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La fábrica del futuro ya no se define por la ausencia de trabajadores, sino por la capacidad de coordinar máquinas, datos y profesionales en entornos productivos que cambian con rapidez. La automatización total sigue siendo viable en procesos muy estables, con grandes volúmenes y pocas variaciones. Sin embargo, buena parte de la fabricación avanzada opera con ciclos más cortos, nuevas referencias y tecnologías que pueden dejar obsoleta una línea antes de que la inversión se haya amortizado.
Esa limitación está modificando el diseño de las plantas industriales. El modelo emergente combina automatización selectiva, conectividad 5G, análisis de datos y personal preparado para intervenir cuando la producción exige criterio, adaptación o control de calidad. La fábrica inteligente se parece menos a una instalación rígida y más a una infraestructura capaz de reconfigurarse con cada lanzamiento.
La planta de Ericsson en Lewisville, Texas, refleja ese cambio. Inaugurada en marzo de 2020, fabrica equipos de radio Massive MIMO y sistemas de computación RAN para operadores estadounidenses. Según la compañía, la instalación ocupa unos 300.000 pies cuadrados, emplea a más de 565 personas, ha triplicado su plantilla y ha multiplicado por ocho su volumen de producción desde la apertura.
La fábrica del futuro automatiza procesos estables
El proyecto de Lewisville nació con una aspiración cercana a la automatización plena. La experiencia operativa introdujo pronto algunos matices. Fabricar tecnología 5G obliga a gestionar cambios de diseño, nuevas versiones de producto y ajustes continuos en los procesos industriales. Una línea completamente automatizada puede alcanzar un rendimiento elevado mientras las condiciones permanecen constantes, aunque pierde agilidad cuando el producto evoluciona.
La decisión relevante consiste en seleccionar qué tareas deben quedar en manos de las máquinas. Ericsson concentra la automatización en operaciones repetitivas, previsibles o físicamente exigentes, donde los robots aportan velocidad, seguridad y regularidad. Los equipos humanos mantienen un papel central en las fases que requieren resolver incidencias, interpretar desviaciones, validar la calidad o coordinar cambios entre ingeniería y producción.
Este reparto también reduce el riesgo de sobredimensionar la inversión. Automatizar una línea exige capital, integración tecnológica y periodos de ajuste. Cuando una nueva referencia obliga a modificarla antes de que alcance su rendimiento previsto, la mejora de productividad puede quedar neutralizada por los costes de adaptación. En industrias con introducciones frecuentes de productos, la flexibilidad adquiere un peso económico similar al de la eficiencia por unidad.
Los robots móviles autónomos de Lewisville ilustran esa lógica. Se encargan del movimiento de materiales dentro de la planta, una tarea repetitiva que consume tiempo y expone a los trabajadores a desplazamientos continuos. Al transferir esa función a las máquinas, los operarios pueden concentrarse en actividades técnicas y en problemas que afectan al ritmo de fabricación.
El 5G industrial coordina máquinas y decisiones
La automatización selectiva necesita una red capaz de mantener conectados sensores, sistemas de producción, robots y equipos humanos. Bajo este modelo, el 5G industrial pasa a formar parte de la arquitectura operativa de la fábrica.
La planta de Texas utiliza una red privada 5G como soporte de sus procesos. Ericsson señala que dos nodos 5G Radio Dot proporcionan una cobertura comparable a la de 28 puntos de acceso Wi-Fi. La diferencia también afecta a la previsibilidad del servicio, la seguridad y la capacidad para sostener aplicaciones industriales que necesitan baja latencia.
Los robots móviles ofrecen uno de los ejemplos más concretos. La flota comparte en tiempo real las lecturas de sus sensores lidar. Cuando una unidad detecta un obstáculo, puede avisar al resto para que otras máquinas modifiquen su ruta. Tras migrar estas comunicaciones desde Wi-Fi a 5G, los robots pasaron a completar las tareas de transporte de materiales entre un 10% y un 15% más rápido, de acuerdo con los datos de la empresa.
La mejora tiene una consecuencia que va más allá de la velocidad. Una red industrial privada permite coordinar dispositivos móviles, herramientas conectadas y aplicaciones de inteligencia artificial sin depender de una infraestructura concebida inicialmente para usos administrativos. A medida que las plantas incorporan visión artificial, mantenimiento predictivo o gemelos digitales, la calidad de la conectividad condiciona el rendimiento del sistema completo.
En Lewisville, la inteligencia artificial también se utiliza para reducir el tiempo necesario para interpretar los datos de producción. La fábrica desarrolla modelos e interfaces conversacionales que permiten a los empleados consultar información con expresiones habituales en la planta. Acortar la distancia entre la captura del dato y la decisión operativa resulta especialmente relevante en instalaciones donde conviven sistemas procedentes de distintas etapas tecnológicas.
El talento humano cambia de función
El avance de la automatización no ha reducido la necesidad de personal en la planta texana. La plantilla se ha triplicado al mismo tiempo que aumentaba la producción. La composición del trabajo, en cambio, sí ha variado: disminuyen ciertas cargas físicas y crece la demanda de supervisión, diagnóstico, coordinación y capacidades técnicas.
Ericsson ha contratado y formado a personas procedentes del comercio minorista, la reparación de automóviles, la sanidad y las Fuerzas Armadas, entre otros sectores. La preparación para trabajar de forma segura en líneas de alta tecnología requiere entre cuatro y seis semanas, según la empresa. Un equipo interno de 13 formadores ha preparado ya a más de 200 profesionales.
El modelo introduce una derivada estratégica para fabricantes y administraciones. La escasez de perfiles industriales digitales difícilmente se resolverá compitiendo únicamente por ingenieros experimentados. También dependerá de la capacidad de las empresas para convertir trabajadores de otros ámbitos en técnicos preparados para operar maquinaria conectada, interpretar alertas y colaborar con ingeniería.
Cada nueva introducción de producto obliga además a revisar procesos y conocimientos. Esa frecuencia eleva el valor de una plantilla capaz de aprender durante la operación, incluso antes de que una referencia llegue a producción estable. La formación deja de ser una actividad separada del trabajo diario y se integra en el sistema productivo. El planteamiento mejora la adaptación, aunque obliga a mantener recursos permanentes de capacitación y actualización.
Sostenibilidad y resiliencia en la fábrica del futuro
Robots, sensores, redes e inteligencia artificial incrementan la demanda energética de una planta. La eficiencia del edificio y la gestión de los recursos adquieren así una relación directa con los costes. En Lewisville, la fábrica funciona con electricidad de origen renovable y dispone de paneles solares diseñados para aportar alrededor del 17% de su consumo.
La instalación cuenta además con un sistema de recogida de agua de lluvia con capacidad para 40.000 galones. El agua se filtra para su uso interior, una medida que ha permitido reducir el consumo en un 75%, según Ericsson. El edificio fue diseñado para ser un 24% más eficiente energéticamente que construcciones comparables, mientras que los sistemas de monitorización conectada respaldan una reducción estimada del 5% en los costes de energía.
Estas medidas han contribuido a la certificación LEED Gold de la planta y a su reconocimiento como «Sustainability Lighthouse» por el World Economic Forum. Más allá de las distinciones, el interés industrial reside en la relación entre diseño físico, consumo y digitalización. Una fábrica intensiva en datos necesita medir con precisión la energía utilizada por sus máquinas, redes y sistemas de climatización.
La producción local completa el planteamiento. Fabricar equipos 5G en Estados Unidos para el mercado estadounidense reduce distancias logísticas, acorta los plazos de entrega y limita parte de la complejidad asociada a las cadenas internacionales. Aunque los costes laborales pueden ser superiores a los de otros mercados, la proximidad facilita una respuesta más rápida ante cambios de demanda, incidencias de suministro o nuevas especificaciones de los clientes.
Para los fabricantes europeos, incluido el tejido industrial español, el caso plantea una exigencia operativa amplia. La modernización depende de los robots y de las redes privadas, pero también del rediseño de procesos, la formación de los equipos y la integración de los datos. Cuando esas decisiones se toman de forma aislada, la tecnología puede añadir complejidad sin mejorar el rendimiento.
La ventaja competitiva se desplazará hacia las plantas capaces de mantener coordinados esos elementos mientras cambian los productos, los costes energéticos y las necesidades del mercado. El 5G aporta una infraestructura común, la automatización absorbe las tareas estables y las personas gestionan excepciones, aprendizaje y adaptación. Ese equilibrio será difícil de replicar mediante una única inversión tecnológica.
Editor en La Ecuación Digital. Analista y divulgador tecnológico con más de 30 años de experiencia en el estudio del impacto de la tecnología en la empresa y la economía.
