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Telefónica y tres telecos negocian un frente ante Starlink

Telefónica y tres telecos negocian un frente ante Starlink

  • Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom estudian una alianza para competir por el espectro satelital de 2 GHz reservado a operadores europeos.
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Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom mantienen conversaciones preliminares para crear un consorcio europeo que compita por espectro satelital de 2 GHz y ofrezca servicios direct-to-device (D2D), capaces de conectar teléfonos móviles directamente con satélites cuando no existe cobertura terrestre. Bloomberg adelantó las conversaciones el 7 de septiembre, citando a personas conocedoras de los planes. El proyecto no está cerrado y ninguna de las compañías ha anunciado una decisión definitiva.

La posible alianza llega cuando Bruselas prepara un nuevo marco para una banda de frecuencias que hasta ahora ha tenido un uso limitado, pero que ha ganado valor con la expansión de las constelaciones de órbita baja y la convergencia entre redes móviles y satelitales. Para los grandes operadores, controlar parte de ese espectro puede convertirse en una vía para extender cobertura, reforzar la resiliencia de sus redes y reducir la dependencia de proveedores estadounidenses sin tener que construir desde cero una constelación propia.

La UE redibuja el reparto del espectro de 2 GHz

Las actuales autorizaciones de la banda de 2 GHz fueron concedidas en 2009 a Inmarsat, hoy integrada en Viasat, y Solaris, actualmente EchoStar. Abarcan 1.980-2.010 MHz para comunicaciones de tierra a espacio y 2.170-2.200 MHz en el sentido inverso. Sus derechos vencen en mayo de 2027, lo que ha abierto una revisión del modelo europeo de adjudicación.

La Comisión Europea propuso el 27 de mayo sustituir el sistema vigente por una autorización común para toda la UE. La propuesta de Reglamento sobre los servicios móviles por satélite plantea seis bloques emparejados de 5 MHz. Dos quedarían destinados principalmente a comunicaciones gubernamentales seguras y deberían integrarse con IRIS². Los cuatro restantes tendrían uso comercial: la mitad se reservaría para nuevos operadores controlados desde la Unión y la otra mitad estaría abierta también a compañías de terceros países.

Ese diseño explica el interés de las cuatro telecos. Bloomberg señala que el eventual consorcio aspiraría al tramo reservado a actores europeos. La propuesta exige que los candidatos de esa categoría estén establecidos en un Estado miembro, tengan su dirección ejecutiva en la Unión y estén controlados únicamente por la UE, por Estados miembros o por ciudadanos de la UE. También incorpora requisitos sobre tratamiento de datos, seguridad de la cadena de suministro y capacidad para prestar servicios en todos los Estados miembros.

El esquema todavía debe superar el proceso legislativo europeo. Además, la propuesta contempla una extensión transitoria de dos años para Viasat y EchoStar, si la solicitan, destinada a mantener los servicios existentes. Por tanto, el vencimiento de las autorizaciones en mayo de 2027 no implica necesariamente un relevo inmediato de los actuales operadores y deja margen para que los futuros adjudicatarios desplieguen infraestructura y capacidad satelital.

Un consorcio que no implica una constelación propia

Las conversaciones conocidas hasta ahora se refieren a una candidatura conjunta por el espectro y a la prestación de servicios D2D, no a la construcción confirmada de una nueva constelación de satélites. Esa distinción es relevante porque disponer de frecuencias armonizadas en toda Europa no resuelve por sí solo la necesidad de contar con satélites, estaciones terrestres, capacidad de red y acuerdos de operación.

Los cuatro grupos parten además de posiciones distintas. Deutsche Telekom anunció en marzo un acuerdo con Starlink para introducir conectividad satellite-to-mobile en varios mercados europeos a partir de 2028. El servicio utilizará espectro MSS de Starlink y está planteado como complemento para zonas donde el despliegue de una red terrestre resulta difícil.

Vodafone ha seguido otro camino. Mantiene con la estadounidense AST SpaceMobile una empresa conjunta al 50%, Satellite Connect Europe, con sede en Luxemburgo y orientada a ofrecer conectividad directa al móvil de forma mayorista a operadores europeos. La estructura actual no encaja sin cambios en los criterios previstos para la porción reservada a nuevos actores europeos, por lo que una eventual participación en esa categoría exigiría revisar su configuración jurídica y de control, siempre sujeto al texto final de la norma.

Para Telefónica y Orange, una candidatura común permitiría acceder a un activo escaso sin quedar necesariamente ligados a un solo proveedor orbital. En la práctica, el consorcio podría funcionar como una capa europea de espectro y servicios mayoristas apoyada en uno o varios socios satelitales. El modelo definitivo, incluida la infraestructura que aportaría cada compañía, no ha trascendido.

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En España, la discusión conecta con la posición expresada por el presidente de Telefónica, Marc Murtra, que el 4 de septiembre reclamó a Europa desarrollar una mayor capacidad satelital propia para reducir la dependencia de tecnologías extranjeras como Starlink. La guerra de Ucrania ha convertido la disponibilidad de comunicaciones espaciales en una cuestión que trasciende la cobertura comercial y entra también en el terreno de la autonomía tecnológica y la seguridad.

IRIS² avanza en paralelo al mercado D2D

El reparto de la banda de 2 GHz también se cruza con IRIS², la infraestructura europea de comunicaciones seguras. La última actualización del proyecto IRIS², publicada por la Comisión en agosto, elevó la constelación prevista a 348 satélites. Los primeros lanzamientos se han adelantado a 2029, con el objetivo de comenzar a prestar servicios soberanos y seguros poco después. El despliegue está a cargo del consorcio SpaceRISE, formado por SES, Eutelsat e Hispasat.

IRIS² y el eventual consorcio de telecos responden a necesidades relacionadas, pero no equivalentes. El primero tiene como uno de sus ejes las comunicaciones gubernamentales seguras y la capacidad estratégica europea. El segundo se orientaría al mercado comercial direct-to-device. La propuesta regulatoria conecta ambos ámbitos mediante el reparto de la misma banda y la obligación de reservar parte de las frecuencias a servicios seguros integrados con IRIS².

Para las operadoras móviles, el atractivo del D2D está en ampliar el alcance de sus redes sin replicar torres terrestres en zonas de baja densidad, montaña, costa o rutas marítimas. También puede aportar redundancia cuando una red terrestre queda interrumpida. La cobertura satelital no ofrece la misma capacidad que una red móvil convencional en áreas densamente pobladas, pero añade una capa que puede incorporarse al servicio del operador y gestionarse dentro del mismo ecosistema comercial.

La negociación entre Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom muestra que el control del espectro se ha convertido en una pieza industrial junto a la infraestructura física. Si la alianza prospera y obtiene frecuencias, las telecos europeas ganarían capacidad para negociar con los operadores de satélites desde una posición común y para decidir cómo se integra el D2D en sus redes. La regulación que termine aprobando la UE determinará hasta dónde puede quedar esa capa bajo control europeo mientras Starlink, AST SpaceMobile y otros proveedores internacionales compiten por el resto del mercado.

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