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Babel alerta de una carrera de IA en ciberseguridad

Babel alerta de una carrera de IA en ciberseguridad

  • La automatización del phishing, los deepfakes y la búsqueda de vulnerabilidades obliga a las empresas a acelerar la detección y respuesta sin retirar la supervisión humana.
Fraude con deepfakes

Babel ha advertido de que la ciberseguridad empresarial está entrando en una fase de confrontación entre sistemas de inteligencia artificial. Los atacantes recurren a esta tecnología para automatizar fraudes, suplantaciones y búsquedas de vulnerabilidades, mientras las organizaciones necesitan detectar anomalías y responder a una velocidad similar. La advertencia llega tras varios indicios de que la IA está pasando de asistir tareas aisladas a intervenir en operaciones ofensivas y defensivas más complejas, lo que convierte la capacidad de reacción, el gobierno de los sistemas y la supervisión humana en factores de resiliencia empresarial.

La tecnológica española identifica el phishing hiperpersonalizado, los deepfakes y la exploración automática de infraestructuras como algunas de las aplicaciones que están reduciendo el tiempo disponible para reaccionar. Un sistema puede adaptar mensajes a cada víctima, alterar su comportamiento ante un obstáculo o generar numerosas variantes de un fraude en segundos. Frente a ese ritmo, la revisión manual de alertas conserva valor para las decisiones sensibles, pero resulta insuficiente como primera línea de análisis.

La automatización ofensiva empieza a dejar evidencias

El escenario descrito por Babel ya cuenta con señales operativas. El Google Threat Intelligence Group informó el 11 de mayo de que había identificado por primera vez a un actor que utilizó un exploit de día cero probablemente desarrollado con IA. Sus investigadores observan una evolución desde usos todavía incipientes hacia la incorporación de modelos generativos a los flujos de trabajo de los atacantes, incluida la explotación de vulnerabilidades.

Ese avance no implica que los ciberataques autónomos sean ya una realidad homogénea. La madurez de las herramientas, los datos disponibles y la capacidad de integrarlas varían entre actores y organizaciones. Sin embargo, la reducción del coste y del tiempo necesarios para crear señuelos creíbles amplía la escala potencial de las campañas y dificulta que empleados y clientes se apoyen únicamente en señales visuales, voces conocidas o mensajes aparentemente coherentes.

El turismo ofrece una muestra inmediata de esa presión. Check Point Research contabilizó 47.318 nuevos dominios relacionados con viajes en mayo de 2026, un 33% más que en abril y un 19% por encima del mismo mes de 2025. Según el análisis de los dominios y las campañas de suplantación vinculadas a viajes, uno de cada 112 estaba clasificado como malicioso o sospechoso. La cifra total incluye dominios legítimos y no permite atribuir una finalidad fraudulenta a la mayoría, aunque ilustra el volumen de superficie que los equipos de seguridad deben vigilar durante la temporada de reservas.

La pérdida de referencias fiables afecta al diseño de cualquier interacción digital, según Juan Francisco Cornago, director de ciberseguridad de Babel. «Durante años hemos invertido en proteger infraestructuras. Ahora también tendremos que aprender a confiar -o a desconfiar- de lo que vemos y escuchamos. La inteligencia artificial ha reducido drásticamente el tiempo necesario para crear un fraude creíble y eso obliga a las empresas a replantear cómo verifican cualquier interacción digital. No podemos aspirar a recuperar la confianza automática que teníamos hace unos años, porque ese escenario ya no existe. Lo que toca es construir, desde una desconfianza razonable, una verificación que antes no hacía falta», explica el directivo.

La defensa combina agentes, automatización y criterio experto

La respuesta empresarial pasa por emplear IA para analizar grandes volúmenes de eventos, correlacionar señales dispersas y ejecutar acciones iniciales ante un incidente. Esto puede incluir aislar un dispositivo, elevar una alerta, bloquear una identidad sospechosa o priorizar una vulnerabilidad. La monitorización continua de la superficie de ataque también permite localizar exposiciones antes de que sean aprovechadas, aunque la eficacia depende de la calidad de los datos, la integración con los sistemas corporativos y unos límites claros para las acciones automatizadas.

Mandiant ha mostrado una aplicación concreta de este enfoque en la revisión de código. La compañía explicó el 18 de agosto que su arquitectura agéntica contribuyó a descubrir decenas de fallos y a asignar 12 identificadores CVE. El sistema combina agentes especializados con validación y conocimiento experto para investigar posibles rutas de explotación. El caso refleja tanto el potencial de automatizar el análisis como la necesidad de conservar controles humanos antes de convertir un hallazgo en una decisión operativa.

Babel prevé que esta distribución del trabajo modificará el papel de los equipos de ciberseguridad. La IA asumirá una parte creciente de la monitorización, la correlación de eventos y la respuesta inicial, mientras los profesionales concentrarán más esfuerzo en investigar incidentes complejos, supervisar los sistemas y decidir ante situaciones con impacto legal, financiero o reputacional. La empresa cerró 2025 con 3.550 profesionales repartidos entre nueve países de Europa, Latinoamérica y África.

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«La próxima guerra digital ya no enfrentará únicamente a personas. La verdadera batalla será entre sistemas de inteligencia artificial capaces de aprender y evolucionar más rápido que el adversario. El reto para las organizaciones ya no es solo incorporar IA, sino asegurarse de que la suya sea capaz de anticiparse a la del atacante y de que sus empleados serán capaces de decidir si la información que consumen es real», sostiene Juan Francisco Cornago, director de ciberseguridad de Babel.

La verificación se incorpora al gobierno empresarial

La velocidad técnica no elimina la responsabilidad de quienes despliegan estas herramientas. El Foro Económico Mundial señaló en mayo que la adopción empresarial de IA para ciberdefensa exige preparación organizativa, pruebas estructuradas, gobierno y supervisión humana. Disponer de un modelo o de un agente no garantiza por sí mismo una mejor defensa si faltan procesos para medir errores, controlar permisos, proteger los datos utilizados y revisar las decisiones con mayor impacto.

La verificación continua adquiere así una dimensión operativa. Una orden de pago recibida mediante audio, una videollamada con un directivo o una solicitud urgente enviada desde una cuenta legítima pueden requerir un segundo canal de confirmación. En los sistemas defensivos, la misma cautela obliga a registrar las acciones de los agentes, limitar su autonomía según el riesgo y establecer procedimientos para que una persona pueda detener o revertir una respuesta incorrecta.

Para las empresas, la prioridad inmediata consiste en identificar qué procesos dependen todavía de la confianza visual o auditiva, dónde una reacción manual llega demasiado tarde y qué decisiones nunca deben quedar completamente delegadas. Traducir ese mapa en autenticación reforzada, monitorización permanente, automatizaciones reversibles y responsables humanos definidos permitirá ganar velocidad sin convertir la defensa basada en IA en una nueva fuente de riesgo.

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