capaz de sostenerla: hardware, software, herramientas de desarrollo, plataformas cloud, estándares, talento y modelos de colaboración con empresas.

En paralelo, Pasqal aportaba una lectura especialmente relevante para Europa. La compañía francesa, especializada en computación cuántica con átomos neutros, representa una de las apuestas europeas más reconocibles en este campo. Su presencia en VivaTech no solo servía para mostrar tecnología. Servía para recordar que Europa sí tiene activos científicos e industriales en cuántica. El problema, como tantas veces, está en convertir esos activos en escala, mercado y liderazgo.

Esa es la línea que conecta el tercer día con el resto de la semana. La cuántica no puede entenderse de forma aislada. Forma parte de la misma conversación que atraviesa la IA, la ciberseguridad, el cloud, los chips y la infraestructura. En el fondo, todas estas capas responden a una misma cuestión: qué tecnologías críticas controla Europa y en cuáles depende de terceros.

El caso de la criptografía poscuántica lo muestra con claridad. La llegada futura de ordenadores cuánticos suficientemente potentes plantea un riesgo para parte de los sistemas de cifrado actuales. Aunque esa amenaza no sea inmediata en términos comerciales masivos, las decisiones deben tomarse antes. La lógica de «capturar ahora y descifrar después» obliga a gobiernos, bancos, infraestructuras críticas y grandes empresas a pensar en la protección de datos a largo plazo.

Por eso la cuántica no es solo una conversación sobre capacidad de cálculo. También es una conversación sobre seguridad. La computación cuántica puede abrir nuevas posibilidades en simulación, optimización o ciencia de materiales, pero también obliga a revisar los fundamentos de la confianza digital. En ese punto, la frontera entre cuántica, ciberseguridad e infraestructura crítica se vuelve muy estrecha.

La intervención de Pascal Gauthier, CEO de Ledger, encajó en esa lógica. Su planteamiento situó criptografía, IA y computación cuántica como parte de un mismo stack estratégico. La idea es relevante para Europa. No basta con liderar un fragmento de la cadena. La soberanía tecnológica depende de la capacidad de articular varias capas a la vez: identidad, seguridad, computación, infraestructura, software y control de datos.

Ese enfoque conecta también con el debate sobre hardware. Durante años, buena parte de la economía digital se ha contado desde el software. La IA ha reforzado todavía más esa percepción, con modelos, aplicaciones y plataformas que parecen vivir en una capa casi inmaterial. Pero VivaTech 2026 mostró lo contrario. La próxima fase tecnológica vuelve a depender de lo físico: chips, centros de datos, satélites, sensores, energía, robots, sistemas de cifrado y procesadores cuánticos.

En ese sentido, la tercera jornada completó el relato de los días anteriores. El primer día mostró el impacto inmediato de la IA. El segundo puso el foco en la infraestructura que la sostiene. El tercero permitió mirar a la siguiente frontera: qué ocurre cuando la computación clásica empieza a combinarse con nuevas arquitecturas, cuando la seguridad debe prepararse para amenazas futuras y cuando la ventaja competitiva depende de tecnologías que aún no han llegado a la empresa media, pero que ya están definiendo las estrategias de países, laboratorios y grandes corporaciones.

La cuántica tiene además una característica que la hace especialmente relevante para Europa. A diferencia de otras olas tecnológicas donde el continente ha llegado tarde a la fase de plataforma, aquí todavía hay margen. Europa cuenta con investigación de primer nivel, startups deeptech, centros de supercomputación, programas públicos, talento científico y una conciencia creciente de la importancia de la soberanía tecnológica. Pero ese margen no será eterno.

El riesgo europeo no está en carecer de ciencia. Está en no transformar esa ciencia en industria. La historia reciente de la tecnología europea está llena de capacidades de investigación que no acabaron convirtiéndose en plataformas globales. En cuántica, el reto será evitar esa repetición. Para lograrlo harán falta inversión paciente, demanda pública sofisticada, conexión con grandes empresas, compra temprana, estándares, acceso a infraestructura y una estrategia coordinada entre países.

La referencia a France Quantum, celebrado esta misma semana en Station F, ayuda a entender ese movimiento. París no solo ha acogido VivaTech como gran escaparate tecnológico. También ha reunido al ecosistema cuántico francés en un foro específico, con investigadores, startups, corporaciones e instituciones. Ese solapamiento no es casual. La cuántica necesita sus propios espacios de especialización, pero también necesita entrar en los grandes debates tecnológicos y empresariales. VivaTech cumple esa segunda función.

Para una empresa, la pregunta práctica no es si debe comprar mañana un ordenador cuántico. Esa no es la conversación correcta. La cuestión es más gradual: qué problemas de negocio podrían beneficiarse en el futuro de la computación cuántica, qué datos serían necesarios, qué socios tecnológicos pueden aportar conocimiento, qué riesgos de seguridad conviene anticipar y qué capacidades internas deben empezar a construirse.

En este punto, la cuántica se parece menos a una herramienta y más a una agenda estratégica. No se adopta de golpe. Se entiende, se monitoriza, se prueba, se integra poco a poco y se conecta con áreas donde puede tener impacto real. Materiales, química, logística, energía, finanzas, farma, defensa y ciberseguridad son algunos de los espacios donde esa exploración ya tiene sentido.

También conviene evitar el exceso de entusiasmo. La cuántica ha vivido demasiadas promesas grandilocuentes y plazos imprecisos. No todas las aplicaciones llegarán al mismo tiempo. No todos los enfoques tecnológicos ganarán. No todas las startups sobrevivirán. Y no todos los problemas empresariales necesitan computación cuántica. La madurez de esta tecnología exige una lectura seria, lejos tanto del escepticismo automático como del optimismo superficial.

Lo interesante de VivaTech 2026 es que la conversación empezó a situarse en ese punto intermedio. La cuántica ya no aparece solo como una promesa lejana, pero tampoco como una tecnología lista para transformar cualquier sector de forma inmediata. Empieza a ocupar el lugar que probablemente le corresponde: una infraestructura emergente, con impacto potencial enorme, pero dependiente de avances técnicos, casos de uso concretos y capacidad industrial.

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Ese matiz es importante para el tejido empresarial español. Muchas compañías todavía están intentando ordenar su estrategia de datos e inteligencia artificial. Hablar ahora de cuántica puede parecer prematuro. Pero no se trata de sustituir prioridades. Se trata de entender la secuencia. Primero datos. Después IA. Luego automatización avanzada, ciberseguridad, infraestructura y, en determinados sectores, computación cuántica o tecnologías inspiradas en ella.

La ventaja no estará necesariamente en ser el primero en desplegar. Estará en ser capaz de entender antes qué cambia, dónde impacta y qué decisiones conviene no retrasar. En ciberseguridad, por ejemplo, la preparación poscuántica no puede esperar a que el riesgo sea visible para todos. En sectores intensivos en simulación u optimización, la exploración temprana puede permitir identificar ventajas antes de que el mercado madure. En infraestructuras críticas, la cuestión es todavía más clara: la planificación tecnológica debe mirar más allá del ciclo presupuestario inmediato.

El tercer día de VivaTech sirvió también para ampliar la idea de deeptech. No se trata solo de tecnologías complejas o de laboratorios sofisticados. La deeptech es el espacio donde la ciencia se convierte en ventaja industrial. Computación cuántica, espacio, biotecnología, nuevos materiales, energía y defensa forman parte de esa misma lógica. Son ámbitos donde los ciclos son más largos, el capital necesario es mayor y la coordinación entre sector público y privado resulta decisiva.

La intervención de Hélène Huby, fundadora y CEO de The Exploration Company, reforzó esa lectura desde el sector espacial. Su mensaje sobre la necesidad de que Europa aspire a liderar, no solo a proteger su soberanía, conecta directamente con la cuántica. La autonomía tecnológica europea no puede limitarse a reducir dependencias. También debe aspirar a crear mercados, construir campeones industriales y competir fuera de sus fronteras.

Esa es quizá la idea más importante que deja el tercer día. La soberanía tecnológica no puede convertirse en una actitud defensiva. Si Europa solo piensa en protegerse, llegará tarde. La soberanía real exige capacidad ofensiva en el sentido industrial del término: crear empresas globales, financiar escalado, comprar tecnología europea cuando tenga sentido, abrir mercados y asumir que algunas tecnologías estratégicas requieren apuestas de largo plazo.

VivaTech 2026, en su tercera jornada, mostró que la IA no agota el debate tecnológico. Al contrario, lo abre. La inteligencia artificial está acelerando una conversación más profunda sobre computación, seguridad, energía, chips, cloud, datos y ciencia aplicada. La cuántica aparece en ese mapa como una frontera todavía exigente, pero cada vez más vinculada a decisiones empresariales y políticas concretas.

Para Europa, la oportunidad existe. Francia está moviendo piezas en cuántica, Alemania llega a VivaTech con un peso industrial claro, IBM y Pasqal muestran caminos tecnológicos distintos, y los grandes debates sobre criptografía poscuántica están entrando en la agenda regulatoria y empresarial. Pero la oportunidad solo tendrá valor si se convierte en capacidad.

La tercera jornada de VivaTech dejó así un cierre natural para la semana. Después de mirar la IA como presente y la infraestructura como condición de posibilidad, la cuántica permite pensar en el siguiente ciclo. Un ciclo menos visible para el gran público, menos inmediato para muchas empresas, pero fundamental para entender hacia dónde se desplaza la competición tecnológica.

La IA está cambiando cómo trabajamos. La infraestructura decidirá quién puede escalar esa transformación. La cuántica puede redefinir, en los próximos años, qué problemas somos capaces de resolver y qué sistemas de seguridad seguirán siendo fiables. Por eso conviene empezar a mirarla sin ruido, sin promesas fáciles y sin esperar a que sea demasiado tarde.

VivaTech 2026 no presentó la cuántica como una respuesta inmediata. La presentó como una frontera que empieza a tomar forma. Y en tecnología, cuando una frontera empieza a tomar forma, las decisiones importantes suelen haberse tomado antes de que el mercado general se dé cuenta.

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