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La IA llega al 97% de las pymes españolas, pero su gobernanza queda rezagada

La IA llega al 97% de las pymes españolas, pero su gobernanza queda rezagada

Pymes

La inteligencia artificial ya está presente en el 97% de las pymes españolas encuestadas por OpenAI, pero su adopción avanza por delante de las normas internas para gestionarla. El 39% de estas empresas carece de una política formal de uso y el 70% de sus responsables reconoce que los empleados emplean herramientas por iniciativa propia, incluso cuando la organización no las ha incorporado oficialmente.

La distancia entre utilización y gobierno corporativo resulta relevante porque afecta a la forma en que las empresas controlan los datos, revisan los resultados generados y delimitan las tareas que pueden delegarse en estos sistemas. También muestra que la incorporación de la IA en muchas pymes ha comenzado desde los puestos de trabajo, antes de convertirse en una decisión organizada y acompañada de formación.

Los datos proceden de una encuesta realizada por 3Gem para OpenAI entre 1.000 responsables de pequeñas y medianas empresas en España. El trabajo de campo se desarrolló entre el 24 de agosto y el 1 de septiembre de 2026 y analiza beneficios percibidos, barreras y preocupaciones. Los resultados describen las respuestas de la muestra y los cortes por subgrupos deben considerarse indicativos.

Una adopción extensa con beneficios percibidos

Dentro de ese 97% de adopción, el 59% de las empresas asegura utilizar la IA regularmente y otro 38% lo hace de manera ocasional. Un tercio recurre a estas herramientas varias veces al día. La expansión podría continuar a corto plazo: el 60% de los encuestados considera probable incorporar al menos un nuevo uso durante los siguientes 90 días.

ChatGPT aparece como la solución más utilizada, citada por el 73% de los participantes, y es también la herramienta en la que más confía o de la que más depende el 48%. Esta posición debe leerse teniendo en cuenta que el estudio ha sido encargado por la propia OpenAI, aunque el resto de los resultados permite observar patrones más amplios sobre cómo las pymes integran la tecnología en su actividad cotidiana.

La generación de ideas es el uso más habitual, con un 41%, seguida de la investigación y el análisis, con un 33%, y de la redacción de correos electrónicos y otras comunicaciones profesionales, con un 32%. Son tareas accesibles, transversales y fáciles de incorporar sin modificar de forma profunda los sistemas empresariales, lo que ayuda a explicar la rapidez de su extensión.

El 79% de los responsables considera que la IA mejora la eficacia de su empresa. Los encuestados estiman un ahorro medio de tres horas semanales por empleado, que dicen destinar a mejorar productos y servicios, al desarrollo personal, al pensamiento creativo y a la planificación estratégica. Se trata de una estimación declarada por los participantes, no de una medición independiente de productividad.

Al preguntar por los beneficios, el 36% menciona el tiempo liberado en tareas rutinarias, el 31% señala la generación de ideas y contenidos y el 30% destaca la reducción de errores y trabajos repetitivos. El estudio dibuja así una adopción centrada, sobre todo, en asistir labores existentes y agilizar procesos de oficina.

Las empresas pequeñas presentan una brecha mayor

La capacidad para ordenar estos usos cambia con el tamaño de la organización. Entre las compañías de hasta nueve empleados, el 49% no dispone de una política formal sobre IA. La proporción baja al 25% entre aquellas que tienen entre 50 y 250 trabajadores. Estas últimas también muestran una utilización más frecuente: el 67% usa la tecnología regularmente, frente al 54% de las empresas más pequeñas.

La diferencia apunta a una desigual capacidad para convertir iniciativas individuales en prácticas corporativas. Una política interna puede concretar qué información se introduce en las herramientas, qué resultados requieren supervisión humana, qué soluciones están autorizadas y quién responde ante un error. Sin ese marco, el uso puede aportar rapidez a una tarea concreta y, al mismo tiempo, dejar a la empresa sin una visión completa de los datos compartidos o de las decisiones apoyadas en IA.

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Rafaela Nicolazzi, responsable de Políticas Públicas de OpenAI para el sur de Europa, vincula esa extensión del uso con la necesidad de estructurarlo: «Las pymes españolas ya están utilizando la IA y perciben beneficios concretos en su trabajo diario. El siguiente paso es ayudarles a pasar de usos individuales o aislados a prácticas más estructuradas, seguras y útiles para el conjunto de la empresa. Con OpenAI Academy en Madrid queremos ofrecer aprendizaje práctico para que más pymes puedan convertir la IA en mejores procesos, mejores servicios y más tiempo para centrarse en hacer crecer su negocio.»

Privacidad, formación y fiabilidad

Las barreras identificadas por los participantes coinciden con esa necesidad de organización. La privacidad y la seguridad ocupan el primer lugar, citadas por el 27%, seguidas de la falta de formación, con un 26%. La falta de tiempo y el coste de las herramientas o del talento especializado aparecen a continuación, ambas con un 20%.

Cuando la encuesta aborda los riesgos concretos, el 32% teme que las respuestas incorrectas terminen provocando errores empresariales. El 29% menciona posibles filtraciones de datos y problemas de privacidad, mientras que el 26% señala amenazas de ciberseguridad. Estas preocupaciones conectan directamente con el uso autónomo reconocido por siete de cada diez responsables: una herramienta puede estar operativa en la empresa aunque todavía no figure en sus procesos, controles o inventarios tecnológicos.

OpenAI ha relacionado los resultados con la edición madrileña de su programa europeo para pymes, organizada bajo el formato OpenAI Academy — SME Madrid Edition y con la colaboración de la Comunidad de Madrid. La iniciativa plantea sesiones prácticas para directivos, emprendedores y pequeñas empresas, con el objetivo declarado de facilitar aplicaciones de IA en su actividad diaria.

Para las pymes, el siguiente paso operativo pasa por identificar los usos que ya existen dentro de la plantilla antes de ampliar el número de herramientas. Inventariar esas prácticas, establecer reglas sobre información sensible, formar a los empleados y fijar mecanismos de revisión permitiría aprovechar el tiempo que la IA promete liberar sin dejar la fiabilidad, la privacidad y la seguridad en manos de decisiones individuales.

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