La Asociación Española de Empresas de Consultoría (AEC) ha situado la innovación aplicada, el despliegue efectivo de la inteligencia artificchiswickial, la autonomía estratégica y la gobernanza tecnológica como las cuatro prioridades que deberían guiar las decisiones de empresas e instituciones españolas durante el curso 2026-2027. La agenda, presentada el 19 de agosto, llega cuando España afronta el final del impulso extraordinario de los fondos europeos y necesita convertir sus capacidades científicas y digitales en productividad, industria, seguridad y empleo cualificado.
Los cuatro ejes articularán además el primer Foro Tecnológico Global de la asociación, previsto del 7 al 9 de octubre de 2026 en Madrid y San Lorenzo de El Escorial. Su planteamiento refleja un cambio en el nivel de decisión: cuestiones como la adopción de IA, la ciberseguridad, el acceso a infraestructuras o la dependencia de proveedores tecnológicos han dejado de pertenecer exclusivamente a los departamentos técnicos y ocupan ya la agenda de los consejos de administración y de la política industrial.
José María Beneyto, presidente de la AEC, vincula estas decisiones con la capacidad económica del país: «la tecnología se ha convertido en una cuestión de país. El nuevo curso exige situar las decisiones tecnológicas al mismo nivel que las económicas e industriales. De ellas dependerán directamente nuestra productividad, la capacidad de competir de las empresas y el margen de actuación de España y de Europa».
Del conocimiento científico a la actividad comercial
La primera prioridad consiste en trasladar la innovación a mejoras medibles de productividad, nuevos productos y modelos de negocio. España dispone de universidades, centros de investigación, empresas tecnológicas e industrias capaces de participar en este ciclo, pero mantiene dificultades para llevar el conocimiento científico al mercado, financiar las etapas de industrialización y facilitar que las compañías tecnológicas ganen escala.
El diagnóstico coincide con el publicado por la Comisión Europea en junio de 2026. Bruselas señaló la baja inversión privada en I+D, las restricciones de financiación y la limitada colaboración entre el ámbito académico y la industria como obstáculos persistentes para la innovación empresarial y la productividad española. El desafío inmediato será sostener la inversión en digitalización cuando termine el ciclo excepcional vinculado a los fondos europeos, mediante más capital privado y mecanismos estables de financiación.
Beneyto resume la tarea pendiente en la conexión entre investigación, inversión e industria: «España cuenta con una base científica, industrial y empresarial sólida para ganar peso en la nueva economía tecnológica. El próximo paso es acelerar la transferencia de conocimiento, impulsar la inversión y convertir la innovación en soluciones de mercado, un tejido productivo sólido y empleo de calidad».
La dimensión económica del sector representado por la AEC refuerza su papel en esa ejecución. Las consultoras españolas elevaron sus ingresos un 7,5% en 2025, hasta 23.635 millones de euros, y aumentaron su plantilla un 4,7%, hasta 298.722 profesionales. La asociación prevé un crecimiento de la facturación del 5,9% en 2026 y coloca por primera vez la inteligencia artificial como la tecnología con mayor impacto sobre la actividad de sus miembros.
La IA entra en la fase de ejecución empresarial
Para la AEC, la adopción de IA debe superar los proyectos experimentales y llegar a procesos, productos y servicios concretos. El criterio relevante pasa a ser su efecto sobre productividad, calidad y toma de decisiones, una transición que exige datos fiables, infraestructura suficiente, sistemas seguros y personal preparado. También obliga a revisar flujos de trabajo, responsabilidades y controles, en lugar de limitarse a añadir herramientas sobre procesos que permanecen sin cambios.
Esta ejecución coincide con un aumento de la inversión europea en capacidad propia. En abril de 2026, la Comisión Europea contabilizaba 19 fábricas de IA en la UE y 1.000 millones de euros reservados en convocatorias para acelerar su adopción en sectores industriales y públicos. La infraestructura resulta decisiva para entrenar, adaptar y operar modelos sin ampliar las dependencias externas que Europa intenta reducir.
La carrera internacional continúa acelerándose. La empresa china Moonshot AI presentó en julio Kimi K3, un modelo de pesos abiertos cuya demanda inicial superó la capacidad disponible del servicio. El episodio ilustra la presión sobre modelos, talento y potencia informática, pero también la velocidad con la que una ventaja técnica puede trasladarse al mercado.
Junto a la IA avanzan la computación cuántica, la automatización, la robótica y el edge computing. Su convergencia puede abrir aplicaciones en industria, salud, energía, finanzas, infraestructuras y servicios públicos. Para las organizaciones, esa combinación eleva la complejidad de integrar sistemas, evaluar retornos y encontrar perfiles profesionales capaces de operar tecnologías que evolucionan a ritmos diferentes.
Dependencias, seguridad y continuidad operativa
La autonomía estratégica ocupa el tercer bloque de la agenda. La AEC plantea identificar capacidades esenciales, proteger tecnologías críticas, reforzar cadenas de valor y construir alianzas que amplíen el margen de decisión europeo. El objetivo no implica aislarse de una economía interconectada, sino reducir vulnerabilidades en componentes, plataformas e infraestructuras indispensables para la actividad económica.
La ciberseguridad forma parte central de esa autonomía. A medida que crece la digitalización de las empresas y los servicios públicos, también aumenta la exposición de datos, operaciones e infraestructuras críticas. La protección frente a incidentes y la continuidad de negocio pasan así a ser responsabilidades directivas, con implicaciones sobre inversión, proveedores, seguros y organización interna.
La asociación incorpora asimismo las tecnologías de doble uso y la digitalización de la defensa. Sistemas autónomos, conectividad, analítica avanzada, IA y tecnologías espaciales pueden tener aplicaciones civiles y militares, lo que demanda una colaboración más estrecha entre administraciones, compañías, universidades y centros de investigación. También vincula la competitividad industrial con la capacidad de conservar conocimiento sensible y asegurar suministros.
Gobernar la adopción y preparar a las plantillas
El cuarto eje aborda la gobernanza. Las empresas deberán anticipar riesgos, asignar responsabilidades y evaluar el impacto de sus decisiones tecnológicas mientras actualizan las competencias de sus profesionales. Beneyto lo expresa así: «Gobernar las nuevas tecnologías significa orientar su uso, definir responsabilidades y preparar a las personas para trabajar con ellas. Su despliegue será sostenible cuando se traduzca en crecimiento, confianza y nuevas oportunidades».
Estos asuntos centrarán el Foro Tecnológico Global, titulado “Geopolítica y tecnología: las nuevas fronteras”, que reunirá a responsables institucionales, empresarios, científicos, académicos e inversores. Entre los participantes anunciados figuran Henna Virkkunen, vicepresidenta de la Comisión Europea; el premio Nobel de Economía Philippe Aghion; Josep Borrell, ex alto representante de la UE, y Antonio Garamendi, presidente de la CEOE.
