Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con…
Europa tiene tecnología, empresas competitivas y capacidades industriales relevantes, pero sigue sin disponer de las condiciones necesarias para convertirlas en escala. Esa es una de las principales debilidades que Judith Arnal, consejera del Real Instituto Elcano, identifica en la carrera tecnológica que enfrenta a Estados Unidos, China y la Unión Europea.
Durante su intervención en el 40 Encuentro de la Economía Digital y las Telecomunicaciones de AMETIC, celebrado en Santander, Arnal planteó una cuestión que atraviesa buena parte del debate tecnológico europeo: por qué Estados Unidos y China han conseguido crear grandes plataformas digitales mientras la UE, pese a contar con compañías tecnológicas de referencia, no ha desarrollado actores comparables.
La respuesta empieza por el tamaño efectivo del mercado. Europa suma unos 450 millones de consumidores, pero sus empresas siguen encontrándose con diferencias lingüísticas, regulatorias, fiscales y de insolvencia que dificultan crecer como si realmente operaran en un único espacio económico.
«Realmente no tenemos un mercado interior», resumió Arnal.
Ese problema de escala se combina con otro financiero. Cerca del 70% de la riqueza de los hogares europeos está concentrada en el sector inmobiliario y una parte importante de la riqueza financiera restante permanece en depósitos. En Estados Unidos, según las cifras expuestas por Arnal, solo alrededor del 11% de la riqueza financiera de los hogares se mantiene de esa forma.
El sistema bancario europeo es hoy mucho más sólido que durante la crisis de la zona euro, pero eso no resuelve la falta de financiación alternativa para los negocios con mayor capacidad disruptiva.
La diferencia importa porque las grandes plataformas estadounidenses y chinas se han construido sobre mecanismos que tienden a reforzar su posición con el tiempo. Los efectos de red atraen usuarios, las economías de escala permiten repartir enormes inversiones entre millones de clientes y los datos acumulados sirven después para mejorar productos y extender el negocio hacia nuevas áreas.
Una vez alcanzada determinada dimensión, competir contra ellas resulta mucho más difícil.

Estado y mercado empiezan a mezclarse
La carrera tecnológica suele explicarse a partir de tres modelos muy distintos: Estados Unidos como economía de libre mercado, China como paradigma de intervención estatal y Europa como potencia regulatoria. Para Arnal, esa división empieza a quedarse corta.
«Estamos viendo una convergencia progresiva de la caja de herramientas que se utiliza en esta carrera tecnológica», señaló.
La convergencia no implica que los sistemas económicos y políticos se estén aproximando, pero sí que cada bloque está incorporando instrumentos que tradicionalmente se asociaban a sus competidores.
Estados Unidos ha elevado la intervención pública en sectores tecnológicos considerados estratégicos. Arnal citó la participación del Gobierno estadounidense en Intel, MP Materials y compañías vinculadas a tecnologías cuánticas, además del uso de las licencias de exportación como herramienta para condicionar las ventas de Nvidia y AMD a China.
«Esto no es libre mercado», afirmó.
Al mismo tiempo, las autoridades estadounidenses han intensificado los procesos antitrust contra grandes compañías tecnológicas. La distancia con Europa se mantiene, sin embargo, en el terreno regulatorio: Estados Unidos continúa sin una ley federal de inteligencia artificial o de protección de datos equivalente a los marcos comunitarios.
China también está introduciendo elementos propios del mercado. La aprobación de legislación para promover y proteger la economía privada, el aumento de las salidas a bolsa en Hong Kong y la aparición de compañías como DeepSeek o Moonshot muestran un ecosistema donde empresas privadas compiten por capital y talento.
El Estado mantiene, aun así, una fuerte capacidad de control y conserva instrumentos como las participaciones especiales en compañías estratégicas.
Europa está modificando igualmente algunas de sus herramientas. La Comisión Europea revisa sus criterios sobre concentraciones empresariales con la intención de permitir mayor escala en determinados sectores y ha iniciado distintos procesos de simplificación normativa.
La competición tecnológica se está desplazando así hacia una cuestión menos ideológica y más práctica: qué combinación de mercado, financiación pública, regulación y política industrial permite avanzar con mayor rapidez.
«La economía está literalmente colgada de un chip»
La tecnología ya no condiciona únicamente la política industrial. También pesa cada vez más sobre los mercados financieros, el patrimonio de los hogares y el propio crecimiento económico.
Arnal condensó ese riesgo en una frase: «La economía está literalmente colgada de un chip».
Las siete grandes tecnológicas estadounidenses representan aproximadamente un tercio de la capitalización del S&P 500. Nvidia, con más de cinco billones de dólares de valor bursátil según las cifras manejadas durante la intervención, supera en alrededor de un 20% la capitalización conjunta de los diez mayores bancos del mundo.
La concentración se reproduce fuera de Estados Unidos. Samsung y SK Hynix representan más de la mitad del KOSPI surcoreano, mientras TSMC concentra alrededor del 40% del Taiex taiwanés. ASML también mantiene un peso elevado en el mercado neerlandés.
La vulnerabilidad aumenta porque todas estas compañías forman parte de una misma cadena tecnológica. Una corrección importante no quedaría necesariamente confinada a una empresa o a una bolsa concreta.
El impacto podría llegar también a los hogares. Cerca del 50% de la riqueza financiera de las familias estadounidenses está invertida en acciones. Si una caída bursátil reduce ese patrimonio, el efecto puede trasladarse al consumo privado, que representa aproximadamente el 70% del PIB de Estados Unidos.
La dependencia llega incluso al crecimiento. Arnal señaló que en los últimos trimestres alrededor del 40% del avance económico estadounidense ha estado relacionado con la inversión en inteligencia artificial.
La cuestión es cuánto tiempo puede mantenerse ese ritmo.
La carrera de la Reina Roja
Para explicar el momento actual de la inteligencia artificial, Arnal recurrió a la «carrera de la Reina Roja», un concepto utilizado en economía de la innovación y tomado de «Alicia a través del espejo»: es necesario seguir corriendo para permanecer en el mismo sitio.
Las grandes tecnológicas estadounidenses están elevando continuamente sus inversiones para mantenerse en la frontera de la IA. La ventaja, sin embargo, puede durar cada vez menos.
«Lo que vemos es cómo las grandes empresas estadounidenses están invirtiendo cada vez mayores recursos para poder mantenerse en esa frontera de la inteligencia artificial, pero a los pocos meses llega una empresa china que se sitúa en esa frontera, o si no, muy cerca de la frontera, con muchos menos recursos», explicó.
La consecuencia es doble: mantenerse en la vanguardia cuesta más y esa posición se erosiona más rápido.
Para Europa, esa dinámica obliga a elegir. Intentar competir en toda la cadena tecnológica no parece una estrategia viable.
En semiconductores, Arnal considera fundamental conservar la ventaja europea en litografía ultravioleta extrema alrededor de ASML. La propia estructura internacional de la industria dificulta que una sola jurisdicción controle todos los eslabones, de modo que disponer de una tecnología difícilmente sustituible también proporciona capacidad de negociación frente a terceros.
En inteligencia artificial, el objetivo tampoco debería limitarse a desarrollar tecnología en la frontera.
«Innovar es muy importante, pero adoptar las tecnologías es fundamental», señaló.
La adopción empresarial y social de la IA puede terminar siendo uno de los factores que expliquen las mejoras de productividad durante las próximas décadas. Para Europa, acelerar ese uso puede resultar tan relevante como competir directamente por los modelos más avanzados.
Las tecnologías cuánticas requieren la misma selección. Arnal señaló áreas como la sensórica, las comunicaciones o la ciberseguridad cuántica como ámbitos donde Europa puede tener razones tecnológicas o estratégicas para mantener una posición propia.
«Made in Europe es una mala idea»
La autonomía tecnológica abre otro debate: hasta qué punto Europa debe proteger sus mercados frente a competidores extranjeros.
Arnal mostró reservas ante la creciente orientación proteccionista de algunas iniciativas comunitarias, especialmente en ámbitos como la computación en la nube.
«Made in Europe es una mala idea. Tenemos que ir por la vía del Made with Europe», afirmó.
Su argumento distingue entre competitividad y seguridad económica. La primera debería extenderse a todo el tejido empresarial europeo; la segunda necesita aplicarse de forma mucho más selectiva sobre aquellas dependencias que realmente puedan comprometer intereses estratégicos.
El riesgo aparece cuando diferentes políticas europeas introducen requisitos de protección desde direcciones generales distintas, con criterios que se solapan o no coinciden y que después deben atravesar procedimientos legislativos separados.
Una política diseñada para reducir dependencias externas puede terminar añadiendo nuevas barreras dentro de un mercado europeo que ya sufre fragmentación.
La posición de la UE dependerá, por tanto, de su capacidad para hacer dos cosas al mismo tiempo: decidir en qué tecnologías quiere competir en la frontera y acelerar la adopción del resto en empresas y ciudadanos.
Arnal cerró su intervención con una imagen que resume esa dificultad. «En la Unión Europea tenemos todas las armas, pero el problema es que estamos fragmentados, que no tenemos el mercado interior, que no estamos coordinados, y eso nos resta mucha capacidad de disparo».
En una carrera donde Estados Unidos y China están combinando cada vez más instrumentos públicos y privados, reducir esa fragmentación puede resultar tan decisivo para Europa como cualquier nueva inversión en chips, inteligencia artificial o tecnologías cuánticas.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
