Kaspersky ha publicado este 26 de agosto los resultados para España de una encuesta global realizada en marzo de 2026, según la cual el 40% de los usuarios españoles considera ya el smartphone su dispositivo principal para acceder a internet. El dato refleja el desplazamiento parcial del ordenador y adquiere relevancia por la información que se concentra en el teléfono: un tercio de los participantes guarda credenciales financieras y contraseñas, mientras el 34% conserva correos o mensajes de trabajo.
La investigación fue realizada por el centro de estudios de mercado de la compañía entre 7.200 personas de 18 países, incluida España. Kaspersky no detalla cuántos encuestados corresponden al mercado español, una información necesaria para conocer con precisión el margen de error de los resultados nacionales. Las cifras describen las respuestas de los participantes y no una medición directa del contenido de sus dispositivos.
El avance del móvil ocurre en un mercado donde la conexión digital ya forma parte de la actividad cotidiana. En 2025, el 96,3% de la población española de entre 16 y 74 años había utilizado internet durante los tres meses anteriores y el 92,5% lo hacía diariamente, de acuerdo con la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de TIC en los Hogares del INE. El mismo estudio señalaba que el 50,3% de los hogares disponía exclusivamente de teléfono móvil, aunque ese indicador se refiere al equipamiento telefónico del hogar y no al dispositivo principal de acceso individual.
Un repositorio de identidad, conversaciones y trabajo
La centralidad del smartphone va acompañada de una acumulación creciente de datos. El 63% de los participantes españoles almacena fotos y vídeos personales en el terminal, prácticamente en línea con el 64% global. El 57% conserva allí su agenda de contactos, dos puntos más que la media internacional, y el 43% guarda historiales de chats, frente al 46% registrado en el conjunto de países.
Las diferencias aumentan con la documentación oficial. El 34% de los encuestados españoles conserva en el móvil documentos de identidad como el DNI o el pasaporte, siete puntos menos que el promedio global. Esa menor proporción puede indicar más cautela ante una categoría especialmente sensible, aunque continúa representando aproximadamente a uno de cada tres participantes.
El teléfono también contiene información financiera y sanitaria. Un tercio de los encuestados, tanto en España como a escala global, afirma almacenar credenciales financieras y contraseñas de acceso. En el mercado español, el 26% guarda historiales médicos y citas en el terminal y el 20% conserva cuentas de videojuegos. La exposición potencial ya no se limita a imágenes o números de contacto: alcanza elementos que pueden facilitar fraudes, suplantaciones de identidad o accesos a otros servicios.
A esas categorías se añade una más reciente. El 22% de los participantes españoles mantiene en el teléfono historiales de conversaciones con herramientas de inteligencia artificial. Dependiendo de su uso, esas conversaciones pueden incluir consultas personales, datos de clientes, fragmentos de código o información interna. La encuesta no especifica qué contienen los historiales, pero su presencia amplía el inventario de datos que empresas y usuarios deben considerar al evaluar una pérdida, un robo o una intrusión.
«Hoy en día, nuestros smartphones actúan como asistentes personales que intervienen en todos los aspectos de nuestra vida. La información que les confiamos va mucho más allá de las fotos o los números de teléfono. Por lo tanto, la gran pregunta ya no es ‘qué guardamos’, sino ‘cómo lo protegemos’, lo que exige que la seguridad esté tan integrada en el dispositivo como los propios datos que transporta», afirma Anton Kivva, experto en ciberseguridad de Kaspersky.
El móvil particular entra en el perímetro empresarial
El cruce entre usos personales y profesionales introduce una dimensión corporativa. A escala global, el 54% de los participantes dice guardar alguna clase de información laboral, una categoría amplia que comprende correos corporativos, calendarios o credenciales de acceso a sistemas empresariales. En España, el 34% señala específicamente que conserva correos o mensajes de trabajo.
Para una organización, el riesgo depende menos de quién sea el propietario del terminal que de los recursos a los que puede acceder. Un móvil particular con una sesión corporativa abierta, aplicaciones de colaboración, archivos descargados o credenciales guardadas puede convertirse en una vía de entrada a información empresarial. También puede dificultar la respuesta ante incidentes si la compañía carece de visibilidad, capacidad de revocación o reglas claras para separar los datos laborales de los personales.
El análisis de INCIBE sobre incidentes relacionados con dispositivos móviles identifica entre los riesgos la pérdida o el robo, el malware, los accesos no autorizados y las fugas de información. El organismo recomienda que las políticas empresariales incluyan los terminales utilizados simultáneamente con fines personales y profesionales.
Eso obliga a revisar el control de identidades y accesos, especialmente cuando los empleados utilizan sus propios teléfonos. La autenticación multifactor, la caducidad de las sesiones, el cifrado, la actualización de sistemas y aplicaciones, y la posibilidad de retirar el acceso corporativo cobran más peso que una política centrada únicamente en el ordenador. La gestión debe contemplar además qué información puede descargarse, dónde se realizan las copias y cómo actuar cuando un empleado pierde el dispositivo o abandona la empresa.
La pérdida física y el software malicioso comparten escenario
La protección móvil reúne dos planos que a menudo se gestionan por separado. El primero es físico: un terminal extraviado o robado puede dejar accesibles aplicaciones, mensajes y archivos si el bloqueo es débil o tarda en activarse. El segundo es digital e incluye aplicaciones maliciosas, enlaces de phishing, software no deseado y permisos excesivos.
Kaspersky sostiene que durante el primer trimestre de 2026 sus tecnologías interceptaron más de 2,67 millones de ataques basados en malware, adware o software móvil no deseado y descubrieron más de 306.000 paquetes de instalación maliciosos. La compañía no concreta el alcance geográfico de esas cifras, por lo que sirven como indicador de su actividad de detección, pero no permiten calcular la incidencia específica entre usuarios españoles.
Las medidas propuestas combinan copias de seguridad automáticas, almacenamiento protegido para credenciales y documentos, análisis de aplicaciones, bloqueo de enlaces maliciosos y funciones de localización y borrado remoto. También recomienda configurar el bloqueo inmediato de pantalla y evitar dejar el teléfono desatendido en lugares públicos. La copia resulta especialmente relevante porque la sincronización no siempre equivale a una recuperación independiente: un borrado o una alteración puede propagarse entre dispositivos si el servicio utilizado no conserva versiones anteriores.
«A menudo subestimamos cuánta información valiosa guardamos en nuestros móviles y lo vulnerables que son. Deberíamos preguntarnos: ¿cuándo fue la última vez que hice una copia de seguridad de mis fotos? ¿cuál es mi plan si pierdo el teléfono? Aunque todo el mundo piensa en un software de seguridad para su ordenador, los móviles siguen rezagados. Es hora de darle a nuestro compañero digital diario la robusta ciberprotección que se merece», concluye Anton Kivva, experto en ciberseguridad de Kaspersky.
De la recomendación individual al control operativo
Para las empresas, incorporar el móvil al perímetro de seguridad requiere conocer qué terminales acceden a sus sistemas, aplicar privilegios mínimos y disponer de un procedimiento de revocación rápida. También implica clasificar la información que puede manejarse desde dispositivos personales y definir copias de seguridad compatibles con las obligaciones de privacidad y conservación.
La concentración de identidad digital, comunicaciones y trabajo en un solo terminal eleva el impacto potencial de cada incidente. Inventariar los accesos móviles, reducir las sesiones persistentes y ensayar el bloqueo de cuentas ante pérdida o robo son pasos operativos concretos para evitar que el dispositivo principal del usuario se convierta también en el punto más expuesto de la organización.
