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La autonomía tecnológica europea depende menos de eliminar todas las dependencias exteriores que de saber cuáles asumir, disponer de alternativas y conseguir que una mayor parte del valor generado por las nuevas infraestructuras digitales permanezca en Europa. Esa fue una de las ideas centrales de «Cadenas de valor en tecnologías estratégicas», la sesión celebrada durante la tarde de la primera jornada del 40º Encuentro de la Economía Digital y las Telecomunicaciones de AMETIC, en Santander.
El foro reunió a representantes de la industria, la Administración y centros tecnológicos para analizar cómo reforzar las cadenas de valor vinculadas a tecnologías consideradas estratégicas. Buena parte del debate se concentró en tres ámbitos conectados: la capacidad para generar mercado para tecnologías desarrolladas en Europa, el acceso a infraestructuras críticas como los centros de datos y la capacidad de cálculo, y la dificultad para trasladar los resultados de la investigación hasta productos y empresas capaces de escalar.
La sesión abordó tecnologías cuánticas, inteligencia artificial y centros de datos desde distintos puntos de la cadena de valor. El hilo común fue cómo convertir capacidad científica y tecnológica en actividad industrial, con proveedores, clientes e inversión que permitan retener una mayor parte del valor económico en España y Europa.
Una soberanía tecnológica que se decide por capas
Albert Tort, secretario de Telecomunicaciones y Transformación Digital de la Generalitat de Catalunya, planteó la autonomía estratégica como un ejercicio de gestión de riesgos que debe examinar por separado cada componente de la infraestructura tecnológica.
«La autonomía estratégica no es sólo comprar a unos y dejar de comprar a otros. No va de esto. Tenemos, en cualquier situación, un stack tecnológico que no es monolítico. Cualquier solución es compleja y tiene distintas capas. No es una cuestión binaria», explicó.
Ese enfoque obliga a analizar dependencias en conectividad, capacidad de cómputo, plataformas y sistemas de información, además de incorporar elementos como el talento, la ciberseguridad o las condiciones de la contratación pública.
Cristian Canton, director asociado del Barcelona Supercomputing Center (BSC), utilizó el concepto de «soberanía pragmática» para describir una estrategia basada en conocer y gestionar las dependencias en lugar de aspirar a eliminarlas por completo. Durante su intervención situó alrededor del 70% de los datos europeos en infraestructuras de proveedores estadounidenses de capacidad de cómputo.
Las AI Factories aparecen en este escenario como una herramienta para ampliar el acceso de empresas y proyectos europeos a recursos de inteligencia artificial. El modelo permite que compañías emergentes utilicen capacidad de cálculo antes de necesitar infraestructuras de mayor escala. Canton anunció además una nueva instalación de este tipo en Cádiz.
La discusión sobre soberanía adquiere así una dimensión operativa: disponer de tecnología propia resulta insuficiente si las empresas europeas carecen de alternativas comerciales, infraestructura disponible o volumen suficiente de compradores.
La cuántica busca convertir tecnología en mercado
Esa dificultad para conectar oferta y demanda resulta especialmente visible en las tecnologías cuánticas. Representantes de Ayesa Digital, Banco Santander, Qilimanjaro y Nu Quantum coincidieron en que ya existen aplicaciones comerciales, aunque el grado de madurez cambia considerablemente entre segmentos.
La criptografía resistente a futuros ordenadores cuánticos dispone de una demanda más inmediata, especialmente en sectores que deben conservar información protegida durante largos periodos, como la banca, la energía o las administraciones públicas. La computación cuántica continúa en una fase anterior de desarrollo comercial, mientras que la sensórica presenta todavía un mercado menos desarrollado.
Para las compañías del sector, uno de los mecanismos capaces de acelerar esa transición es la compra pública innovadora. Un contrato de una Administración puede aportar facturación, pero también una referencia comercial y una validación tecnológica que facilite posteriormente la captación de clientes e inversión privada.
El problema afecta directamente a la construcción de una industria europea. Sin primeros compradores, las empresas tecnológicas pueden desarrollar propiedad intelectual y conocimiento en Europa, pero tener dificultades para alcanzar el tamaño necesario para fabricar, comercializar y mantener sus productos desde el continente.
Los participantes señalaron además la distancia entre la ambición política europea y los recursos disponibles, así como la falta de perfiles de ingeniería capaces de llevar tecnologías avanzadas desde el laboratorio hasta entornos productivos.
La regulación comienza igualmente a formar parte del desarrollo de este mercado. Aunque las tecnologías cuánticas todavía no cuentan con una normativa europea específica que funcione como marco único, su despliegue ya está condicionado por reglas existentes sobre protección de datos, resiliencia operativa o ciberseguridad, entre ellas el RGPD y DORA.
Durante la jornada, AMETIC reconoció a Qilimanjaro como empresa cuántica del año y a GMV por su liderazgo industrial en este ámbito, además de conceder una mención especial a Garrigues.
Centros de datos: demanda, chips y capacidad eléctrica
La expansión de la inteligencia artificial está trasladando parte del debate industrial hacia la infraestructura física que permite procesar los datos. Los centros de datos requieren suelo, conexión eléctrica, equipamiento, semiconductores y largos procesos administrativos, lo que convierte su despliegue en una cadena industrial mucho más amplia que la construcción de los propios edificios.
Eva Valle, consejera de Economía del Gobierno de Aragón, los describió como «las fábricas del futuro» y vinculó su crecimiento con la infraestructura necesaria para sostener la economía del dato.
Desde ACS, Manuel Giménez cifró en 0,7 euros por cada euro invertido la parte que acaba trasladándose a la cadena local de proveedores. También reclamó mayor velocidad y previsibilidad administrativa en la convocatoria y resolución de concursos y en la emisión de informes sectoriales.
La disponibilidad eléctrica aparece como uno de los principales límites. Luis Velasco, director de Apoyo al Desarrollo de Instalaciones de Red Eléctrica de España, señaló que los problemas de suministro de equipamiento eléctrico tienen alcance internacional y explicó que los accesos concedidos para centros de datos suman alrededor de 12 GW.
La cifra equivale a una parte relevante de una demanda punta española situada entre 38 y 40 GW, aunque la concesión de acceso no significa que toda esa capacidad vaya a entrar inmediatamente en funcionamiento. Los proyectos manejan plazos que pueden alcanzar siete u ocho años hasta su puesta en servicio.
A la capacidad eléctrica se añade otra dependencia: los chips. Roger Espasa, CEO de Semidynamics, estimó que entre el 80% y el 85% del coste de un centro de datos corresponde a la amortización de los semiconductores y defendió que la soberanía debe entenderse como capacidad de elección.
«Soberanía no es autarquía, es la capacidad de que los países y actores puedan decidir qué y dónde comprar. Ahora mismo no hay elección, todo lo que compramos es americano, queremos que haya variedad», afirmó.
Una de sus propuestas consiste en utilizar la contratación pública para generar demanda de tecnología europea, por ejemplo exigiendo que una parte de las horas de computación contratadas por las administraciones se ejecute sobre equipamiento desarrollado en Europa.
La transferencia sigue separando ciencia e industria
La capacidad para desarrollar investigación avanzada tampoco garantiza su transformación en actividad empresarial. El foro volvió a situar la transferencia tecnológica entre las debilidades estructurales del sistema español de innovación.
Xavier López, director general de Eurecat, defendió una revisión de las políticas aplicadas durante los últimos años. «Durante mucho tiempo, no sólo desde España, sino desde Europa, hemos errado el tiro en las políticas de innovación, hemos generado una ciencia excelente pero no la suficiente innovación. Es urgente que cambiemos el diseño de esas políticas», afirmó.
España combina una posición relevante por tamaño económico con un desempeño comparativamente inferior en innovación, una distancia que condiciona su capacidad para capturar el valor de tecnologías desarrolladas en universidades, centros de investigación y organismos tecnológicos.
Esther Borao, directora general de ITAINNOVA, situó la digitalización como una herramienta para aproximar la investigación a las necesidades empresariales. Irene López de Vallejo, responsable de Desarrollo de Negocio de Quantum Tech en Tecnalia, reclamó que los parques científicos y tecnológicos faciliten relaciones entre empresas y organizaciones que difícilmente entrarían en contacto de otra forma.
El mismo problema alcanza a la transformación de las administraciones. Demetri Rico, director gerente del CTTI de la Generalitat de Catalunya, sostuvo que la disponibilidad tecnológica ha dejado de ser necesariamente el principal obstáculo. «La tecnología ya no debería ser el cuello de botella (…) Lo que cuesta mucho es definir qué es lo que queremos», señaló.
La construcción de cadenas de valor tecnológicas pasa así por decisiones que van más allá de financiar investigación. Requiere compradores capaces de validar productos, infraestructura de computación y energía disponible, procedimientos administrativos compatibles con los plazos industriales y mecanismos que faciliten que las tecnologías desarrolladas en Europa encuentren mercado antes de que las empresas necesiten buscar escala, capital o clientes fuera del continente.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
