Un consorcio coordinado por el Clúster de l’Energia Eficient de Catalunya (CEEC) y formado por Eurecat, TROPS, Fruits de Ponent y Powerfultree ha puesto en marcha TECSOL-FRUT, presentado este 17 de agosto de 2026 para desarrollar y validar un sistema agrivoltaico orientable en dos explotaciones frutícolas. La iniciativa entra ahora en su fase de desarrollo tras recibir en mayo una subvención pública de 599.193,53 euros y pretende comprobar sobre el terreno si la combinación de paneles solares, sensorización, inteligencia artificial y un gemelo digital permite equilibrar la productividad agrícola, el uso del agua y la generación eléctrica.
La relevancia del proyecto reside en el paso de una aplicación teórica de la agrivoltaica a una validación durante un ciclo completo de cultivo. Los socios medirán el efecto del sistema sobre la calidad y el rendimiento de la fruta, las condiciones ambientales de la plantación y la sostenibilidad de la explotación. Hasta que se instalen los pilotos y se recopilen esos datos, TECSOL-FRUT carece de resultados agronómicos o energéticos demostrados.
La resolución de concesión del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación fija un coste total previsto de 686.874,10 euros. La ayuda cubre 599.193,53 euros, de los que 479.354,82 proceden del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) y 119.838,71 de la Administración General del Estado.
Paneles orientables para gestionar sombra y electricidad
La infraestructura estará formada por paneles fotovoltaicos rígidos cuyo ángulo de inclinación podrá modificarse. Este control permitirá variar la sombra proyectada sobre los árboles según las necesidades del cultivo y las condiciones ambientales, en lugar de mantener una configuración fija orientada únicamente a maximizar la producción eléctrica. La descripción técnica publicada por el CEEC confirma que el sistema se aplicará en dos explotaciones frutícolas situadas en comunidades autónomas diferentes.
La agrivoltaica permite utilizar una misma superficie para producir alimentos y energía renovable. En determinados cultivos, la sombra puede reducir el estrés térmico, limitar la evaporación del agua y ofrecer protección frente a una radiación solar intensa. Esos efectos dependen del clima, la especie, la fase de desarrollo de la planta y la configuración de los paneles. Una cobertura excesiva también puede reducir la radiación que necesita el cultivo, por lo que el valor del sistema dependerá de cómo se gobierne esa interacción.
El proyecto abordará esa decisión mediante una herramienta digital de planificación y simulación. Sus modelos mecánicos, determinísticos y matemáticos analizarán el comportamiento de la instalación bajo diferentes combinaciones de temperatura, humedad y radiación solar. El objetivo operativo será comparar escenarios antes de modificar la inclinación de los paneles o las pautas de riego, teniendo en cuenta las consecuencias agrícolas y energéticas de cada ajuste.
Los pilotos estarán vinculados a TROPS, cooperativa de Málaga dedicada al aguacate y el mango, y a Fruits de Ponent, productora de fruta dulce con sede en Alcarràs, Lleida. La ubicación en entornos agrícolas distintos permitirá observar cómo responde la tecnología ante condiciones climáticas y agronómicas diferentes, un requisito relevante para valorar su posible transferencia a otras explotaciones.
Un gemelo digital alimentado con datos de campo
La capa de control combinará sensores instalados en las parcelas, imágenes satelitales y predicciones meteorológicas. A partir de esas fuentes, los modelos de inteligencia artificial tratarán de optimizar el riego, anticipar la evolución fenológica de los cultivos, estimar el rendimiento y vigilar su estado sanitario. Los datos también servirán para calibrar las simulaciones con mediciones reales, reduciendo la distancia entre el comportamiento previsto y el observado.
La información desembocará en un gemelo digital que representará de forma integrada el cultivo y la producción energética. Esta réplica virtual deberá ofrecer una visión actualizada del funcionamiento de la explotación y facilitar ensayos digitales de distintas configuraciones. Para un agricultor o gestor energético, la utilidad práctica estará en poder estimar las consecuencias de cambiar la posición de los paneles, ajustar el riego o reaccionar ante una previsión de calor extremo antes de ejecutar la decisión en campo.
Eurecat aportará capacidades de digitalización, sensórica, simulación, sistemas ciberfísicos e inteligencia artificial aplicada al sector agroalimentario. Powerfultree se ocupará de la ingeniería y el desarrollo de hardware agrivoltaico, mientras que el CEEC coordinará la ejecución y la colaboración entre las organizaciones participantes. Las cooperativas aportarán las explotaciones y el conocimiento agronómico necesario para valorar si las decisiones propuestas por el sistema son compatibles con el manejo cotidiano de los cultivos.
Esta distribución de tareas responde a una dificultad habitual de los proyectos agrivoltaicos: la instalación fotovoltaica, el modelo agronómico y el software de control deben funcionar como un único sistema. El rendimiento eléctrico por sí solo no permitirá determinar el éxito del piloto. También habrá que medir la cantidad y calidad de la cosecha, el consumo de agua, la respuesta de las plantas y las necesidades de operación y mantenimiento de una estructura móvil situada sobre una explotación productiva.
La validación determinará su capacidad de réplica
El siguiente hito será instalar las plantas piloto y comenzar la recogida de información durante un ciclo completo. La ficha del proyecto en la plataforma AKIS sitúa entre las tareas pendientes el despliegue de esas instalaciones, la publicación de resultados preliminares y la elaboración de un informe final de aprendizajes. Por tanto, las expectativas de escalabilidad dependerán de evidencias que todavía deben obtenerse.
El cambio climático añade presión a esa experimentación. El adelanto de la floración y una mayor exposición a olas de calor, sequías, heladas tardías o episodios de radiación intensa pueden alterar la productividad y la calidad de la fruta. Un sistema capaz de modificar dinámicamente la sombra podría actuar como herramienta de adaptación, aunque su eficacia tendrá que evaluarse para cada cultivo y localización.
La dimensión energética introduce otra variable empresarial. La electricidad generada podría destinarse al autoconsumo de bombas de riego, cámaras frigoríficas u otras instalaciones de la explotación, reduciendo su exposición a los precios energéticos. La viabilidad económica dependerá, sin embargo, de la producción obtenida, el coste de la estructura orientable, su mantenimiento, la conexión eléctrica y cualquier variación en los ingresos agrícolas.
Para que TECSOL-FRUT derive en una solución replicable, el consorcio tendrá que convertir los datos de los pilotos en reglas operativas: cuánta sombra admite cada cultivo, cuándo conviene priorizar agua o electricidad y qué sensores resultan imprescindibles. Esos parámetros determinarán si la agrivoltaica inteligente puede incorporarse a explotaciones comerciales sin añadir una complejidad superior al ahorro energético y agronómico que genere.
