IAON, la iniciativa impulsada por el Gobierno de Aragón, Microsoft, Ibercaja y Fundación Ibercaja, presentó el 14 de julio su segundo observatorio anual sobre inteligencia artificial en España. El estudio sitúa cerca del 69% la proporción de encuestados que ya ha utilizado IA generativa, frente al 51% registrado un año antes, e incorpora por primera vez un panel de autónomos y pequeñas empresas. Sus resultados muestran que la adopción avanza más deprisa que la capacidad de muchas organizaciones para fijar controles, formar a sus equipos y asignar responsabilidades, una brecha que gana relevancia desde la entrada en aplicación, el 2 de agosto de 2026, de nuevas exigencias europeas de transparencia.
La frecuencia de uso también aumenta. Un 19,8% de los participantes recurre a estas herramientas todos los días y otro 19,3% lo hace varias veces por semana. En paralelo, el porcentaje de quienes afirman no haberlas utilizado nunca ha caído desde el 50% de 2025 hasta el 31,2% de 2026. La evolución apunta a una integración rápida en actividades cotidianas, aunque todavía marcada por diferencias de edad y formación.
Las pequeñas empresas incorporan IA antes que sus controles
La principal novedad del observatorio está en el análisis específico de 300 autónomos, micropymes y pymes. El 40% de los profesionales y empresas consultados considera que la IA mejora su competitividad, pero la mayoría carece de gobernanza interna, protocolos de utilización y estrategias formativas estructuradas. La distancia entre uso y gestión abre interrogantes prácticos sobre qué herramientas pueden emplearse, con qué datos y bajo la supervisión de quién.
Esta carencia puede afectar a tareas tan habituales como redactar propuestas comerciales, resumir documentación, atender consultas o analizar información interna. Sin reglas claras, los empleados pueden introducir datos personales, contratos o conocimiento corporativo en servicios externos sin conocer sus condiciones de tratamiento. También aumenta el riesgo de utilizar resultados incorrectos o sesgados sin una revisión definida.
La referencia oficial disponible confirma que la implantación empresarial todavía era desigual antes de esta medición. Durante el primer trimestre de 2025, el INE situó el uso de tecnologías de IA en el 21,1% de las empresas con diez o más empleados y en el 13,39% de las que tenían menos de diez trabajadores. Las cifras no son directamente equivalentes al 40% de IAON, que mide la percepción sobre la mejora competitiva dentro de su panel, pero permiten dimensionar la distancia que separa a las compañías según su tamaño.
El efecto laboral aparece, de momento, más ligado a la transformación de tareas que a una destrucción inmediata de puestos. El 68% de los autónomos y pequeñas empresas encuestados asegura que la IA no ha tenido un impacto negativo sobre el empleo. Al mismo tiempo, la pérdida de puestos y la desigualdad económica preocupan al 51,2% de la población analizada, por debajo del 64,7% registrado el año anterior.
Más uso acompañado de una confianza selectiva
La extensión de la tecnología convive con una actitud más prudente ante la delegación de decisiones. La planificación de viajes es el único supuesto en el que una mayoría, el 55,5%, confiaría la decisión a un sistema de IA. La disposición disminuye en ámbitos como la salud, la educación o las finanzas, mientras uno de cada cuatro encuestados rechaza delegar cualquier decisión importante en un sistema autónomo.
IAON interpreta este descenso de confianza como un indicio de mayor madurez: los usuarios conocen mejor la utilidad de las herramientas, pero también sus límites. Los riesgos que concentran más inquietud son la privacidad y el tratamiento de datos personales, citados por el 52,9%; el empleo y la desigualdad económica, con un 51,2%; y la manipulación, la desinformación y los deepfakes, con un 49,4%.
También se suaviza, aunque sigue siendo mayoritaria, la percepción de que los beneficios quedan concentrados en personas con más poder económico o acceso tecnológico. Esa opinión baja del 68,2% en 2025 al 58,4% en 2026. El cambio puede reflejar una mayor disponibilidad de herramientas para el público general, pero la brecha de capacidades continúa condicionando quién puede aprovecharlas de manera efectiva.
La edad y la formación mantienen abierta la brecha
El 38,5% de los participantes se define como usuario intermedio y el 10,2% como avanzado, mientras un 16,7% afirma carecer de conocimientos. Entre las personas mayores de 59 años, el 49,3% nunca ha utilizado IA generativa. Los menores de 42 años forman el colectivo más activo y el nivel educativo continúa influyendo tanto en el uso como en la confianza.
Las comparaciones con otras mediciones requieren atender al universo y a la formulación de cada encuesta. La estadística oficial del INE calculó que el 37,9% de la población de 16 a 74 años había usado IA generativa en 2025, frente al 51% atribuido por IAON a su medición de ese año. El observatorio de 2026 se apoya en 1.381 encuestas a mayores de edad de todas las comunidades autónomas y un panel separado de 300 empresas. Distinguir ambas muestras evita trasladar los resultados empresariales al conjunto de la población o presentar estimaciones de metodologías diferentes como una única serie estadística.
La regulación convierte los protocolos en una tarea operativa
La falta de gobernanza detectada deja de ser únicamente una debilidad organizativa. Desde el 2 de agosto de 2026, la Comisión Europea aplica nuevas obligaciones de transparencia del Reglamento de IA para determinados sistemas y contenidos. Entre ellas figuran informar a los usuarios cuando interactúan con una máquina y etiquetar ciertos contenidos generados o manipulados artificialmente, incluidos los deepfakes.
El alcance concreto depende del sistema utilizado y del papel que desempeñe cada organización, pero las pequeñas empresas necesitan inventariar herramientas, identificar los datos que procesan y establecer revisiones humanas. También deberán definir responsables y formar a las plantillas para evitar que la adopción informal se convierta en una fuente de errores, filtraciones o incumplimientos. El beneficio competitivo señalado por cuatro de cada diez empresas dependerá cada vez más de esa capacidad de gestión cotidiana.
