NAUSIKA, Tecnología para el Bien Común propone revisar la gobernanza de la educación y los canales de adopción tecnológica de la sanidad para responder al avance de la inteligencia artificial. La plataforma plantea crear un órgano educativo independiente y utilizar instrumentos como la compra pública innovadora y los entornos regulados de experimentación para trasladar antes las soluciones sanitarias a los pacientes. Su propuesta sitúa la capacidad institucional, además de la tecnología disponible, como condición para modernizar ambos servicios públicos.
El planteamiento consiste en tratar la adaptación de la educación y la sanidad como una cuestión de Estado, con decisiones sostenidas más allá de los ciclos políticos. Las medidas se presentaron durante el encuentro anual de NAUSIKA, celebrado el 23 de octubre de 2026 en CaixaForum Barcelona con más de 250 asistentes presenciales y online. La jornada reunió a profesionales de la economía, la enseñanza, la salud y la innovación para concretar posibles respuestas al impacto tecnológico.
La IA en educación y sanidad plantea desafíos distintos, pero la plataforma identifica un problema común: la distancia entre el ritmo al que aparecen nuevas capacidades y la velocidad con la que las organizaciones públicas pueden evaluarlas e incorporarlas. En la enseñanza, esa brecha afecta a los objetivos formativos y al papel del profesorado. En salud, condiciona el tiempo necesario para que una innovación pase de la investigación o la experimentación a la atención asistencial.

Un consejo educativo al margen de las cuotas políticas
La principal propuesta para el ámbito educativo es constituir un Consejo Independiente de Educación integrado por expertos, sin cuotas políticas ni territoriales y con autonomía para analizar tendencias económicas y sociales. Su función sería formular recomendaciones a largo plazo que permitiesen anticipar cambios tecnológicos, en lugar de limitar la respuesta institucional a reformas ligadas a cada ciclo político.
El diseño presentado se centra en la continuidad del análisis y de las recomendaciones, aunque NAUSIKA no detalla su posible encaje administrativo, sus competencias o el grado de vinculación de sus propuestas. Esos elementos serían determinantes para valorar su capacidad efectiva. Aun así, el modelo apunta a separar la observación de tendencias y la definición de objetivos educativos de las oscilaciones de corto plazo, una cuestión especialmente relevante ante la rápida extensión de las herramientas de inteligencia artificial.
Durante el debate, Javier Rodríguez Zapatero, presidente de Digitalent Group; Clara Sanz, consejera de Educación de la Embajada de España en Francia; Elena Ibáñez, fundadora de Singularity Experts, y Xavier Castillo, profesor de Innovación en La Salle-URL y miembro de NAUSIKA, coincidieron en la urgencia de adaptar la enseñanza. Sus intervenciones situaron el pensamiento crítico, los objetivos claros de aprendizaje y la evaluación efectiva de conocimientos y habilidades entre las prioridades.
La propuesta también reserva al profesorado un papel central. Los participantes defendieron recuperar su prestigio y evitar que la digitalización reduzca la dimensión humana de la educación. Para centros, docentes y responsables formativos, el planteamiento desplaza el foco desde la mera disponibilidad de herramientas hacia la definición de qué debe aprenderse, cómo comprobarlo y en qué tareas puede utilizarse la IA sin deteriorar la adquisición real de capacidades.
Compra innovadora y sandboxes para acortar los plazos sanitarios
En sanidad, NAUSIKA reclama acelerar la incorporación de avances tecnológicos a la práctica asistencial y utilizar la experiencia del paciente para organizar los servicios. La propuesta parte de que desarrollar una solución resulta insuficiente si los procesos de validación, contratación y despliegue retrasan su aplicación. El debate señaló que las demoras asistenciales pueden superar los tres meses y que, durante ese intervalo, las necesidades de una persona pueden cambiar.
Faustino Blanco, fundador y primer presidente de FINBA; Carina Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes, y Francisco Marín, vicepresidente de NAUSIKA, analizaron el potencial de la personalización, la investigación y las nuevas tecnologías. Los participantes defendieron que el sistema sanitario combine asistencia, generación de conocimiento e innovación, vinculando la adopción tecnológica con problemas concretos detectados en la atención.
Entre los instrumentos planteados figuran la compra pública innovadora y los sandboxes regulatorios. La primera puede abrir una vía para adquirir soluciones que todavía no encajan en contrataciones convencionales, mientras que los entornos controlados de experimentación permiten probar innovaciones bajo condiciones delimitadas. NAUSIKA los presenta como mecanismos para facilitar la incorporación de tecnología sin desvincularla de las necesidades de pacientes y profesionales.
Su utilidad dependería de que las pruebas generen evidencias comparables y dispongan de un recorrido posterior hacia la contratación o el despliegue. Un sandbox aislado puede validar una solución, pero la adopción efectiva exige coordinar a equipos asistenciales, áreas de innovación y responsables de compra. La propuesta pone así el énfasis en los procesos que conectan experimentación y servicio, una zona crítica para empresas healthtech y organizaciones sanitarias.
La discusión sanitaria también introduce un cambio en la forma de evaluar la innovación. Además del rendimiento técnico, el efecto sobre los tiempos asistenciales y la experiencia del paciente pasa a ocupar un lugar central. Para los proveedores tecnológicos, esta orientación implica demostrar cómo su solución encaja en los circuitos clínicos y qué necesidad resuelve; para las administraciones, requiere establecer criterios de prueba y adquisición que permitan comparar resultados.
La calidad del empleo completa el debate sobre la IA
El impacto laboral de la tecnología fue el tercer eje del encuentro. Dani Rodrik, profesor de Economía Política Internacional en Harvard Kennedy School y Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2020, defendió que el desempeño económico debe considerar la calidad de los puestos creados, incluidos los salarios, la estabilidad, la autonomía y las oportunidades de desarrollo profesional.
Rodrik planteó combinar políticas industriales y regionales, colaboración con las empresas e incentivos para desarrollar tecnologías que complementen el trabajo humano y mejoren su desempeño. Esta orientación conecta la adopción de IA con decisiones empresariales sobre diseño de puestos y productividad: automatizar una tarea puede modificar las condiciones del empleo aunque no elimine inmediatamente la posición completa.
Los avances del Observatorio de Buenos Empleos de NAUSIKA, presentados por Guillermo Dorronsoro, siguen esa línea. Un año después de su puesta en marcha, el observatorio sostiene que la inteligencia artificial todavía no está causando una destrucción masiva de puestos de trabajo, pero sí está alterando su calidad y sus condiciones. La organización prevé impulsar en 2027 propuestas orientadas a una transición laboral con oportunidades más amplias.
La reflexión sobre empleo amplía el alcance de las reformas educativa y sanitaria. Formar capacidades, evaluar tecnologías y trasladarlas a los servicios públicos son procesos conectados con la organización del trabajo y con la posición europea en la generación de innovación. Para administraciones, centros educativos, organizaciones sanitarias y proveedores, la consecuencia operativa es concreta: deberán definir órganos estables de evaluación y recorridos claros desde la prueba tecnológica hasta su adopción, con resultados medibles para estudiantes, profesionales y pacientes.
