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La expansión de la inteligencia artificial empieza a encontrarse con una barrera distinta a la adopción: demostrar que las nuevas funciones resuelven problemas concretos. Samsung Electronics Iberia ha llevado este argumento al 40º Encuentro de la Economía Digital y las Telecomunicaciones de AMETIC, celebrado en Santander, donde ha defendido una inteligencia artificial menos visible como producto independiente y más integrada en el funcionamiento habitual de los dispositivos.
David Alonso, vicepresidente y responsable del negocio de Mobile eXperience de Samsung Electronics Iberia, situó esa transición como la siguiente fase de desarrollo de la tecnología. «La próxima revolución de la inteligencia artificial llegará cuando dejemos de pensar en ella», afirmó durante su intervención.
La posición de la compañía parte de una aparente contradicción entre el crecimiento del uso de estas herramientas y la percepción que tienen los consumidores sobre sus resultados. El estudio «La IA ante el Espejo», elaborado por Ipsos para Samsung a partir de 1.000 entrevistas realizadas en España en febrero de 2026, apunta que la adopción de la IA ha aumentado un 60% respecto a 2024. Al mismo tiempo, el 70% de los participantes considera que esta tecnología promete más de lo que realmente hace por ellos.
Esa distancia entre disponibilidad y utilidad percibida condiciona una etapa en la que los fabricantes están incorporando modelos de IA a móviles, ordenadores, electrodomésticos y otros dispositivos. Una mayor presencia tecnológica no garantiza por sí misma que el usuario identifique un beneficio proporcional, especialmente cuando muchas capacidades exigen aprender nuevos flujos de trabajo o recurrir de forma deliberada a una aplicación o asistente.
La IA integrada sustituye a la IA como función aislada
La respuesta que plantea Samsung consiste en trasladar parte de esa inteligencia a procesos que hasta ahora requerían intervención directa. El objetivo es que el sistema interprete el contexto, reduzca pasos o actúe antes de que el usuario tenga que buscar una función concreta.
Entre los ejemplos utilizados por la compañía aparecen el filtrado inteligente de llamadas, las alertas vinculadas a permisos y privacidad o la asistencia contextual. En el primer caso, el dispositivo puede atender una llamada desconocida, identificar al interlocutor y ofrecer información antes de que el usuario decida responder. Samsung también ha extendido a su ecosistema mecanismos de seguridad como Knox Matrix, diseñado para ofrecer visibilidad sobre el estado de protección de distintos dispositivos Galaxy conectados.
El cambio tiene consecuencias más amplias que la incorporación de nuevas funciones a un teléfono. A medida que los modelos pasan a formar parte del sistema operativo y de los servicios asociados, la competencia entre fabricantes se desplaza hacia su capacidad para coordinar datos, dispositivos y aplicaciones sin multiplicar la complejidad para el usuario.
Samsung articula su estrategia alrededor de tres áreas: aplicaciones de IA para situaciones cotidianas, seguridad y confianza, y una experiencia unificada entre dispositivos. Esta última dimensión cobra especial importancia en un mercado donde los grandes proveedores tecnológicos intentan mantener al usuario dentro de ecosistemas propios de móviles, ordenadores, wearables, televisores y hogares conectados.
La propuesta exige, sin embargo, que esa integración mantenga mecanismos de control comprensibles. Cuanto mayor sea la capacidad de un sistema para interpretar conversaciones, contenidos, hábitos o información procedente de varios dispositivos, más relevante resulta saber qué datos utiliza, dónde se procesan y qué capacidad tiene el usuario para limitar su funcionamiento.
«La tecnología debe adaptarse a las personas, no al revés. El verdadero valor de la IA estará en ayudarnos a hacer las cosas de forma más sencilla, manteniendo siempre la confianza y el control del usuario», sostuvo Alonso.
La utilidad se convierte en una medida de adopción de la IA
El planteamiento presentado en Santander refleja una cuestión que afecta tanto al mercado de consumo como a la adopción empresarial. Tras una primera etapa marcada por el lanzamiento de asistentes, copilotos y servicios generativos, los proveedores tecnológicos afrontan una presión creciente para vincular esas capacidades con resultados medibles.
En una empresa, esa exigencia puede traducirse en menos tiempo dedicado a determinadas tareas, automatización de procesos o reducción de errores. En el ámbito del consumidor, la medida es menos homogénea, pero responde a una lógica similar: una función integrada tendrá más posibilidades de consolidarse si elimina pasos que el usuario ya realizaba, en lugar de añadir una nueva herramienta que necesita ser aprendida.
La tesis de Samsung encaja además con el eje del 40º Encuentro de la Economía Digital y las Telecomunicaciones. AMETIC ha dedicado esta edición, bajo el lema «40 años impulsando el crecimiento social y económico de España», al papel de la digitalización y de la capacidad tecnológica en la competitividad, así como al equilibrio entre adopción, desarrollo económico y bienestar.
Para los fabricantes, ese escenario convierte la experiencia de uso en un campo de diferenciación junto a las prestaciones del modelo de IA. La carrera tecnológica sigue dependiendo de capacidad de procesamiento, modelos y acceso a datos, pero también de cuestiones menos visibles: latencia, privacidad, interoperabilidad, consumo energético o posibilidad de ejecutar determinadas tareas directamente en el dispositivo.
Samsung extiende la IA a proyectos de impacto social
La compañía también utilizó el encuentro para relacionar esta estrategia con Tecnología con Propósito, su programa en España para aplicar herramientas digitales a educación, accesibilidad, cultura y empleabilidad. Samsung cifra en 31 los proyectos desarrollados durante más de 13 años y en más de 25 millones de euros los recursos destinados a estas iniciativas.
Dentro de ese programa figuran TALK, orientado a facilitar la comunicación de personas con esclerosis lateral amiotrófica (ELA); UNFEAR, que emplea IA con el objetivo de ayudar a personas con autismo ante determinados estímulos sonoros; e IMPULSE, enfocado en personas con trastornos del habla.
Alonso destacó además The Mind Guardian, una herramienta desarrollada junto con la Universidad de Vigo para explorar funciones cognitivas en mayores de 55 años. Lanzada en marzo de 2025, la aplicación ha superado los 100.000 usuarios, de acuerdo con las cifras facilitadas por Samsung, que atribuye a la herramienta una precisión del 97% para su finalidad de detección de posibles señales de alerta. Estas métricas proceden de la propia compañía y deben entenderse dentro de la función de cribado de la solución, no como un diagnóstico médico.
La incorporación de este tipo de casos a la estrategia de IA permite a Samsung presentar la utilidad como criterio de desarrollo tecnológico, pero también eleva las exigencias en privacidad, fiabilidad y validación cuando los algoritmos intervienen en ámbitos sensibles.
El paso del entusiasmo inicial a una adopción sostenida dependerá, para fabricantes y proveedores de software, de que la inteligencia artificial pueda integrarse en procesos cotidianos sin trasladar más complejidad al usuario. Para las empresas, la consecuencia es similar: la disponibilidad de modelos cada vez más capaces reduce el valor diferencial de incorporar IA por sí misma y desplaza la evaluación hacia el proceso que mejora, el coste que elimina y el grado de confianza con el que puede utilizarse.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
