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Las tecnológicas europeas facturan la integración de la IA

Las tecnológicas europeas facturan la integración de la IA

  • Los resultados de SAP, Capgemini, Sopra Steria y OVHcloud confirman que el valor de la IA empresarial se desplaza hacia la integración y el control.
IA y datos empresariales

El trabajo de rediseño operativo que analizamos ayer a partir del informe de Kearney y el Foro Económico Mundial ya tiene una contrapartida en las cuentas de resultados. Un análisis de Reuters publicado el 5 de agosto, firmado por Leo Marchandon, sostiene que algunos de los grandes grupos tecnológicos europeos están emergiendo como beneficiarios del despliegue de la inteligencia artificial.

SAP, Capgemini, Sopra Steria y OVHcloud han publicado en las últimas semanas sus resultados trimestrales o semestrales, y en todos ellos aparece alguna de estas señales, mayor demanda contratada, aceleración del crecimiento o previsiones anuales revisadas al alza. El artículo atribuye esa mejora al paso de las empresas desde la experimentación con IA hacia su despliegue en operaciones reales.

El argumento central merece atención porque invierte la expectativa dominante desde 2023. El auge de la IA iba a favorecer a quienes construyen los modelos; los resultados del segundo trimestre sugieren que una parte creciente del valor se está acumulando en quienes los hacen funcionar dentro de organizaciones complejas. UBS lo resumía en una nota reciente recogida por Reuters al afirmar que «las aplicaciones de IA son el campo de batalla». Hemos verificado uno a uno los datos que sostienen el análisis y las cifras son correctas. Menos claro resulta el origen de la mejora, porque el texto carga sobre la IA un mérito que en realidad se reparte entre varias causas, y en ese reparto está el verdadero interés de la historia.

Los resultados del trimestre respaldan la demanda de integración

SAP cerró el segundo trimestre con un backlog cloud de 22.900 millones de euros, un 26% más a divisa constante, mientras las grandes empresas trasladan finanzas, compras, cadena de suministro y recursos humanos a plataformas que sirven cada vez más como base de despliegue de la IA. La compañía rebajó al mismo tiempo su previsión de beneficio operativo para absorber el impacto de las adquisiciones de Dremio y Prior Labs, dos compras orientadas a hacer accesibles los datos corporativos para las aplicaciones de IA. El movimiento encaja con la capa de contexto y datos que el marco de Kearney sitúa en el centro de la arquitectura empresarial.

Capgemini elevó su objetivo de crecimiento anual hasta la horquilla del 8,5% al 9% a divisa constante, desde el 6,5% al 8,5% anterior, tras un aumento del 9,2% en las reservas del segundo trimestre, que alcanzaron 6.547 millones de euros. Sopra Steria mejoró su previsión anual de crecimiento orgánico hasta el rango del 2% al 2,5% después de que su crecimiento subyacente se acelerase al 5,3% en el trimestre. OVHcloud, por su parte, registró un avance del 20,2% en cloud público durante su tercer trimestre fiscal.

Las dos consultoras parisinas se benefician del trabajo que sigue a la compra de tecnología. Integrar modelos en flujos existentes, ordenar los datos, construir sistemas de gobernanza y auditoría. Es exactamente el catálogo de tareas que el informe de Kearney describe como condición para pasar de una organización AI-enabled a una organización AI-first, y que la mayoría de las compañías todavía no ha abordado.

El control del despliegue empieza a mover contratos

Una segunda corriente refuerza la posición de los grupos europeos. La demanda de control sobre dónde y cómo se ejecuta la IA gana peso en defensa, aeroespacial, sanidad e infraestructuras críticas, sectores donde la tecnología carece de valor sin una integración profunda en flujos especializados y estrictamente regulados.

El caso más ilustrativo es la decisión de Airbus de utilizar Scaleway, propiedad del grupo francés Iliad, como infraestructura cloud para aplicaciones industriales y de defensa sensibles, con herramientas de IA desarrolladas junto a Mistral. El fabricante prevé migrar unas 70 aplicaciones críticas antes de finales de 2028, y el programa completo podría alcanzar las 900 aplicaciones en un horizonte de cinco o seis años. Los modelos de Mistral ya operan sobre la infraestructura de Scaleway, lo que acelera el despliegue según la propia dirección digital de Airbus.

El crecimiento del cloud público de OVHcloud apunta en la misma dirección. La demanda de infraestructura europea no expuesta a legislación extraterritorial, como la Cloud Act estadounidense, empieza a traducirse en ingresos. Son señales tempranas de que la soberanía digital, un concepto que durante años vivió más en los discursos que en los presupuestos, ha entrado en la fase de contratos firmados.

Tres ciclos de gasto bajo una misma etiqueta

Aquí es donde el análisis de Reuters se queda corto. Los datos son sólidos, pero agrupan bajo la etiqueta de la IA al menos tres dinámicas de gasto que operan a velocidades distintas y con causas distintas.

La primera es la migración al cloud ERP, un ciclo que lleva años en marcha y que explica la mayor parte del backlog de SAP. La conversión de contratos on-premise hacia S/4HANA Cloud comenzó mucho antes de la IA generativa, y la IA actúa hoy como acelerador de decisiones ya encaminadas. La propia SAP indica que la IA y su Business Data Cloud estuvieron presentes en más del 90% de sus 50 mayores contratos del trimestre, un dato que ilustra hasta qué punto migración e inteligencia artificial viajan ya dentro del mismo contrato y resultan difíciles de separar a efectos de análisis.

La segunda es el ciclo presupuestario europeo de defensa y soberanía tecnológica. Sopra Steria atribuye su mejora a la demanda en defensa, aeroespacial y sectores estratégicos, un gasto que responde al contexto geopolítico tanto o más que a la adopción de IA. La tercera dinámica es la demanda genuina de integración de inteligencia artificial, real y creciente, pero difícil de aislar dentro de las otras dos.

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El informe de Kearney aporta un dato que refuerza esta lectura. Si el 84% de las organizaciones todavía no ha rediseñado los puestos de trabajo alrededor de la IA y la mayoría permanece en la fase de automatización de tareas sueltas, una parte del gasto que hoy se factura como transformación con IA corresponde en realidad a modernización de sistemas de toda la vida con etiqueta nueva. El trabajo es necesario y las empresas que lo ejecutan cobran por él con toda legitimidad. La distinción importa porque determina si estamos ante una ventana estructural o ante una coincidencia de ciclos que se agotará con ellos.

El tamaño real de la victoria europea

La palabra «ganadoras» del titular de Reuters también admite examen. Una previsión anual de crecimiento orgánico del 2% al 2,5% en Sopra Steria describe una recuperación digna tras un 2025 difícil. El 20,2% de OVHcloud en cloud público se calcula sobre una base de 65,6 millones de euros trimestrales, dentro de un grupo que crece al 6,9% y mantiene una guía anual del 5% al 7%. Frente a las tasas de la capa de modelos e infraestructura, donde los hiperescaladores estadounidenses crecen a doble dígito sobre bases decenas de veces mayores, el orden de magnitud es otro.

La conclusión honesta se sitúa en un punto intermedio. Europa está capturando la capa de integración, gobernanza y control del despliegue de la IA, un negocio real, con demanda verificable y contratos plurianuales, cuyo crecimiento se mueve en un dígito o en un dígito alto. El valor exponencial de esta ola sigue acumulándose en otra parte. Ambas cosas son ciertas a la vez, y presentar la primera sin la segunda produce titulares mejores que decisiones.

Un interrogante compartido sobre los márgenes

Queda un frente que el artículo de Reuters despacha en una frase y que nuestra pieza de ayer dejó igualmente abierto. Los grandes grupos europeos todavía deben demostrar que sus márgenes resistirán cuando la propia IA automatice el trabajo de consultoría y desarrollo de menor valor, precisamente el que hoy alimenta parte de su cartera. Desde el lado del comprador, el informe de Kearney advertía del riesgo simétrico, la productividad ganada puede quedar absorbida por arquitecturas sobredimensionadas y costes variables de inferencia mal gestionados. Es el mismo problema observado desde los dos extremos del contrato, y merece un análisis propio que abordaremos en una próxima entrega.

Qué cambia para las empresas españolas

Para el comité de dirección que negocia ahora con integradores y proveedores cloud, esta radiografía tiene consecuencias prácticas. La primera afecta al poder de negociación. Si el valor se concentra en la capa de orquestación, interfaces y gobernanza, el cliente que retiene el control de esa capa, como recomendaba el marco analizado ayer, evita que la dependencia se desplace desde el fabricante del modelo hacia el integrador que lo conecta. Cambiar de proveedor de modelos resulta barato; cambiar de integrador cuando este controla la arquitectura, mucho menos.

La segunda consecuencia afecta a la evaluación de propuestas. Un proyecto presentado como transformación con IA puede contener, en proporciones variables, migración de sistemas pendiente desde hace años, cumplimiento regulatorio y capacidad nueva de inteligencia artificial. Separar esos componentes en el presupuesto y en las métricas de retorno permite pagar cada cosa por lo que es. Los resultados del trimestre demuestran que los proveedores europeos han aprendido a facturar la complejidad. A las empresas que contratan les corresponde aprender a leerla.

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