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La gobernanza global de la IA ha entrado en una fase más institucional y menos declarativa. En la World Artificial Intelligence Conference (WAIC) de Shanghái, celebrada del 17 al 20 de julio, China situó la inteligencia artificial en el centro de su agenda tecnológica exterior con un mensaje dirigido tanto a los países en desarrollo como a las grandes potencias industriales: el acceso a los modelos, los estándares y la capacidad de cómputo será parte de la nueva competencia económica.
El presidente chino, Xi Jinping, utilizó la apertura de la conferencia para presentar a Pekín como impulsor de un orden internacional alternativo en inteligencia artificial, apoyado en tecnologías abiertas, cooperación con el Sur Global y una mayor presencia china en la definición de reglas técnicas. La intervención evitó mencionar directamente a Washington, aunque el contraste con las iniciativas lideradas por Estados Unidos atravesó buena parte del mensaje.
La gobernanza global de la IA se desplaza hacia Shanghái
La creación de la World Artificial Intelligence Cooperation Organization (WAICO), con sede en Shanghái, fue el movimiento más concreto. El acuerdo fundacional fue firmado por 29 países en la víspera de la conferencia, según la documentación oficial difundida tras el encuentro y la cobertura de Reuters. La organización nace con el objetivo declarado de reducir la brecha de capacidades en IA, especialmente en países del Sur Global, y coordinar ámbitos como innovación, aplicación y gobernanza.
El planteamiento tiene una lectura tecnológica, pero también geopolítica. China no se limita a presentar modelos o infraestructuras; intenta convertir su ecosistema de IA en una plataforma de influencia. La diferencia es relevante para empresas europeas. Los debates sobre inteligencia artificial ya no se ordenan solo alrededor de la regulación, la seguridad o la productividad, sino también en torno a quién suministra herramientas, quién forma talento y qué estándares acaban siendo aceptados por mercados emergentes.
La WAIC, nacida en 2018, se ha consolidado como el gran escaparate chino de inteligencia artificial. Su programa combina foros académicos, exhibiciones empresariales, demostraciones tecnológicas y debates de gobernanza. Desde 2024, el evento se celebra junto a una reunión de alto nivel sobre gobernanza global de la IA, un cambio que ha elevado su perfil político y ha ampliado el marco más allá de la industria.
Modelos abiertos, influencia tecnológica y países emergentes
El eje del discurso chino fue la IA de código abierto. Xi defendió que los países aprovechen la «oportunidad histórica» de los modelos abiertos y advirtió de posibles «injusticias históricas» si el acceso a la inteligencia artificial queda concentrado en unos pocos actores. Este mensaje, se puede interpretar como la formulación más clara hasta ahora de la ambición china de influir en la arquitectura internacional de la IA.
En el mercado de modelos de IA, la apelación china al código abierto coincide con una fase de mayor competencia técnica y presión regulatoria. Los modelos chinos de pesos abiertos han ganado visibilidad frente a sistemas propietarios de compañías estadounidenses como OpenAI o Anthropic. Pekín presenta esa apertura como una ventaja para países con menor capacidad de inversión, aunque la misma agencia ha informado de que las autoridades chinas estudian restricciones al acceso exterior a algunos de sus modelos más avanzados. La contradicción es operativa: apertura para ganar adopción, control para proteger capacidades estratégicas.
Cuando esa competencia se traslada a mercados donde operan empresas españolas, el matiz deja de ser diplomático y pasa a afectar decisiones de arquitectura tecnológica. Si determinados países adoptan infraestructuras, marcos técnicos o estándares promovidos desde China, la interoperabilidad, el cumplimiento normativo y la elección de proveedores pueden volverse decisiones geopolíticas. La selección de una API, un modelo base o una nube quedaría entonces conectada con certificaciones, trazabilidad de datos, requisitos de seguridad y dependencia de ecosistemas tecnológicos.
La declaración de la conferencia insistió en el desarrollo de comunidades abiertas, la protección de la propiedad intelectual y la accesibilidad de tecnologías y servicios de IA. También vinculó la IA con industrias tradicionales, energía, educación, salud, transporte, agricultura y servicios públicos. Ese abanico de sectores revela la amplitud del proyecto: no se limita a la carrera por los grandes modelos lingüísticos, sino que apunta a la adopción industrial y administrativa de la tecnología.
Seguridad, agentes de IA y control humano
El componente de seguridad ocupó un espacio más visible que en anteriores intervenciones chinas. Xi pidió que los sistemas permanezcan bajo control humano y defendió mecanismos de alerta temprana y respuesta de emergencia para gestionar riesgos. La declaración final también reclamó leyes, supervisión técnica, gestión por niveles y medidas contra el abuso malicioso de la IA.
El documento dedica una atención específica a los agentes de IA, definidos como nuevas formas de productos y servicios que deben operar con autoridad de decisión y límites de comportamiento claramente establecidos. Para los equipos directivos, esta parte conecta con un problema ya presente en la adopción corporativa: la automatización no se detiene en asistentes conversacionales. Avanza hacia sistemas capaces de ejecutar tareas, interactuar con herramientas, modificar procesos y tomar decisiones dentro de flujos empresariales.
Las empresas que despliegan agentes en atención al cliente, compras, desarrollo de software, operaciones financieras o gestión documental afrontan un reto de gobierno interno. Necesitan saber qué puede decidir el sistema, cómo queda registrada cada acción, quién responde ante un error y qué mecanismos detienen una ejecución no prevista. La conferencia china sitúa esas preguntas en el plano internacional, aunque la traducción práctica seguirá dependiendo de normas nacionales, estándares sectoriales y auditorías técnicas.
La declaración también menciona riesgos para infraestructuras críticas en finanzas, electricidad, telecomunicaciones y transporte. No es una referencia menor. La IA empieza a integrarse en sistemas donde el fallo no solo reduce productividad, sino que puede afectar continuidad operativa, seguridad física o estabilidad de servicios esenciales. En Europa, esa preocupación encaja con el avance de marcos regulatorios orientados al riesgo, aunque el enfoque chino da más peso a la soberanía tecnológica y al control estatal.
Una alternativa a las iniciativas lideradas por Estados Unidos
La intervención de Xi se sitúa frente a la iniciativa estadounidense «Pax Silica», diseñada para asegurar cadenas globales de IA y minerales críticos. Washington ha reunido a 35 países en torno a su AI Opportunity Statement, frente a los 29 adheridos inicialmente a WAICO, según la información citada Reuters. La superposición entre ambos grupos sería limitada, con Kazajistán como único país mencionado en ambas iniciativas por una fuente familiarizada con la posición estadounidense.
El desacuerdo no se reduce a una cuestión de número de firmantes. Estados Unidos ha defendido en foros internacionales que una regulación excesiva puede frenar la innovación, mientras China promueve modelos abiertos y de menor coste como vía para reducir desigualdades de acceso. En paralelo, ambos países mantienen restricciones, controles de exportación y prioridades de seguridad nacional que condicionan la disponibilidad real de chips, modelos, talento y servicios en la nube.
Para Europa, y en particular para España, la fragmentación del mapa de gobernanza obliga a una lectura pragmática. Las compañías españolas operan bajo el marco europeo, pero compran tecnología global, venden en mercados emergentes y dependen de cadenas de suministro que pueden quedar afectadas por controles estadounidenses o por requisitos chinos. La cuestión para los comités de dirección no será elegir una narrativa, sino anticipar escenarios de compatibilidad y riesgo.
La propia WAICA, la vertiente académica impulsada sobre la influencia de la WAIC, refuerza esa dimensión de largo plazo. Su foco en teorías fundamentales, tecnologías clave, aplicaciones avanzadas, ética y publicación de trabajos seleccionados apunta a la formación de una comunidad científica conectada con el ecosistema chino. Las conferencias académicas no tienen el impacto inmediato de una restricción comercial o de un gran lanzamiento empresarial, aunque ayudan a fijar redes de investigación, prioridades técnicas y canales de colaboración.
El movimiento de Shanghái deja una señal clara para el sector tecnológico: la IA abierta será defendida como infraestructura de desarrollo, pero también será administrada como activo estratégico. Entre ambos planos se moverán los próximos años de adopción empresarial. Las empresas que internacionalicen productos basados en IA tendrán que mirar más allá del rendimiento de los modelos y evaluar jurisdicción, estándares, trazabilidad, disponibilidad de cómputo y posibles restricciones transfronterizas. La ventaja competitiva dependerá cada vez más de esa lectura completa.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
